4 dic. 2016

VII Fragmento 4

VII - Fragmento 4

Cuando las paredes pierden su color, cuando se convierten en un cementerio de imágenes muertas, algunas entrañables, otras no tanto, incluso se alojan (mezcladas, por supuesto) las más aborrecidas, todas allí, colapsando, peleándose por el mejor lugar en las escaleras o en los descansos, de manera que puedan ser mejor observadas, recordadas, o…totalmente ignoradas, como siempre yo lo he hecho, no hay nada peor que el recuerdo inútil de lo que de poco se va borrando de nuestras cabezas, indicador natural de que nosotros también pasaremos a formar parte de ese enjambre de muertas fotos ( o no ), he quemado las mías, no quiero estar al lado de alguno de estos, el recuerdo puede ser hermoso en ocasiones, pero una vez ya está bien, luego se convierte en conversación de barra de bar.

Las imágenes mienten, sobre todo estas, que contaminan el ambiente, sus facciones no cambian, siempre riendo, falsamente riendo, para esa foto, para ese cuadro, o tristes…eternamente tristes.
Viejos personajes de una historia que se sabe muy bien cuando acabara, ¡¡por Dios que si lo sé!!, pero bueno, la otra parte de este cuerpo quiso colocar a modo de homenaje y también a modo de “Nunca Ser Como Aquel De Allá”, estos retratos. Pero como antes te decía, los recuerdos desaparecen, tenemos lo que quede por vivir a cada peldaño, y cada uno trae consigo una nueva historia que va tapando lo anterior, hasta que llega un momento en el que se debe pensar fuertemente en el nombre de algunos rostros, y el cómo llego ahí.
Así que no ahogues mis nuevos pensamientos, con tu charla de baja calidad, esa charla que siempre comienza con “Hace algunos años…”, o, “Recuerdas…”, no, no me infectes con el pasado.
Esta escalera es una prueba también, la de ignorar el pasado. Pero cuidado, si bien lo ignoro, no puedo perder de vista los errores, de lo contrario el pasado no tendría ningún sentido, no habría libros de historia. Eso debes conocerlo, tropezar eternamente con la misma piedra, por no haber aprendido algo del (uff) pasado, seria de estúpido. Y este que te habla no es ningún genio, me ha pasado y lo he corregido.

Volviendo a lo que te decía, mira estas paredes, tan blancas antes, tan limpias, podías ver hasta el insecto más pequeño manchándolas, sacándolas de su blanco impoluto, y ahora…míralas, llenas de fantasmas. Estas paredes que nos protegen del exterior y toda su desesperanza, que nos defienden de la impiadosa realidad, aquí, entre estas paredes, uno vive en su mundo, en su propio y moldeado mundo.

Sin embargo, veras, que esta pared debería ser derrumbada, y entiendo que me preguntes el porqué, pues es una simple respuesta. Esta pared hoy, es fiel reflejo de la realidad, ella nos va borrando de a poco, y solo queda de nuestra efímera existencia, una miserable foto, colgada en una pared, para dar ejemplo o no, mira al de allá arriba, toda una vida de estudios, y fue muerto por el frio de la soledad, encontrado muerto en el living con su cabeza metida en el medio de su libro favorito, aun entre los humos de sus cigarros y algunos vasos de whisky, si, vasos, no era un borracho, solo bebía de diferentes maltas, entonces, de allí tantos vasos.
Mira donde está ahora, triste, en la esquina superior derecha, al lado de…, arriba de…, pero debajo de…, esto es tan estúpido. La inteligencia, te lo dije antes, llega demasiado tarde, cuando abrimos nuestros ojos, nuestras bocas, expresando con nuestro rostro que lo hemos entendido todo, allí, viene la dama y se lleva nuestra cabeza. Y así quedamos, con una expresión idiota, y la sabiduría se va en una bolsa podrida y ensangrentada.

Perdona por irme tan lejos en palabras, a veces sueño (pesadillas) despierto. Y mis pensamientos son tan fuertes cuando dejo mi cuerpo aquí y me llevo a volar. Perdona.

En fin, las paredes, aman (aun nadie ha podido dar un significado apropiado a esto), odian (demasiados significados acertados), nos protegen, nos encarcelan, algunas tienen pequeños ojos, que son nuestros ojos también, y nos dan un pantallazo de lo que sucede allí afuera, detrás de ellas, aun así, mientras miramos, nos abrazan, casi hasta el ahogo.
Estoy seguro de que llegara el día, amigo mío, en que nos asomaremos por estos ojos, y el abrazo se convertirá en un empujón, y atravesando los cristales, seremos parte del exterior, seremos expulsados, otro cuerpo ocupara el espacio que antes ocupábamos, y aquí afuera el suelo no nos detendrá, se abrirá, y yo pretendiendo volar.
Seguiremos creyendo que podremos volar.

Estas paredes, estas paredes.

E.I.

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27 nov. 2016

El dia

¿Dónde estabas

cuando el fin de los días
golpeaba furiosamente
las rejas de mi casa prisión?
¿Donde?

Fantasmas del pasado
y este futuro
se mezclan
y ya no pueden atravesar paredes
ya no pueden
dormir en los cuerpos,
¿dónde estas
cuando las cadenas
comienzan a caer
sobre las cabezas?

Horrores que solo he soñado,
dibujados frente a mí,
parecían de otro mundo,
utópicos,
y aquí, ahora,
llenan mis ojos,
devoran por completo el horizonte,
la locura es la realidad,
manos ocultas me desnudan y empujan
hacia la nada
hacia el abismo.

Triste pequeña persona,
cobarde,
escapando,
busco en el pasado
el momento en el que tu puñal
abre mi carne,
busco el momento exacto en el que tu
me enamoras con palabras y gestos.

Los susurros
eran alientos de muerte,
tu jamás morirías por mi
solo buscabas otra alma,
solo me desatarías en la locura
y tu diablo estaría satisfecho,
el está satisfecho.

El final,
tus manos,
la caída,
y en ella nada siento,
solo oigo tu risa,
y aun mientes,
abrazada a tu demonio,
mientes y ríes,
escuchas el único grito,
te olvidas luego,
del grito,
de la mentira,
de la muerte,
de mí.

E.I.

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20 nov. 2016

El dolor,

si, el dolor,
el brujo lo conoce,
él lo guarda en su cofre,
o lo esparce
bajo sus maldiciones,
y tú,
deberías conocerlo.

Arena,
sangre emergiendo,
no corras
no,
solo más rápida,
más dolorosa
mas despiadada
tu muerte vendrá.

Nada aquí
puede apagar el dolor
nada aquí es para tu placer,
todo existe aquí
para tentar a tu alma,
enrojecer tus ojos,
y luego desaparecer,
hay algo de dolor
en lo inalcanzable,
en la ausencia.

Conoce bien la sensación,
el fantasma de la memoria
ha perdido sus cadenas,
ya no es tan atemorizante,
ya no más,
y notas que tu cuello pesa,
y tus manos
sienten y ven,
pues tus ojos rojos
han enmudecido,
tus manos,
sienten el frio,
ven las cadenas,
colgando de tu cuello.


E.I.

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13 nov. 2016

Rios

Siempre algo vendrá,

¿cuando?
tarde, siempre tarde,
mientras,
aquí inmóviles,
expectantes,
en esa espera
casi sin darnos cuenta,
morimos.

Te veo en una calesita,
te veo en ella,
veo el esfuerzo
por alcanzar la sortija
que te dejara otra vuelta,
que te dejara
saborear un poco más de vida,
tú crees,
aun,
en la maldita sortija.

Nada bueno surge de tus palabras,
las que dejas en aire,
nada bueno hay
en tu después,
en tu espera,
en la espera
que me obligas
que me empujas
a tener.

Pido cierres tu arrogante boca,
y que tus palabras
vuelvan a ti
y te destrocen,
como lo hacen con quienes
aquí estamos.

Juega tú, si es lo que quieres,
no molestes a los que no quieren hacerlo,
al menos, ya no más,
los que jugaban y se fueron,
los que nunca lo han hecho,
fueron los primeros en ver,
y tú, jugando y obligando,
logras alimentar tu ceguera.

Vemos los negros y blancos,
los brillantes soles,
las brillantes lunas,
vemos como se alimentan los ríos,
en los que indudablemente viajaremos,
eludiendo a aquellos
que, como tú, son piedras sobre el estómago,
buscando llevarnos
a las obscuras profundidades,
para cegarnos, para callarnos.

Para ti, una mala noticia debo darte,
este rio, que todo puede ver,
y pueden ver, pues sus aguas son cristalinas,
crece lento,
pero jamás
dejará de hacerlo.

E.I.

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6 nov. 2016

Terrenal Fragmento 2

V
Regresando un poco a la línea de tiempo sin cambios, recta, planchada, sin ruidos, sin emoción, la realidad en su más puro “ser”.
Volviendo a ese punto, a este punto, comienza una profunda conversación, pero la misma sucede sin segundas partes, yo, como segunda parte, no participo, solo escucho, esta conversación extraña sucede entre él y él.
Pregunta y respuesta, anécdota entre paréntesis, algún pegajoso e inútil recuerdo del pasado, y no hay espacio para segundas partes, todo existe en uno, en una misma sentencia, el problema y la solución, la prueba y el error.
Noche, hora no recuerdo, nuestros estados, eso tampoco lo recuerdo, y tampoco es algo que importe o que haga que la historia cambie.
“Lo conocí de muy joven, lo conocí sin querer conocerlo, a su vez el existía sin quererlo, pero aquí estaba el, estaba yo, negando lo que era y no podía ser cambiado, al menos sin tomar medidas drásticas. Como decía, lo conocí, podría decir que sucedió, como sucede un accidente, fue levantar la mirada y ver el paredón sin poder esquivarlo.
Fue en la calle, tarde de invierno, casi muriendo para dar paso a la noche, aún más fría, creo que la más fría que recuerde.
En la calle, un golpe, demasiadas disculpas y un apretón de manos que no debía estar allí, así fue como lo conocí, como me conoció, la casualidad, fue que ambos teníamos un mismo libro en nuestras manos, libro que provoco el encuentro, y finalmente se desata la conversación no pensada. Y quizá allí, una amistad tampoco planeada.
Compañero de grandes debates literarios, melómanos ambos, siempre cómodos en la noche, y en esas calles que, si bien no callaban nunca, permanecían en silencio para dejarnos hablar, siempre la noche es acompañada de vasos y botellas, siempre una conversación es más profunda cuando otros sentidos se encienden, y eso lo puede la noche y el ambiente que en ella se genera.
Pasaron, no sé, años, o meses que no completan el año, no podría asegurarlo en realidad, el tiempo, las fechas, son cosas que trato de tomarlas no tan en serio, pues de lo contrario no podría dar un paso más, aunque el tiempo, sí que nos toma en serio, a todos nosotros.
Entonces, mejor dejemos las marcas atrás y olvidemos eso de tachar nuestros almanaques.
Era una persona, bastante extraña, incluso para mí, que ya había sido catalogado por el entorno en que camino, como alguien ‘extraño’, pero bueno, uno puede serlo o no, depende desde que lado y ángulo se mire, locos o cuerdos, quien es quien en realidad.
Desde aún más joven, sintió el miedo en su espalda, supo que su nacimiento, había sido, por supuesto un accidente, siempre tuvo el sentimiento de que él, no debería estar aquí, todo lo veía desde afuera, nada lo hacía sentir que perteneciera a este mundo, a este lugar, a esta vida.
Siempre mirando todo, aun lo que le pertenecía por derecho, o por dinero, como ajena, un ser dormido, sin sentidos, sin nada, excepto ese miedo, miedo a una muerte dolorosa.
Entonces, a través de su miedo, ideo una forma de defenderse de esa muerte tan temida, siempre creyó que la mejor forma de darle muerte sería envenenándolo de poco, entonces, comenzó a probar día tras día, noche tras noche, un poco de cada veneno, solo logrando enfermarse por un par de días, y luego volver a salir y probar otro y otro y otro, hasta que su cuerpo, pudiera tolerar cualquiera de estos venenos conocidos, el veneno ya corría por sus venas, eran parte de él, incluso tuvo todos los excesos que su cuerpo y mente podían soportar.
La explicación, razonable para mí, fue que solo viva en sus lecturas, en sus libros y en lo que el escribía, era su mundo, allí no era ajeno a nadie, los protagonistas, le hablaban, esas páginas le hablaban, y sus escritos, lo tomaban, en muchas ocasiones como principal protagonista, allí, en esas líneas, conoció todos los venenos que el mismo probo, gota a gota, y aumentando las dosis, también supo de todos los excesos a los que expuso su mente, su cuerpo. Fue un auto flagelo, en vez de usar un látigo para castigarse, recorrió cada una de las muertes de sus libros, y busco la forma de evitarlas, pues se sentía como todos esos muertos en papel, muertos en las palmas de su mano, con el poder de volver atrás una página y volverlo a la vida, abandonar la historia y nunca su protagonista moriría, sería algo así, como inmortal, pero no, él no podía ser quien abandonara la historia, el leyó de palmo a palmo cada libro, y vivió y murió con ellos.
El problema, dijo, que al haber probado todo, al haber dejado todo, ya nada lo asombraba, o lo hacía sentirse fuera de sí, incluso ya, el miedo a la muerte dolorosa, no lo hacía temblar. Ya se sentía demasiado cansado de estar excluido de esta vida, y ahora, pero, pues su miedo, lo había llevado tantas veces al borde de la muerte verdadera, que ya nada, podía sacudirlo, ya nada podía emocionarlo.
El tiempo, para ambos, paso, pero parece no igual, no me preguntes, el tiempo es caprichoso, al igual que todo en esta vida, que se nos tira, como hueso a un perro.
Como te decía, el tiempo, se arrastró, corrió, y lo atrapo indefenso, en una de sus tantas lecturas, el libro cayó en mis manos luego de que sus cosas, fueran donadas en su totalidad, pues no había persona cercana a él, había sido muy minucioso en ello, había borrado todo rastro de su existencia, hacia años, que no existía como persona, elimino todo pariente, amigo y conocido, se extravió en su mundo y allí, se quedó, y allí pereció, o renació, en lo que a mí respecta, jamás se fue, solo renació, tuvo su vida, su dolor al nacer, de verdad esta vez.
El libro estaba en mis manos, con sangre seca en sus páginas, las ultimas que lo vieron en esa otra cosa llamada por el ‘no vida’, allí estaba, su final, su comienzo, escrito en letras resaltadas.
Por un momento reí, pues recordé sus miedos a la muerte por envenenamiento, que él creía tan dolorosa, y todo lo que hizo por poder evitarla, hasta el punto en que respirar ya no le era grato, me he reído, ya no lo hago. Pues estoy leyendo su comienzo, y puedo ver su noche, y la mano de una extraña amante, una amante, que paginas atrás se definía como bipolar, una mano dócil, piel suave, perfumada, incluso yo al leer esas líneas imagine la situación y cerré los ojos, y fue allí, cuando sentí el comienzo, frio en mi cuello y luego el fuego descendiendo por mi cuerpo hasta llegar al piso, si, tanto miedo al veneno, y el veneno fue esa mujer, ese amor bipolar, ese cuchillo dibujando en su cuello la marca de su nacimiento. Allí termina la historia de unos de mis mejores…amigos.
Aun lo veo, y lo leo. Por allí debe andar, saltando de libro en libro, escapando a los venenos, e ignorando que algo más simple terminara su historia.
Guardo el libro, guardo mis pensamientos y entre sus otros amigos lo coloco, para que entre ellos se pierda. Y no pueda yo, encontrarlo, y finalizarlo.”

E.I.

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Vergüenza (?),

obscuros pensamientos
cubren el sol, la mirada,
desde lo más profundo
son expulsados,
la luz,
afuera
contra ellos rebota,
asustada
retrocede
y la sombra se desparrama
por sobre las almas.

El único lugar al que pueden llevarte
es al profundo dolor
el de la carne
el del alma
al dolor del nacimiento
el agrio momento
ese
en el que sabes
que ya no eres inmortal.
Sedas negras, grises nubes,
allí,
envejecen con tu piel
obscuras grietas,
obscuros lugares del alma,
más cerca cada noche
de cubrirte con su manto.
Frio manto,
frio deseo,
muertos miembros.

Hundiéndote en la vergüenza
por la negrura de tus visiones,
pero es ella,
no tú,
quien obscurece los pensamientos
los sueños,
deberías dejar tu idiotez junto a tu vida,
ningún pensamiento debería avergonzarte,
nada de lo que hagas,
las cadenas del arrepentimiento
te ahogaran antes de la hora señalada,
expulsa a la vergüenza
entiérrala profundo, y más.

Media vuelta y ve lo que sucede
mira los hambrientos y sedientos lobos,
lamen tus huesos,
ya destrozaron tu carne,
ya bebieron de tu sangre,
solo manchas sin tiempo
en un árido suelo,
y aparece ella, imagen distorsionada,
es ella el hielo en tus venas,
es ella quien abría las negras grietas,
ella cuelga sobre su hogar
el cuadro de sus presas
pintado y firmado
con la sangre
de cada una de ellas.

E.I.
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30 oct. 2016

Pudiese

Si pudiera hablar

hablaría.
Si pudiera elevarme
lo haría.
Si mis ojos no sangraran
quizá
lloraría,
tanto,
que mis lágrimas te ahogarían.

Si el corazón latiera
pensarías que estoy vivo.
Si nada quedara entre mis manos
pedirías mucho mas
y las arrancarías,
tu codicia
no cabe en tu cuerpo.

No mueras en frente a mis ojos,
pues no sabes cómo jugar ese juego.
La sangre que pinta este suelo
no es tuya, no.
No juegues con armas
pues se recibir solo
un disparo, no más.
Uno a la vez.

No des vuelta tu cara
cuando las miradas hacia ti
son dirigidas.
Mejor vete
antes de que el infierno
note que has escapado.

Mejor,
yo me iré también,
devolveré el aire que he robado,
no perderé mi cabeza
porque tu así lo deseas,
triste,
canto,
cierro mis ojos, abandono mis manos,
te empujaran al averno de donde viniste,
y viajare lejos, lejos de aquí.

E.I.

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23 oct. 2016

(Terrenal – Fragmento)

Las campanas del juicio final, sonando al unísono, fuera de tono, caprichosamente desafinadas, dañan los oídos de aquellos que son alcanzados por tan desastroso sonido, penetrante sonido, casi mortal.
Cada vez más agudo, cada vez más desafinado, ya los hilos de sangre viajan de tus oídos a tu cintura en segundos, el sonido no cesa, la sangre tampoco, abrazado por los tibios hilos, no sientes el frio del lugar, agachas un poco tu cabeza, como si eso fuera a apaciguar algo, y ves, que tus pies están descalzos y ahogados en sangre, la tuya y las de otros.
Esa mezcla contiene dolor, lagrimas, y su color es tan brillante, extraño, y tibia, muy tibia, reconforta. Sangre acariciando tus pies, cubriendo el frio que azota de a ratos ese lugar en donde te encuentras, casi inmóvil, sangre que, sin que tú te des cuenta, consume tu carne, y pronto comenzaras a caer, ya en poco tiempo, tus ojos, verán a través de ese mar rojo perlado, veras cual brujo, a todos los demonios, los ángeles, los miedos, y vaya a saber que más, la sangre no miente, y tu tendrás el placer de ver en ella, directamente sobre ella, ahh como envidio esos ojos.
Quizá tu alma se hiele y muera, quizá tu corazón se detenga, pero piensa, todo lo sabrás, el universo en tus ojos, lo obscuro, la luz, el infinito, todo agolpándose en tus pequeños ojos, la inmensidad, en solo un par de ojos. Viaja libre a través del miedo, otros, supongo lo habrán echo, si no, ¿de donde han salido las épicas poesías y las historias de los lagos del infierno?
Esto último, quizá sea fantasía, quizá sea verdad, no vivirás para contarlo, y no creo en que luego de tu muerte haya algo más, así que no me esperes, pues yo pienso buscarte, pues ya ni siquiera existo aquí. No lo tomes a mal, pero nunca “fuimos”, nunca “seremos”, solo que esa idea de ser nada, ser pedazos esperando ser barridos, “no ser”, la idea floreció y encarno mucho antes en mí, que en ti.
Nade por ríos de sangre, me mezcle en sus historias, hice de sus lágrimas, mis lágrimas, por ellos llore, por ellos me hundí en una profunda y dolorosa pena. Y…para que, si ves bien, si aún puedes ver, en mi espalda están los huecos de sus traicioneras dagas, y también, si te acercas un poco más, veras marcas de sus asquerosas manos, líneas de sangre seca que jamás me abandonaran, mejor, grito yo, pues así, recordare lo que son, lo que fueron, lo que serán.
Cuando te hayas ido, no tendré otro remedio que buscar las sombras y allí, permanecer, esperar, estar, pudrirme allí, con los restos de los otros, esos otros que han visto antes que yo, antes que todos, decido ocultarme por siempre, desaparecer con la cabeza en alto, por supuesto, nunca diré el momento exacto de mi partida, de esa manera nadie me esperara, y nadie me recordara, será como nunca haber estado, lo cual, es verdad, pura verdad, nunca he estado yo, nunca has estado tu tampoco, solo que aún no lo procesas, aun así, es tarde, tu cuerpo ya se derrite. A mí, aun me queda maldito tiempo, como envidio tus ojos.
Harto de ser el mensajero con un agujero en la cabeza y los sesos desparramados por el piso, dando lugar a una horrorosa obra de arte.
Harto ya de todo eso, de todos. Las palabras serán mías, y alguna vez tuyas, como en otrora lo fueron, solo que ahora no habrá oídos enfrente a mí, solo algo, pues sé que tu creías que luego de que tu carne te abandonara, tu alma se escapara por allí, riéndose, tu serias algo más, no sé qué, jamás lo supiste, y yo, bueno, es sabido lo que yo pensaba y pienso sobre eso.
Igual, para que veas mi respeto por tu creencia, hablare a las paredes, a las estrellas y al fuego, solo por si acaso.

E.I.

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15 oct. 2016

Comienzo y final

La noche

tranquilamente duerme,
el día,
aún lejos
y dormido.

Animales y hombres,
sosegados
por los brazos de la noche,
duerme el instinto,
la sangre comienza a secarse,
y el hambre crece.

Tranquilidad,
los vigías de la noche
cuidan de todo y todos,
alertas,
cuerpos sin rostros,
en vuelos rasantes.

Pero no todo es paz,
no todas las respiraciones
son suaves y profundas.

Los vigías lo presienten,
lo huelen
lo sienten.

En un momento,
la noche se ve herida,
garra envuelta en llamas,
carne, tierra,
arrancados de la paz,
todo se ha transformado
en caos y en horror,
no es el día,
pero si,
el fin de la noche.

E.I.
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9 oct. 2016

Nadie

El fuego que se eleva
el humo en el horizonte
son los bosques
los que te ocultan,
los ojos ansían verte.

Las catedrales incendiadas
pues…
tú ya no rezas demasiado,
y ojos ansían verte.

Pocos los lugares
esos, en los que te ocultabas,
y el fuego se extiende.

No intuyes de quienes son
esos ojos,
ni él porque
ese afán de verte.

Mas fuego,
ya sobre los cuerpos,
y el grito de tu miseria,
esos ojos
ya no desean verte.

Esos ojos,
solo se hunden en las llamas
solo pretendían
ver de cerca
la muerte,
y entre ellas,
también la tuya.

E.I.

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