Seré
crudamente franco por una vez, me guardare todas esas palabras acolchadas que
utilizo para amenizar los golpes de la verdad, o de eso que pasa por mi cabeza,
pasa y deja mella, o ese momento en el que desearía solo irme para evitar ver
tu odiosa imagen, pero igual he de quedarme, y así, tener que explicarme, tener
que decir verdades a medias, que luego hacen que me sienta traicionado, que hacen
que esta tumba sea cada vez más profunda, hasta que en algún momento ya sea
imposible salir de ella.
Y aun,
no tengo tan claro cuál es mi deseo. Si quedarme en la obscuridad, o lidiar con
la luz y esos obtusos seres.
Y sobre
todo, oh si, sobre todo, contigo; si, contigo.
Ayer
sobre todo, que día el de ayer, suerte que el pasado muere a cada paso, un paso
hacia adelante y el pasado allí, consumiendo el paso anterior. Acosados de
alguna manera.
Y
siempre pensado en que nos tendrá preparado el futuro, siempre pensado que el
futuro, es incierto, y vendrá a salvarnos, y luego…no, el futuro es tan solo
una gran pared que nos llevamos por delante, es solo un paso más, un paso más,
que si te desvías apenas un poco, quizá, ensucies tus pies, o caigas en alguna
zanja por allí, o tropieces con el que desprecias, o con la noticia que nunca
esperas oír.
Ni el
pasado, ni el futuro, nos tratan bien. Y el presente, este estarse quieto, la
verdad, es insoportable. Quiero correr, salir y ver, y verte. Y volver a
correr, escaparle al pasado, pero allí esta, corriendo detrás de mí, y el
futuro, bueno, ni se entera.
El día
se dibujaba entre cielos grises, pisos mojados y animales mojados.
Como
puntos desparramados, la gente, con caras sufridas, algunas sonrientes, otras
perdidas en el gris y pegajoso día, que más que día parece un atardecer
forzado, una postal de otro país, esos que viven bajo grises inviernos eternos.
Hermosos
lugares.
Y esta
persona, que puede decirte, solo es eso nada más, una persona, carne y hueso.
Y esta
persona, que puede pedirte, si a su alrededor no hay más que nada, está rodeado
por lo no tangible; dudas, miedos, recuerdos, sueños.
Llena
un libro de marcas, llena su alma de marcas, tira pedazos de su corazón, se ve
en ocasiones seducido por la locura.
Cree
verte, cree sentirte, allí atrás, de la mano con el pasado, y es solo la baba
de la soledad sobre su cabeza, gira su silla y solo se ve, ¡se ve! y no le
gusta lo que ve. Vuelve al inicio y el presente, no lo satisface, entonces, da
un paso más, dos, tres, no sé cuántos; futuro, y tampoco lo satisface.
Entonces,
vuelve a cerrar sus ojos, pensar, ver con sus ojos cerrados, escarbar hasta
encontrar ese sueño, y descifrar que es lo que hay en su cabeza. No puede
evitar, que alguna que otra lagrima escape de sus ojos.
Que
carniceros son a veces estos sentimientos, pues él no se siente jamás de esa
manera. Jamás.
Es una
postal triste, de un día gris, de este hombre, que solo se quiebra por dentro,
nada hacia afuera, para que así, no lo molesten las odiosas miradas de todos
aquellos que lo cruzan.
Se
guarda para él, su dolor de tiempo, de abandono, que no se enteren jamás los
otros, no los quiere rondando como cuervos al moribundo, malditos.
A
veces, se cree que su cuerpo anda por aquí y su aura, por allá. Se ve, dormir,
mientras se escapa de su cuerpo, y sigue volando hasta abrazarse a las luces,
hasta poder besar esa piedra, hasta beber el agua helada de aquel rio que lo
enamoro.
A
veces, mejor dicho, rara vez, suena alguna música de fondo, algo suave, un poco
depresivo, algo que apaga las luces, y en una tímida obscuridad, aplauden tus
parpados, y pueden ser como un faro, o también como las sirenas, que engañan
para hacerte naufragar.
En
ocasiones pienso que no ha pasado nada, solo duermo, solo vuelo, y cuando
despierte, ya viejo, no dolerá tanto, pues luego de una tardía siesta, ya no volveré
a despertar, y volveré a volar, y verme escapar.
Y quizá
así alcance las luces, y pueda besar tus ojos.
Que personaje
este por Dios, me hace escribir y decir cada cosa, pero sí parece un tonto más
en esa pila de cuerpos.
“Deja
mis manos”, le grito, “deja de hacerme poner estupideces”, y se niega, el muy imbécil
se niega, y sigue, y sigue.
“Pero
basta che! deja ese lápiz, esa impoluta hoja, no la ensucies con tus
pensamientos.”
Aun no
entiendo porque siempre quieres besar esos ojos que tanto te han lastimado, que
te ahogaron, que te hicieron como eres. Te arrastras por ellos. Y es inútil,
desde aquí veo, que es vano el esfuerzo. A veces, simpatizo, y me haces sentir
triste, por tu inalcanzable objetivo.
“Déjame
tomar aire, déjame ir a la ventana”, y cuando me acerco a ella, me digo, “ahora
vas a ver quién manda”, y ahí nomás, a volar, como dice él. A volar…pero yo, no
tengo alas.
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