...y una gran mierda. ¿Qué hago con esta información que me
das si nada puedo hacer? ¿Qué hago yo con este futuro en las manos si no puedo
cambiarlo? ¿Qué es esto que me decís entre palmadas en la espalda y tono de voz
tenue?
¿Pensás que voy a entenderlo? No, no lo entiendo. Me enoja,
me entristece, mis manos están atadas. ¿Qué hago con todo esto si no puedo
ayudarte? ¿Qué hago con todas estas cosas, si total es lo mismo?
Te voy a cuidar todo lo que pueda, con todo lo que haya,
porque lo único que puedo hacer es tener esperanza. Y esa esperanza sube cuando
te veo tan bien: cuando jugas, cuando corres, cuando comes, cuando el ruido de
esos eslabones te pone como loco porque sabés que salimos... cuando la alegría
que tenés por cosas tan simples nos alegra a todos. Y saltas, y te moves, y
vivís.
Al principio no fue tan fácil, no. ¿Pero cómo alguien no
puede quererte a vos? Si ya con solo tener cuatro patas, todo es más fácil. Y
así fue. Ya está, ya estamos. No fue fácil, pero fue.
“Cara de loco”. Aunque tu nombre era otro, para mí era así:
“Cara e’loco”. Sí, con la “e” nomás, porque me sonaba más a vos, cabezón. Poco
tiempo viniste, poco. Dicen que es mucho, pero ese “mucho” que me decís para
consolarme, es muy pero muy poco. Te pensé más tiempo, me hice el boludo con
todo lo que me informaron. Yo pensé mucho más, porque tenía esas esperanzas.
Desde siempre pudiste más... ¿qué te pasó ahora, “Cara e’loco”?
Cómo me ayudaste, locón. Hablé con vos, te pedí perdón;
sabías cosas que nadie más, nunca más sabrá. Vos nomás. Y ahora tu amiga,
cuando la veas... ella te va a presentar a otro amigazo más. Se van a pechar al
principio, seguro, pero van a andar al lado después. Porque los dos son cabeza
dura.
Te vi ese último día, escondiéndote por ahí, y lo supe otra
vez. Y otra vez me hice el boludo: sabía y no quería. Y las mañanas no siempre
son soleadas; por más que el sol te queme la piel, no. Hay días que son una
mierda. Una gran mierda, y así será por varias mañanas. No porque te olvide,
sino porque de a poco se hace carne. Nunca olvido.
Te cambiamos de cucha, pero igual estás en casa. Es con
techo verde, y andamos por ahí. Además, no andás solo, loco. Estás acompañado.
Empezamos a las piñas y hoy terminé quebrado. Cómo no
amarte, cuatro patas.
Chau, “Cara e’loco”, y espero que sea un “nos vemos”.`

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