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Puente I

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(La Poesía que se murmura desde la otra vida, el otro lado, obscuro para algunos, para otros, el luminoso final, densa obscuridad o incandescente luz, eso no importa, la Poesía convive y llega desde ese mismo, aun inexplorado lugar. Algún día. Serás Musa.) Olvida el ayer, niña de vidriosos ojos, olvídalo aun cuando garras del pasado, tan asquerosamente sucias por la carne de inocentes y melancólicos, siempre, estén al asecho. Noche que es un poco más intensa un viento calmado, extraviado. Estrellas que se apagan, neblina humedeciendo la piel, intimidador paisaje nocturno, aun así, hermoso pincelado esta noche, hermoso, y nosotros parados aquí, en el fin el fin del mundo, donde los recuerdos mueren. Extrañamente, tomados de la manos, cruzamos el puente, había olvidado el calor de tu palma, sudorosa palma, claro, el recuerdo en mí, ha saltado al precipicio. Supongo en mi completa ignorancia que has olvidado todo también,...

El titulo no es importante

  Mis sueños, por favor, dejadlos aquí, acurrucados entre mis frustraciones. Todo aquello que se ha roto, por favor, dejadlo reposar en la tierra.   He de conocer mucho sobre fracasos, sobre las cosas frágiles, en eso he de creer jamás creeré en las falsedades que se apilan en mi puerta.   Nada más, ni nada menos que solo sueños, ya despiertos o dormidos nada más ni nada menos, eso somos, nuestros sueños.   Me preocupa el día, el que me aleja de la vida, adoro la obscuridad, el manto que ofrece la noche sin estrellas, la que nos lleva a su lecho la que nos embriaga en excesos y adormece los sentidos.   Afuera, aún quedan malignas sombras, las mismas que asechan con el resplandor del día, confabulan, ríen y se regodean con nuestro deceso, asechan y asechan. Más no importa, mientras la noche nos proteja en su manto.   Antes de partir, las voces, desde aquel negro espejo, aconsejan dejar aquí los pensamientos extraños, viajar con nuestra mente en blanco y volver así al día que ya se abre ...
Ama odiarme, así al menos sentiré que algo llega desde tu corazón. Agita tu látigo y desgarra mi carne con tus púas despiadadas, así al menos, me recordaras que aun respiro, bajo estos cielos de acero, soles de cemento. Vuélvete hacia mí, regálame el movimiento, sabrás que moriría por ti, hunde tu mano en mi pecho arranca mi corazón devóralo sáciate con él, llévate sus latidos. Viviendo dentro de ti, latiendo a tu ritmo, pues en mi cuerpo solo es una roca inútil desde que tu mirada rechaza mi imagen frente a ti. Hoy que la luna no se ha mostrado, noche o día da igual mis parpados no se abren a la luz, si ves un cielo que se tiñe en rojos solo será mi sangre, escapando de mí, buscando el rio, del cual tú bebes.
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Cobarde, escondiéndome tras tus ojos, y   gritando que confíes en mí en mi valentía, en mi pensamiento. Miento, soy preso de este momento, que ha despertado de su letargo, sangre o agua, diferentes mundos, la decisión se torna malvada. Escondido, tus ojos esconden mi mirada al mundo, al tiempo, aun así, el maldito tiempo, corre en búsqueda alocada y los parpados pesan, el corazón se agita, el alma desgarra la carne. Es momento de susurrar a tu oído. O el momento me ha consumido? Tienes odio para amarme? Lagrimas para reír? Dame tu puñal en mi carne, que el rio de sangre corra, corra y me lleve. Es que me he desvanecido tanto tiempo? Maldito tiempo. Acaricio esos ojos, arden mis manos arde mi ser, me ahogo en la sangre, me ahogo en el tiempo que he perdido, escapa mi alma me desintegro a tus pies, un cobarde, por coser mi labios, cobarde. Solo negras cenizas quedan de mí y algo, al...