24 jul. 2016

Tus otros ojos

En obscuros y profundos ojos 

permaneces oculta,
a través de esos ojos
nos enamoras
nos encadenas
nos embriagas y elevas.

Dulce tu mirada
cubre el desértico paraje
cubres la muerte danzando a nuestro alrededor,
amarga muerte, amarga vida,
y una pizca de tu saliva
para endulzar
un espinoso vivir.

Embriagados con tu miel,
cerramos los ojos,
saboreándote,
besándote,
solo abrir los ojos
para penetrar en los tuyos.

Y el tiempo, frenéticamente,
nos azota,
más la sangre a nuestros pies
solo quita el frio
que poco a poco,
subirá.

Y tus ojos, y tus brazos,
se han cansado de llevarnos,
de llevarme,
siento ahora las púas del tiempo
el calor de la sangre
y el frio detrás de tus ojos.

Me robaste,
me llevaste,
me arrojas ahora al precipicio
y tus lagrimas son vinagre
y tus besos saben a carne putrefacta,
y tus bellos ojos se hunden
y veo al fin
tu verdadera imagen.

E.I.

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10 jul. 2016

La sed, siempre inoportuna, presentándose siempre a la misma hora, durante incontables madrugadas, la sed, sueño con ella primero, y en ese sueño, bebo y bebo, hasta el hartazgo, la saciedad jamás llega, y bebo otra vez, ese es el momento en donde la cordura amenaza con retirarse, despierto, sobresaltado, partes de mi cuerpo latiendo alocadamente, transpirado, tiemblan mis manos, dejo que los latidos y los temblores se calmen, luego me arrojo al frio piso, ese piso que termina por despertarme por completo, y me dirijo a beber, pues la sed, del sueño a la realidad, está allí, latente, esperando ser apagada.

Apagada la sed, apagada la desesperación, más el sueño, se ha perdido, mis ojos están demasiado despiertos y mi mente funcionando como no debería a esta hora, creo no poder seguir durmiendo, creo que seré anfitrión de los primeros rayos de sol, solo faltan unas horas.
Son las tres en la madrugada, es el tercer día, de la tercera semana, del tercer mes, de un tercer año(?).
Busco una luz tenue, y el libro que jamás dejo de leer. Busco entre sus páginas, el retorno del sueño, el escape al mundo que deseo tan ansioso durante las horas de sol, o, mejor dicho, durante las horas en donde todo es visible, en donde todo está allí, desnudo, porque cuantas veces el sol, terco, no asoma y se oculta tras las nubes grises, que amenazan con caer sin aviso sobre nuestras cabezas.

Me acerco al vidrio que da a la calle, de allí puedo ver mejor el cielo estrellado, esta frio, helado, me apoyo en él, mi cabeza duele y este frio parece calmar en algo, leo y observo, esta noche, esta tan sola, tan fría, quizá podría nevar, quizá podría llorar.
Me parece, ver formas, esa forma, entre el vaivén de los árboles, me parece que la noche, al final, no esta tan sola, la forma, y yo, detrás del vidrio.

La noche transcurre en silencio, salgo a recibirla, a meterme en ella, porque sabe de mí, sabe todo de mí.
Abraza mi corazón, pues poéticamente hablando, está en problemas, y esa forma, me recuerda tanto a lo que creí había olvidado, o se había olvidado la sombra de mí. Soy fácil de olvidar en todo caso.
El frio me recuerda que sangre aun corre por mis venas, mas allá de que me sienta yo muerto por dentro, destrozado por fuera. Una caja vacía y rota. Abollada por las patadas, de lo que llaman “destino” o lo que sea.
Hasta el sueño me has sacado.

El silencio de la noche, es tan profundo, tan profundo, que parece uno, estar sordo, pues, nada podrás escuchar. Amo tu silencio, y tus formas.
Me acerco a los árboles, y nada hay, solo mi mente, engañándome una vez más, entre enojo y decepción, entro nuevamente, dando la espalda a sus formas, a su silencio.
Apoyado otra vez en mi ventana, mis manos en el libro, y mis labios en una taza de café, turnándose con un cigarrillo que por allí he encontrado.
Me cuesta ver, lo que tengo que ver.

La sed ataca, otra vez, la dejo. Esperare un rato antes de vaciar un vaso de líquido para apagarla.
Y así, intentar otra vez, dormir.

Sábanas blancas, paredes blancas, cables y tubos, luces que ciegan, sobre mis ojos apenas entreabiertos, las formas van y vienen, no siento el frio de mi ventana, solo veo formas, y el ruido que provocan sus violentos movimientos.
¿Qué jugada a practicado mi mente?
¿Qué han hecho mis manos, dominadas por el sueño y la mente en ese momento, que han hecho?
¡Que he hecho!
No puedo ver claramente, no puedo moverme, no puedo sentir el frio de mi ventana, no la veo, tampoco mis manos sostienen un libro, y un ruido que no cesa perfora mis oídos.
¿Por qué me siento abatido y sin vida?
No recuerdo más que mi sed, y la desesperación, y tu forma, creo que hubo un engaño, pues el agua, se ahora que no era agua, y lo que raspaba mi garganta no era ese café o ese cigarrillo, que poco recuerdo, ahora, siento al sueño volver, y las formas se mueven cada vez más deprisa, y las luces se apagan, y las voces suben el volumen, y tu forma aparece, y ya siento el frio en mi cara, ya veo nuevamente las estrellas y caigo rendido, y ese ruido se calla, y caigo, y duermo, y en el último movimiento, ya sé que nunca jamás volveré a despertar.

E.I.

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8 jul. 2016

No estas

Que decirte,
si el sol no brilla hoy,
como hamacarte
si las cadenas
se han cortado,
y para siempre parece ser,
como llamarte para que a mi te acerques
si tus oídos permanecen sordos,
como abrazarte si nunca estas cerca,
siempre más lejos,
de lo que mis brazos pueden alcanzar,
cada vez que me acerco
el maldito viento
te aleja más y más,
¿podre secar las lágrimas,
rodando por tus mejillas?
¿podrá el árbol de sombras eternas
apaciguar tu calor veraniego?
¿darte abrigo podrá,
el fuego alguna vez?
Que decirte,
si no salen palabras de mí,
que decirte,
si en los sueños
también tú, eres un sueño,
como poder encerrarme,
como poder enterrarme,
y que tu estés allí
y me cedas,
al menos
una lagrima.

E.I.

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3 jul. 2016

Preguntas,

siempre lo cuestionas todo,
preguntas
si hay temor en mis palabras
si lo hay en mis acciones,
nada digo, solo callo ante tales inquisiciones,
solo te pido que mires mis ojos,
¿es que acaso ves vida en ellos?
¿es que ves temor en ellos?
Estos ojos míos,
muertos están,
y pueden verlo todo,
de otra manera.

Dulce apasionada mía,
apasionada por saber
si mi pasar por este lugar es molesto
o exageradamente placentero,
tus preguntas crecen,
deseas saber si en mi ser,
anida el temor,
si temo a la dama que cerca camina,
la que realmente ama.

Ve mis ojos,
penetra en ellos,
no hay temor en ellos,
hay intriga, si,
por lo que vendrá,
como será el continuo sueño
la eterna y profunda obscuridad,
me es molesto cada pequeño despertar,
cada salida de estas pequeñas muertes,
me asombra, en ocasiones
verme de pie, verme andar.

Temo al de afuera,
temo más a la luz del día,
pues allí es donde juegan los demonios
a plena luz,
los ves, te ven,
y te tientan con imágenes de otros tiempos,
pasados, futuros.

En la noche,
me muevo tranquilo,
seguro,
temo a tus preguntas,
y el temor es que
algún día podría contestarlas.

Sabes que, desde hace tiempo a esta parte,
los colores son iguales para mí,
que me he caído de este cuadro,
soy el que afuera permanece,
extraviado
y sin ánimos por volver,
pues, los sabores que se ofrecían,
han acabado,
esta vida se ha olvidado,
y aun peor,
mi muerte se ha olvidado
y aquí me ves,
moviéndome entre lunas,
esperando que aquella dama me vea,
caído, expulsado, esperando,
y me tome en sus brazos al fin,
así ya, jamás despertar siendo cuestionado,
seré parte de la perpetua y hermosa obscuridad.

E.I.

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2 jul. 2016

Animales

Animales muertos

animales en el desierto,
animales agonizando
en algún otro lugar,
en las cuevas
las que buscan para pasar sus últimos días
las que buscan para no perder la dignidad,
las cuevas que los protegerán
de las intrusas aves
de los ávidos depredadores,
las que cuidaran y ocultaran sus huesos
lo único que queda,
el resto.

Famélicos ojos,
en el reino de la noche,
penetran el obscuro manto y se abren paso,
ojos lascivos
que desean ver el agrio final.

Llevo conmigo trozos de seda,
pues si logro verte
podre tapar tus ojos
muertos o vivos,
pero muertos ya,
ellos no ven,
tu no ves.

Veo, te veo,
mi cuerpo colapsa
a tu lado, rendido, caigo,
tristeza y pena
traen los vientos,
eso me ha quebrado,
eso te ha quebrado a ti,
me arrastro hasta tocarte,
hasta poner una suave seda,
blanca,
sobre tus ojos.

E.I.

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26 jun. 2016

Cascada

El lugar que tu alma ocupaba

allí
en tu prisión-cuerpo,
si, allí,
en donde solo tú te mueves,
ese lugar,
es usurpado por la venenosa enredadera
se esparce por dentro
se esparce por fuera.

Sin permiso
devora tus sueños
aplasta tus pensamientos
crece y crece,
queda de ti
un ojo
para que puedas ver
como te desangras aquí,
y tu carne,
aun siente,
y por ella corre un rio de sangre,
tibia, perlada, roja, sangre.

La melancolía te aplasta,
te presiona,
así se fue tu alma,
así se va tu aire,
así invade tu corazón,
se esparce, y no se detiene,
tu ojo,
aun ve,
tu ojo, en sangre flotando.

Tus pies se resbalan,
pues el rio desea llevarte,
más fuerte se hace la presencia
más fuerte se hace tu desgano,
flotando y girando
vas por el rio,
y la cascada infinita
escupe hacia lo más alto sus espumas
pues te esperaba,
te espera,
y tu ojo aún no se cierra,
y la espuma te cubre
y te vas como lo soñabas.

E.I.

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25 jun. 2016

Quizá, la suerte está de vacaciones, quizá el ente todopoderoso en el que muchos creen, está en receso, jugando a la vida y a la muerte. Jugando, sobre todo.
Quizá, el que nos tienta con oro y poder, también este jugando, y avivando sus fuegos.
Quizá, no hay ningún “quizá”, y solo hay nada.
Este continuo pasar de las horas frente a mis ojos, ojos presenciando el suicidio de los días, doblegados por la noche.
La noche, tan poderosa como arriba, se va, de rodillas, rogando, incendiada por el impiadoso día, que luego, de manera irregular, se va.
Y puedo armar un infinito circulo de palabras sobre la muerte y esa resurrección del día y la noche.
Opuestos, pero necesarios.
Divago, ya lo sé, pero esta pared helada me da tanto para pensar, veo ir venir los rostros, ruidos que de tan enervantes se silencian (finalmente), no veo risas en los rostros, solo ojos hinchados, malestar y lágrimas.
Las blancas luces hacen que el día perezca temprano, las ventanas cerradas dejando a los rayos de sol del otro lado, no pueden entrar aquí, están prohibidos, cualquier cosa, que sea para limpiar el ambiente, está prohibida. La fresca brisa, prohibida, el ruido de los arboles bajo esa brisa, prohibido, la luz, por supuesto, prohibida.
Aquí solo luz blanca, ambiente viciado y ese olor a químicos. Y yo, apoyado en la fría pared, mientras el resto se mueve de un lado a otro, buscando nada, haciendo nada.
Yo me quedo aquí, prefiero tomar el lugar del espectador, siendo que yo también, soy, irónicamente, protagonista en este cuadro, solo que aun, no he entrado en escena.
Escena que ya he visto y no la hago mía, pues desde afuera me veo, y el de adentro, me mira fijamente mientras yo, descanso en la fría pared.

Logra muchas veces el juego de las luces, los rostros deambulantes y los colores de las diferentes habitaciones, confundirme en el tiempo, no sé cuál es la hora que vivo (¿vivo?),
qué momento del día está atravesando el sol, o si la noche, cargada de ira, ha venido a desplazar al día antes de tiempo.
Amarillos depresivos, blancos aún peores, ojos hinchados, pasos demorados y la pesadez en las bocas.
Estoy cansado, encuentro otra pared. Fría.

Despedidos asomamos al encuentro de lo que fuera de aquí acontece, descubro que el tiempo no ha frenado, solo nuestras mentes, por un momento embotadas en tan curioso lugar (despreciable lugar), se durmieron, el tiempo por supuesto sigue su loca carrera, con o sin nosotros, ya sea estemos dormidos o muertos. No le importa.
Afuera, es aun día, es aun ¡la mañana!, pero tantas horas han pasado, que mi cuerpo cree que debe descansar, y busco una pared. Fría.

Con lo que me dices, me voy, jugando con algo en mi cabeza, algo que no está. Algo que es como arena en la mano.
Y quizá, ni siquiera arena, la arena puede sentirse, esto no, es aire en la mano, es nada, una nada frágil, como un alma ahorcada por la cola del infierno.

Que recorrido tan inútil, la ida, la vuelta, por sobre todo la vuelta, trago amargo, desesperanzador, allí dentro quedan las horas, y otros pensamientos, que de seguro me olvidare en los siguientes pasos.

No recuerdo bien tu nombre, no recuerdo bien tu cara, pues la velocidad del tiempo y el ahogo de mi cuerpo, en el sueño embriagador, tiene mis sentidos apagados, o no del todo encendidos.
Pero si puedo saber, que hay nada más que un hombre detrás de un escritorio, por el olor, vieja madera, y la luz, solo un viejo velador que habrás sacado de la casa de tus padres cuando ellos se fueron. De seguro, el que quería alguien de tu familia, pero tú lo tomaste. Y ahora tomas sueños, vidas que no existen, muerte en un escritorio, hablando, en el mismo tono, que me adormece aún más.
Creo soñar que me llevo tu alma, con mis propias manos, pero el golpe de tus manos me vuelve a la realidad, y sigues, de alguna manera, hablando.
Estoy inmóvil, pero explotando por dentro y no soporto más este lugar, saltaría por la ventana, claro, si estuviera abierta, pues la luz o la luna, están prohibidas aquí.

Me sumerjo en un libro y un café, esas horas se fueron, no se adonde, se fueron, las perdí, están muertas, quizá aun agonizando en la puerta de salida, en algún momento las encontrare, cuando lleve todas estas otras horas que tengo aquí guardadas.

Por ahora me despierto con café, y una lectura que limpie mi cabeza, creo que en un rato más, podre irme de aquí, por completo.
Limpio prolijamente mi taza, acomodo lo poco que he desparramado por ahí, en segundos todo queda tal cual como estaba cuando llegue, es como si nunca hubiera estado aquí,
como si el lugar nunca hubiera sido profanado por mi insoportable presencia.

Dejo el suspiro del vencido en esta parte del mundo, dejo la espera para otro momento, dejo las lágrimas y pelusas de mis bolsillos arriba de la mesa, borro los nombres de mi cabeza de mi boca, busco un punto al cual seguir, y de aquí, me voy.

Siempre quieto, la velocidad mueve los verdes pastos al frente a mis ojos, es el tiempo, tan veloz, tan…y aquí iria un párrafo lleno de insultos. La velocidad, el tiempo, las horas muertas, muerto.
Respiro por hacerlo nomas, pues he perdido ya el deseo de hinchar mi pecho, como si la salida fuera siempre victoriosa, y mirar al cielo, y pensar “gran día”, a decir verdad, jamás lo hice, y mucho menos ahora. Más velocidad, menos verde.

Bajo, solo, me quedo solo, mi cuerpo adormecido, busca…una pared, fría.
Mi mano despierta busca en el cajón, el metal…frio.

E.I.

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19 jun. 2016

Otra noche

Traigo hacia mi

la noche
la obscuridad que espero,
la tengo justo aquí,
solo bajar los parpados
y allí dejarlos,
partes de mí que puedo aun
controlar.

Detrás de tu manto
todo es igual
y no se consume mi ser,
el ángel y el demonio
comparten la misma sangre,
victima para uno,
salvación para el otro,
más la sangre,
siempre la misma.
Aquí nadie nos domina,
la igualdad
que nos da la obscuridad.

Detrás de mis ojos
todo está allí,
por fuera
se acumulan laceraciones de la realidad,
inquieta,
celosa,
por no poder entrar,
aquí,
el lugar detrás de mis ojos.

Los colores
son uno o dos o tres,
no más,
todos los lugares
son uno,
todos nadie,
nadie,
me uno con los despojados
a beber y beber,
hasta que mis ojos vuelvan a cerrarse,
hasta que mis parpados
ya no quieran subir,
y aquí dormir.

En la noche
tras la noche,
tras la noche.

E.I.

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18 jun. 2016

Ojos (XII)

No deseas caminar
por estos
mis verdes senderos,
seguros, pacíficos,
y pintados también
con otros colores
que he encontrado aquí
en mi paleta.

Pues con tus ojos,
¡ve!
deja que absorban las almas,
ellos te dejaran
solo por hoy
sentir al ver.

La tristeza
te apaga,
el dolor te revive,
lástima, odio,
sientes lo que ya conoces,
y lo desconocido también,
sientes el amor,
pero no en ti,
sino a través de tus ojos,
aun desconoces tanto.

Estas abatido,
destrozado,
por dentro
por fuera
y solo has visto
un poco más que nada.

Al intentar buscar ponerme de pie,
noto que mi cuerpo prefiere el beso de la tierra,
y en ella ocultarse,
entonces allí y solo allí
respondo.

Si he visto poco más que la nada
y el dolor, la pena y todo eso que das
me ha dejado en este lamentable estado,
es claro que desprecie tu cuadro,
tus verdes senderos, tus colores,
pues solo he visto, dolor,
y aquí estoy,
en la tierra, y mi cuerpo tapándose con ella,
ya no es solo mi boca
permitiendo a mis pensamientos salir,
si no, que es mi cuerpo,
intentado morir,
mi alma ya se ha ido,
solo soy esto,
carne podrida
y huesos.

Y, de aquel,
tu lado,
solo silencio,
he visto y sentido
y ya no deseo hacerlo más,
nunca más.

E.I.

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13 jun. 2016

13062016

Sin que haya sucedido absolutamente nada, pero nada, solo un torbellino de pensamientos que desacomoda mi cabeza, y me trae imágenes pasadas, imágenes futuras, inventadas imágenes futuras y espero que, cuanto más alejadas estén en eso llamado futuro, ¡mejor!

Imágenes borrachas que rebotan en mi cabeza, y logran que mi cuerpo tiemble, que los escalofríos recorran mi espina, que mis lágrimas asomen por estos rojos ojos, rojos por un dolor que no existe, una pena que llega inventada, bosquejada, ni siquiera un presagio, pero es un lamentable realidad, no ahora, luego, que como lo grite antes, espero que ese tiempo que aún no existe, este bien lejos de aquí, y que cuando se acerque, no me encuentre por estos lados.

Te lloro, pero aquí te tengo, te lloro, pero allí te veo, te lloro y vienes a mí, te sigo llorando, aun mientras te toco, me ahogo en lágrimas y aun lames mis heridas, y mi garganta se quiebra, mis ojos ya duelen, y tú, te duermes a mi lado.
Y calientas este cuerpo ya frio hace tiempo, y no puedo dejar de llorarte.
Estos recuerdos de un futuro tan lejano, pero que en algún momento de nuestras vidas, será el presente, será real, y como todo presente, y como toda realidad, da asco, me da nauseas, me da ganas de quedarme quieto, quizás así, no me veas, maldito tiempo, maldita este pasar, maldita broma que nos han gastado los idolatrados, maldita broma.
Me quiebran ahora, y volverán a hacerlo, estas imágenes que me das, son una amenaza, me amenazas, a mí y a todos, mas no todos pueden conectar recuerdos futuros, con lo que sucede en el presente, y ni me hables del pasado, pues es cada palabra detrás de la última que lees. Escribo y a cada espacio entre palabras, pasado, pasado, pasado…

Enojado y quebrado cierro mi puerta, vuelvo a encerrarme en mi obscuro agujero, no quiero que me vistas con tu luz, no quiero que me muestres los milagros de la creación, los colores, y todo el resto, ya nada importa, no quiero ver más nada, que la obscuridad, que la noche artificial, maldigo a cada rayo de luz que se atreve a molestarme, cállense todas las voces, no quiero que nadie entre aquí, no soporto ni mi cuerpo.

Y en soledad, vuelvo a llorarte, más despacio, más tranquilo, pues sé que es una treta de este bromista, igual, mi cabeza baila, mi alma duerme y mi fe se ha quedado del otro lado de la puerta.

Como poder abrazarte, si eres un fantasma, como no han de crecer las flores en este jardín que me haces ver, si un poco más allá, estarás, correteando como siempre, oliendo las flores, saboreando el aroma de los verdes pastos.
Y yo me deshago en tu mirada, y a tu compañía me entrego, eres inocente, pero en verdad, no en palabra, puro e inocente, no conoces la maldad, no te has contaminado por el odio que este entorno exhala, no. Y sé que nunca lo harás.
Creo que si había un corazón dentro de mí, está quebrado, destrozado, por una maldita amenaza, del futuro, eres cruel, bromista, realmente cruel.
Te llevas a los que deberían quedarse, y antes de que sean tuyos nos enfermas y nos enloqueces con estas imágenes.

Como poder dormir, si este pensamiento no se borra.
La noche ya está aquí, y me espera, entonces abro la puerta y que se llene de ella, y allí afuera, esperando, estas, y me ves, y vienes y nos fundimos en un abrazo, y en ese momento todo se borra, solo existe ese momento, ese abrazo, el calor, aunque la noche este tan fría que congela nuestras lágrimas, y que la noche entre, y que nos hiele, no nos importa, pues nada nos toca, es este momento, es ahora y nada más. Y el maldito futuro que me han bosquejado, ya no esta, desapareció, por suerte, desapareció.
Y aquí me quedo ahora, en este momento, congelado, fundido en el abrazo, por siempre.

E.I.

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