26 jul. 2015

Espacios

Espacios,

solo espacios en tu cabeza
en tu hogar.

Animas los habitan
una multitud de espectros,
allí,
en ese pequeño lugar.
Tu espacio.

En sueños puedes oírlos murmurar
mas cuando tus ojos
rompen la nocturna rutina,
escapan,
o enmudecen,
jamás los has visto.

Ataca el sueño,
parpados rendidos ceden ante él,
y las risas,
roces,
comienzan.
Agitada mente,
engaña,
crees soñar,
pero invisibles manos
pasean sobre el cuerpo.

No temen a la luz,
solo a tu mirar.
Que fue de tu pasado
que eres vigilado por él.
De ti no se aparta,
y tu química estalla.

Día noche,
noche día,
soñar y jamás morir,
morir,
jamás soñar.

Cuando ya no pueda tu efímero cuerpo
soportar el látigo del agotamiento
y caigas en las sabanas,
todas esas ánimas
serán una,
serán parte de ti,
y de repente,
solo serás el pasado,
y volverás a ese espacio,
ese que se guardaba para ti.

E.I.

25 jul. 2015

Corto 2

I
Arrastrándose, rogando, lamentándose, viajaba así la vieja alma de una persona desamparada.
Un alguien abandonado por completo, nada sobre sus hombros, vacio por dentro, destrozado por fuera, un corazón corroído, y su alma, pues, en la cuerda floja.
Su mente castigada, comprometida, entregada a las manos de la locura.
Se arrastra, murmura, parece un canto. ¡Sí!, ¡lo es!, ¡es un canto!

II
"¿Seré recordado en algún corazón? ¿Habrá pena cuando vean mi cabeza besando este sucio suelo? ¿Me extrañaras? ¿Habrá un lugar para mí en tu fuente de recuerdos cuando haya desparecido? Dime, grítalo, aquí en mi oído, ya que sordo, pronto he de quedar."

III
No hay retorno, para este insano personaje, no, jamás volver, jamás ver la luz, la brillante noche.
¿Derramaras una lágrima en la seca tierra, cuando sepas que nadie me guardara un espacio para recordarme? He pasado por aquí, y no hay marca. Solo aire, solo estática.

IV
Aunque algunos conozcan su horrible final, esa larga carretera que todos habrán de caminar alguna vez, en donde solo se ve dolor, sufrimiento, propio y ajeno. En donde el dolor solo desencadena aún más y profundo dolor. Sanar, significa perder, sanar significa que una parte ha muerto.
Lo recorrido, no ha dejado nada, las huellas fueron devoradas por el famélico viento. Nada para ellos, nada para él.

V
Y en una habitación vacía, lúgubre, ni siquiera el sol asoma por la ventana, flores secas, y su aroma que ambienta este adiós.
Espaldas de quienes creíste te acompañarían, eso te dejaran ver.
Solo, arrastrándote, dejaras este inútil lugar.

Una marca, una que nadie vera, será todo lo que has dejado. La marca de tu lágrima al caer. Solo eso, nada más. Y el feroz viento se aproxima. Y la amada noche de ti se despide. La estrella que admirabas, aun brilla.
El canto que entonabas, desafina, y se quiebra.
El viento, ya no espera.

E.I.



19 jul. 2015

Nada parecido

El tiempo hace que renueven las hojas

aquellos frondosos árboles,
el mismo tiempo que los seca
quiebra y rompe.
Podría arrodillarme frente a ti, tiempo,
pero eres intangible, invisible,
existes y no.
Solo te pegas en las cosas,
en los cuerpos,
y los consumes
los secas,
te alimentas,
masacras.

“¿Porque a ellos no les devuelves su frondosidad?”
Y una lejana voz que repica en las cabezas,
responde,
“pues porque están condenados”
la verdad, es dolorosa,
pero es así como aceptamos
venir a este mundo.

El juego es complicado
podrás decirte eso,
una y otra vez,
pero no, no,
es demasiado simple
estúpidamente simple.

Ven,
come y bebe de mí,
regocíjate,
cánsate
duerme,
goza.
¿Está bien así?
Pues por ti me alegro
cordero.
Ahora…
muere,
te regalo el movimiento de mi daga
en ese, tu hermoso cuello,
y bebo de ti hasta la última gota,
lo mío, es mío,
aquí, eres ajeno,
eres nada,
solo polvo,
y a eso volverás.


(Al leer las palabras arriba expuestas, la persona que lo cuestionaba, ha dejado de hacerlo. Solo cree en lo que ha leído, y entiende lo estúpido y cruel del juego.)

9 jul. 2015

Corto 1



Seré crudamente franco por una vez, me guardare todas esas palabras acolchadas que utilizo para amenizar los golpes de la verdad, o de eso que pasa por mi cabeza, pasa y deja mella, o ese momento en el que desearía solo irme para evitar ver tu odiosa imagen, pero igual he de quedarme, y así, tener que explicarme, tener que decir verdades a medias, que luego hacen que me sienta traicionado, que hacen que esta tumba sea cada vez más profunda, hasta que en algún momento ya sea imposible salir de ella.
Y aun, no tengo tan claro cuál es mi deseo. Si quedarme en la obscuridad, o lidiar con la luz y esos obtusos seres.
Y sobre todo, oh si, sobre todo, contigo; si, contigo.

Ayer sobre todo, que día el de ayer, suerte que el pasado muere a cada paso, un paso hacia adelante y el pasado allí, consumiendo el paso anterior. Acosados de alguna manera.
Y siempre pensado en que nos tendrá preparado el futuro, siempre pensado que el futuro, es incierto, y vendrá a salvarnos, y luego…no, el futuro es tan solo una gran pared que nos llevamos por delante, es solo un paso más, un paso más, que si te desvías apenas un poco, quizá, ensucies tus pies, o caigas en alguna zanja por allí, o tropieces con el que desprecias, o con la noticia que nunca esperas oír.

Ni el pasado, ni el futuro, nos tratan bien. Y el presente, este estarse quieto, la verdad, es insoportable. Quiero correr, salir y ver, y verte. Y volver a correr, escaparle al pasado, pero allí esta, corriendo detrás de mí, y el futuro, bueno, ni se entera.

El día se dibujaba entre cielos grises, pisos mojados y animales mojados.
Como puntos desparramados, la gente, con caras sufridas, algunas sonrientes, otras perdidas en el gris y pegajoso día, que más que día parece un atardecer forzado, una postal de otro país, esos que viven bajo grises inviernos eternos.
Hermosos lugares.

Y esta persona, que puede decirte, solo es eso nada más, una persona, carne y hueso.
Y esta persona, que puede pedirte, si a su alrededor no hay más que nada, está rodeado por lo no tangible; dudas, miedos, recuerdos, sueños.
Llena un libro de marcas, llena su alma de marcas, tira pedazos de su corazón, se ve en ocasiones seducido por la locura.
Cree verte, cree sentirte, allí atrás, de la mano con el pasado, y es solo la baba de la soledad sobre su cabeza, gira su silla y solo se ve, ¡se ve! y no le gusta lo que ve. Vuelve al inicio y el presente, no lo satisface, entonces, da un paso más, dos, tres, no sé cuántos; futuro, y tampoco lo satisface.
Entonces, vuelve a cerrar sus ojos, pensar, ver con sus ojos cerrados, escarbar hasta encontrar ese sueño, y descifrar que es lo que hay en su cabeza. No puede evitar, que alguna que otra lagrima escape de sus ojos.
Que carniceros son a veces estos sentimientos, pues él no se siente jamás de esa manera. Jamás.
Es una postal triste, de un día gris, de este hombre, que solo se quiebra por dentro, nada hacia afuera, para que así, no lo molesten las odiosas miradas de todos aquellos que lo cruzan.
Se guarda para él, su dolor de tiempo, de abandono, que no se enteren jamás los otros, no los quiere rondando como cuervos al moribundo, malditos.

A veces, se cree que su cuerpo anda por aquí y su aura, por allá. Se ve, dormir, mientras se escapa de su cuerpo, y sigue volando hasta abrazarse a las luces, hasta poder besar esa piedra, hasta beber el agua helada de aquel rio que lo enamoro.
A veces, mejor dicho, rara vez, suena alguna música de fondo, algo suave, un poco depresivo, algo que apaga las luces, y en una tímida obscuridad, aplauden tus parpados, y pueden ser como un faro, o también como las sirenas, que engañan para hacerte naufragar.
En ocasiones pienso que no ha pasado nada, solo duermo, solo vuelo, y cuando despierte, ya viejo, no dolerá tanto, pues luego de una tardía siesta, ya no volveré a despertar, y volveré a volar, y verme escapar.
Y quizá así alcance las luces, y pueda besar tus ojos.

Que personaje este por Dios, me hace escribir y decir cada cosa, pero sí parece un tonto más en esa pila de cuerpos.
“Deja mis manos”, le grito, “deja de hacerme poner estupideces”, y se niega, el muy imbécil se niega, y sigue, y sigue.
“Pero basta che! deja ese lápiz, esa impoluta hoja, no la ensucies con tus pensamientos.”
Aun no entiendo porque siempre quieres besar esos ojos que tanto te han lastimado, que te ahogaron, que te hicieron como eres. Te arrastras por ellos. Y es inútil, desde aquí veo, que es vano el esfuerzo. A veces, simpatizo, y me haces sentir triste, por tu inalcanzable objetivo.

“Déjame tomar aire, déjame ir a la ventana”, y cuando me acerco a ella, me digo, “ahora vas a ver quién manda”, y ahí nomás, a volar, como dice él. A volar…pero yo, no tengo alas.

4 jul. 2015

Te vas

Magia,

o realidad de sentir tu calor en mi rostro,
religión,
o solo nuestras almas fundiéndose
en una.
Recuerdos,
o el engaño de la locura
antes de caer.
Sed,
o es la lengua de la muerte en mi boca.

Calor, el de tu carne,
o solo el indicio de estar
siendo arrastrado.

Me ves, me tocas,
o solo juegas
para luego ahogarte en tu risas,
esas que hacen sangrar lo oídos,
esas que congelan corazones.

Hemos reposado lado a lado,
tu espalda, mi pecho.
Has bebido de mis ojos,
tú me has dado tu sangre.

Engañaste mi mente,
enfermaste mi cuerpo,
el dolor,
describirlo,
seria inventar un nuevo lenguaje,
así me dejas,
abres más aun mis ojos,
para que pueda ver cómo te alejas,
para que vea mi caída,
para ver cómo me das tu mano
y te la llevas, y te ríes.

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28 jun. 2015

Palabra viva



La palabra que escapa al eterno

y maldito baño de los sentimentalismos baratos,
la palabra que sabe de maléficos seres
babeándose a nuestras espaldas
esperando
asquerosamente esperando
pues de su lado,
su gran aliado,
es el tiempo.

El que seca,
el que todo lo absorbe,
la risa del más poderoso
se ahoga ante él,
el tiempo es una risa inaudible,
pero el dolor de su burla
nos pega fuerte
en los rostros,
en nuestras mentes,
a los que siembran
nuestro jardín.

La palabra que no es de gloria,
¿lo es?,
no,
¿escaparemos a la maldita broma?
¿las palabras bañadas en oro
nos conquistaran?
¿Esos ojo llorosos
nos quebraran?

Debería ser,
negativa, la respuesta,
debería ser no…
Esos ojos, esa voz,
palabras, miel,
y tu beso y tu imagen
y el susurro,
y los ojos, se cierran,
y la entrega,
y la daga,
y el calor recorriendo
como ríos mi cuello,
y en tus brazos, el cuerpo
la palabra,
y tu mano en mi mejilla,
y un último susurro
y tu carcajada,
y el crujir de tu trono.

EI
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