31 mar. 2019

Pensando


De la absoluta nada, heme aquí, y de aquí, a las cenizas. Todo lo que se encuentre entre medio, es incierto, nada esta escrito, al menos, no lo está en piedra. La búsqueda por florecer sin ser arrasados por los vientos de quien nos ha dado vida. Saltando justo a tiempo cuando nuestros sueños de grandeza se desmoronan, corriendo antes de que el lobo nos devore.
Cuidando de no derramar nuestra sangre por falsos ídolos, de no secarnos en lagrimas por falsas verdades, tratando de no mirar atrás y romper nuestras rodillas.
Buscando en un mar negro el pez dorado, ese, que creía haber visto. No existe, como yo, no existe, pero esta aquí, lo he visto, me he visto, he cruzado un espejo por allí.
Esquivando inútilmente paredes que se acercan, años haciéndolo, y me aplastan, me dañan, y juntos no hemos podido salir, seguridad en un abrazo, Dios y salir a jugar. A veces solo era eso, y comer, y dormir, y soñar.
Cúbreme del frio, destápame pues hace calor, abrázame que tengo miedo y lloro porque las imágenes del fin del mundo están en mi cabeza y ahí anidan.

Y el perro que lame mi cara y mis manos, me pide jugar, comida luego y agua de beber, eso fue ayer y hoy y siempre, tu cabeza piensa de manera acotada, y no por eso dejas de ser mas inteligente que yo, quisiera yo haber sido más como tú. Pero te fuiste antes y no puedo tocarte ya más. No pude de ti aprender a pensar así, de forma acotada, simple y básico, nunca hundirse en penas, sentir el amor que sentías, la ausencia que sentías, no pude, no, y lloro, me ahogo en tanto llanto.
Lloro porque me toca sentir este pesar, este pasar, este derretirme en el desierto, buscar lo que se fue y no volverá, y más duro aun si se fue y está detrás mío, este pensar me anuda y aprieta el corazón, me estrangula el alma que tanto nos han hecho cuidar. Para mandar algo por ahí al morir, ¿pues para que me has traído entonces?, me tienes como a un burro siguiendo una zanahoria, y me llevas al final del acantilado. ¿Te reirás luego?
Perdón por mi amplio pensar, me hace esto, yo no lo he buscado, me lo has dado. Y así, en lo bello, si, veo lo obvio, pero también veo obscuridad, es dormir y despertar, siempre hay obscuridad, ya no veo lo obvio, ya no veo nada más.

24 feb. 2019

Camino
soy este ser
defectuoso ser,
camina mi ser,
camina
no mira atrás
errores del pasado tocan mi hombro,
los ignoro y camino lento.

A lo lejos resuenan las palabras que empujan,
empujan hacia abajo, hacia los costados,
soy culpable
soy un ser defectuoso,
y cometo errores,
aun camino, lento.

Las calles no tienen nombre,
tampoco los rostros,
nunca sabré cuando llega el día,
el tiempo gira,
las palabras me envuelven,
el pasado golpea mi espalda.

De una pila de basura
seré el rey,
no comprendo a mi destino,
prometía solo belleza,
deshacerse de estos defectos,
me ha fallado
y yo
he fallado también

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26 ene. 2019

Desconcierto


Cuántas vidas, cuanto tiempo, todas estas calles, puestas a la fuerza, encastradas, destrozando el paisaje, lo pintoresco (lo poco pintoresco del lugar), calles…, siempre las mismas, con sus leyendas grabadas eternamente en el cemento que les da existencia, frases, corazones de amores ya destruidos, otros, consumidos por el tiempo, el resto, agobiados por la rutina de un pueblo perdido entre llanuras de verdes desteñidos y amarillos fuertes.
Tanto caminado, tanto he corrido sobre ellas. De niño, solo diversión, de más adulto, obligado por las tan inútiles y efímeras obligaciones, las que nos arrancan de los sueños despiertos, las que nos abofetean día a día, las que cuando analizas, de nada sirven, cuando todos nos escapemos, de que habrá servido todo ese ir y venir, ir y venir.

Han cambiado, debo admitir, solo pequeñas cosas, el progreso siempre llega, a cuenta gotas, pero llega, inclusive aquí. El desmembramiento de las antiguas construcciones, fue lento y doloroso, aquellas bellas casonas, aquellas sobre las que tantas historias están ocultas por ahí, en nuestras memorias, en mi memoria.
El progreso, lento, pero efectivo. Inclusive mis recuerdos se han derrumbado (¡gracias a Dios!).
Han desaparecido lugares de la infancia; una bastante aburrida cabe aclarar, que tuvo, pequeñas gotas de alegría, finas pinceladas de felicidad. Y con esto, contradigo, como siempre lo hago, de que no he conocido la verdadera alegría, o felicidad, aun no sé si ambos sentimientos, son los mismos. No sé, en realidad, que sintió aquel infante. No lo sé con certeza.
Desaparecidos los lugares de nuestros juegos, lugares que eran los escondites, las fortalezas, en donde nos ocultábamos de algún vecino furioso, o de aquellos niños que solo disfrutaban al golpearme, al golpearnos.
Como reía, recuerdo que reía. Aun, cuando era el blanco de todos los golpes.

Me queda el recuerdo, aún vive, cuando escapábamos de “satanás”, lo escribo y me rio, ese era el nombre del perro del vecino, corríamos como locos escapando de él. Pienso, como a alguien se le ocurre poner ese nombre a un animal. Cuantas veces habré esquivado esa casa por miedo a que me mordiera el “satanás”. Pobre animal, pobre perro, con ese nombre, no le quedaba otra que ser de los malos. Recuerdo a aquel animal, le temía, pero creo que le quería, era siempre mi misión, evitar ser mordido por él. Hoy dudo, si lo hubiera hecho. Todos los días, cruzábamos miradas, más miradas que las que he cruzado con cualquier otro ser aquí, en este pueblo.

Mierda, ahora se me pianta un lagrimón, como me molesta ser tan fácil. Encima me viene el recuerdo del viejo almacén, aquel donde Madre, nos enviaba, obligados a comprar la mercadería de la semana.
Todo en bolsitas, olvídate de que venía todo listo, todo suelto, decenas de bolsitas con papeles mal cortados y en él, el nombre de lo que me llevaba. Bolsas, botellas vacías, para los líquidos de limpieza, y otros también. Galletas, arroz, granos, algún vino, y así. El viejo mercado.
Lo que más me gustaba era el olor al café recién molido, esa era la única vez que corría al almacén y no me sentía obligado a hacerlo, ese olor, aun viene a mí. Ese olor a café, debe ser lo que evita que se borre ese añejo recuerdo, esa vieja película.
El resto de los días, la maldita obligación, pero bueno, a que niño le gusta hacer la compras.

A veces me parecía, que el viejo sabia de mi mala gana, y siempre me borraba el mal gesto con algún caramelo, alguna galleta. Y listo. Anda a que te borren la mala gana ahora con eso, y me caigo a carcajadas de mi silla, no sé si con dinero te sacan el mal gesto hoy.
Y el tipo se movía, iba, venia, subía escaleras, bajaba al sótano, por favor como se movía, esos años, solo estaban en su piel, no en su cabeza, no es su entusiasmo, parecía un tipo de veintitantos, levantaba esas bolsas de varios kilos como si nada, nunca una queja, nunca le dolía nada.
Lo único que me hacía, y solo a veces, notar el paso del tiempo sobre él, era su olvido al sumar. Como si la matemática se le hubiera escapado, pero nadie lo engañaba, él era un clásico del pueblo, ERA el pueblo.
Calculadora, mala palabra, ni siquiera calculadora, una vieja máquina registradora que funcionaba a golpes, el, papel y lápiz, papel mal cortado, lápiz todo mordido.
Esa era tu factura y tu garantía, el cuaderno del fiado, tapa negra (¡de cuero!), como me gustaba ese cuaderno.
Ese olor a humedad de los pisos de madera, la curiosidad de saber que tesoros se ocultaban en aquel sótano.
Como es posible que recuerde tanto, creí haber dejado todo atrás, y enterrado, era demasiado chico, y hoy siempre dispuesto a no mirar hacia atrás nunca más. Sin embargo, los fantasmas, están allí, aquí, abrazándome.

Este lugar, Dios, como odié este lugar que me vio nacer, que me escupió a la vida, aquí cerca, en donde me senté a escribir esto, fui parido, en el radio de unas pocas cuadras, he crecido, me he enamorado (sin saber bien que era), a la vuelta de aquella esquina, el primer beso o el segundo, que se yo, nunca anduve contando eso.
Lo que me molesta un poco, es todo lo que recuerdo si me quedo quieto en algún vértice de este lugar, de este pueblo.
Tanto tiempo enterrando el pasado, y aquí está ahora, más vivo que nunca en mi cabeza. Debería reflexionar.

Quizá porque te abandone, y luego, un forzado regreso, es que hoy pueda valorar un poco más (no tanto), este espacio. No estoy diciendo que hoy “ame” el lugar, solo tengo más respeto por él.
En la suma final, lo negativo supera a los momentos positivos, pero nobleza obliga, aquellos “buenos”, fueron grandiosos.
No hace falta enumerarlos. Lo sé. Lo saben.

Muchos muertos golpean mi cabeza para renacer en imágenes, y solo para mí, en mis sueños despierto, los admito, mientras recorro nuevamente las calles.
Siempre sueño, ojos abiertos o cerrados. De ellos vivo. Espero en ellos morir, espero, no demasiado tarde.

Y mientras me consumo en pensamientos, doy cuenta de que es más la gente que he visto partir, que la que he visto llegar.
Allí el cachetazo de la vida, me saca de lleno de mis sueños, de mi música. Y se me hace imposible mantener dentro de mí, tanto llanto reprimido.
Cuando veo todo esto, así, cual una serie de televisión, con sus golpes bajos, con el suspenso de la música que es la base de todo, con la desesperación de no aguantar saber que sucederá luego, la verdad me amarga demasiado, ahhhh….. cuanto quisiera no recordar, arrancar esa parte del cerebro que nos inyecta el pasado, a la fuerza, yonquis del recuerdo, eso somos, al final de cuentas, vivimos hacia atrás, y no lo quiero, quiero adelante, siempre el infinito.
Quisiera borrar el pasado, no haber existido, ser siempre hoy, siempre recién nacido, morir al amanecer, y renacer al caer la noche, así, pues no tendría jamás un pasado, al menos no uno tan extenso, solo unas horas.
Cada respiración, sería algo novedoso, el abrir y cerrar de ojos, sería una experiencia que me deleitaría cada vez, sin aburrirme (como aborrezco el aburrimiento), nunca recordar, pero si aprender, aprender en cada nacimiento, en cada muerte.
Lamentablemente, este deseo inútil, es rechazado por el ente cruel, el Juez, la Jueza.

A veces, pienso que, si ya no es suficiente con el hecho de que al ir pasando etapas, nos damos cuenta, de la rapidez del tiempo, ¿es que no es suficiente conocer lo efímeros y desechables que somos?
Lo poco que hacemos, cuando creemos que ya hemos hecho suficiente, o demasiado.
Ver la carne, propia y ajena, como se cansa, como los huesos pesan más que ella, como la sangre se vuelve cada vez más sedentaria, hasta que un día o noche, se cansa de correr, y la carne deja que los huesos caigan al suelo, y el resto, lo que no se ve y no se toca, vaya a saber. Yo no sé. Tampoco quiero saber. Ya lo viviré (contradicción, ya que será el momento de la muerte), en carne propia.
Bueno che, la vida es contradicción, nuestras idas y venidas también.
¿No es eso suficiente? Nuevamente pregunto. Enojado ya.

Debemos además soportar estos fantasmas que nos acosan, que nos recuerdan lo que fuimos, y algunos otros más malvados que nos inyectan lo que “podríamos haber sido”, en vez de esto que somos hoy, que hubiera pasado de no haber omitido acciones, o si no hubiéramos abandonado lugares o situaciones en aquellos momentos.
Sé que algunos valen la pena, pero igual, todos nos trasladan a otros tiempos, lugares, y la vuelta a la realidad es demasiado dura, demasiado.

Quizá mañana arranque todas estas hojas y las convierta en fuego, quizá.
Quizá mañana vaya y compre en la ferretería de la esquina la pala que usare para cavar mi propia tumba.
No lo sé.

En este instante, donde la mente empieza a nublarse de negros pensamientos y visiones, es cuando escucho una distante voz, suave, que me conforta.
Es conocida a mis oídos, mas mi cabeza no descifra de quien puede ser.
La escucho.
              “Tú, preséntate ante tu tumba,
                si, tu, ya está preparada para ti,
             no es necesario tu sudor
             para que lleves a cabo tan depresiva tarea.
             Otros lo hemos hecho por ti,
             tú sabes que lo hemos hecho en el mismo instante
             en que fuiste concebido.
             Alguien ha tomado las riendas,
             y se ha encargado de tener todo listo para ti.
             Por favor, recuéstate, disfrútalo, y déjate ir”

Terminada la conversación, en un solo sentido, ya que yo estaba congelado, espantado, cuando la voz callo (seductora voz), solo el viento quedaba, silbando y aullando, el sonido en mi cabeza de preguntas que siempre han hecho ruido.
¿De qué tumba hablabas, seductora voz?
¿Porque me llevas a dormir tan pronto? ¿Si el sol aún no ha llegado al horizonte que lo acurruca?
De pronto, un cansancio abrumador, cae sobre mí, parpados pesan, es arrasador, imposible de frenar, agotado por completo, mi cuerpo solo busca el reposo, mantenerse erguido, tarea imposible, busco, un lugar para acomodar mi cuerpo, veo, detrás mío, entre verdes pastos, un lugar, hermoso e irresistible, casi arrastrándome me dirijo a él, el verde se vuelve más verde, ya estoy cerca, me sorprende un corte en el color, es una cama a mi medida, exactamente a mi medida.
Ya no puedo pensar, el cansancio es demoledor, recuerdo la seductora voz, la recuerdo como si hubieran pasado años, desde que la escuche, hasta que llegue aquí.

No sé si fue el cansancio en mis ojos, o eran verdaderas lágrimas, aquellas gotas de agua, abandonado el cuerpo, recorriendo mi cara, y luego saltando hacia la tierra, no sé.
Aun sin pensar, ya casi sin manejar el cuerpo, me arrojo sobre aquella cama, fresca, hecha de tierra, decorada de verdes pastos.
Creo que he sido arrojado. Había otras manos en mis hombros. Consolándome.

Allí, en la frescura, las imágenes se borran, los recuerdos se van.
Parte de mí se va con él, secretamente, me había confiado sus pocas ganas de repasar los días, de recorrerlos hasta esperar la hermosa noche, de tener que buscar aquellas pequeñas cositas que lo hacían olvidar por momentos olvidar de que iba todo esto.
Parte de mí se ha dormido para siempre.

Luego de su caída, o entrada, como decida verlo. El sueño se cernió sobre él, para siempre, como él lo deseaba, luego, el verde cubrió su cuerpo y lo hizo parte del paisaje, antes, hubo un suspiro, y el silencio. Hermoso silencio.

A veces por la noche paso por allí, sin saber cuál será el lugar exacto donde duerme, camino despacio pues no quiero interrumpir su bello y esperado sueño, su descanso. De seguro está soñando (como siempre lo hacía, despierto o dormido), de seguro está sonriendo, de seguro estará amando, estará siendo feliz, quizá por primera vez en su vida (contradicción), creo que algunas noches lo oigo reír. Ríe ya que sabe que duerme por siempre, sus sueños eran su vida, y la vida otorgada, su muerte, su sentencia.

Extraños sus historias, sobre todo las del pueblo, esa relación de amor-odio que solo él podía mezclar. Sus continuas contradicciones, y luego la explicación de las mismas.
Fue real, como Usted, como yo.
Fue real, escribimos juntos esto, en primera, segunda, tercera persona, qué más da. Que sea este el tributo que puedo rendirle, más allá de que sea esto, una bazofia. ¿Además…quien escribe?, Usted, el, yo…

Me dejo elevar por el olor a la tierra, mojada recientemente por una fugaz lluvia, el aroma de los verdes prados, profundamente respiro, me lleno de este lugar. Sin embargo, hay una presión en mi pecho, mayor a la fuerza de respirar este refrescante aroma, es la presión sobre mi corazón, es la tristeza que se aferra y aprieta mi corazón, retuerce mi alma, estoy triste por él, estoy tan triste; o quizá no.
Yo sé que ríes. Yo lo sé.

4 nov. 2018

Existir


Inagotables lagrimas
que intentan
sin lograrlo
limpiar estos ojos
tan llenos de sueños.

Lagrimas que caen
lagrimas que saludan
que duelen.

Te has ido,
sin embargo
jamás estuviste aquí,
claro,
no lo sabía,
sueño,
solo un sueño.

Crecimos juntos,
me enseñaste,
juntos aprendíamos.
Un sueño, solo eso.

El ruido me despierta
y desesperado me enfrento a la realidad,
ya no estabas,
la soledad otra vez,
el tiempo que ha subido otro escalón
y vos,
aun no estás aquí.

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30 sep. 2018

Despertares


Fue la madrugada con más y calor y humedad que recuerde, fue la noche anterior un derroche de energía y sentimientos, un derroche de imaginación, deseos y artes ocultas, se mostraron esas partes que tenemos, pero ocultamos o ni siquiera sabemos que están allí. Nuestros deseos más locos, nuestros demonios internos, ocultos atrás de algún pensamiento, o de algo.

La tarde no fue poco menos, solo que durante esa luz que se iba volviendo más tenue, más temerosa, siendo empujada par la obscura y espesa noche, no se veían nuestros reflejos, reflejos que iban y venían a placer.
Pasaba la tarde entre vientos y pequeñas lloviznas, pasaba lentamente, pero pasaba. La sed en esa soleada tarde era inmensa, saciarla no era tarea fácil, ni siquiera lo fue durante la mañana, pero aún hablo de la tarde, aún recorremos esas calles, de la noche me he guardado casi todo, pues solo ella sabe, y en ella queda.
Mientras las almas, las miradas y los sueños se chocan, y en ese mismo lugar también se esquivan, sucede lo inesperado, lo que nadie, yo al menos, entiende.
Lugar, para algunos mágicos, para otros, solo lugar de paso, solo pérdida de preciado tiempo, un lugar que guarda recuerdos e imágenes que creían nunca jamás volver a sentir, o revivir.

Momentos en los que no se piensa en nada en específico, mis pensamientos, que puedo decir, nada en particular, nada científico, nada complicado, nada real, solo unos pensamientos sobre los sueños que últimamente he tenido, un repaso, borroso, pues mis sueños lo son, borrosos y peligrosos en algunos pasajes.
Pienso en aquellos ojos que soñé, pienso en porque me ahogo en ellos, porque ellos se ahogan en sí mismos, los tuyos.
Se ahogan en lágrimas que no puedo detener, tampoco tú puedes, y te ahogas en ellas.
Mis ojos solo ven puertas de salida, ninguna para entrar. Solo salidas.

La luna aún se viste destellante, sus mejores ropas de noche, arrastra su velo por sobre un violento mar y solo puede verse opacada por los enceguecedores rayos que suben, quieren taparte, pero solo logran que brilles aún más.

En el extremo de un eterno puente, al lado del río que hará que todo olvides, puedo verte, cerca ya, de beber de sus aguas, mezcladas con el agua de tus ojos. Hay corazones que se quiebran ante semejante escena, y se hielan, ya no recuerdan como latir, como cruzar el puente. 
Más atrás me veo, y, sin embargo, estoy en el medio de este pequeño puente, que siento, tiembla bajo mis pies, el miedo me invade, ahora veo miles de ojos sobre mí, y en ellos pueden distinguirse diferentes sentimientos, no voy a ahondar en eso, pero puedo verlos y sentirlos sobre mí, aún, avanzo, aún me muevo, espero pronto ser uno, pero mi cuerpo ha decidido abandonarme, me arrastro ahora, tú ya bebes, tus lágrimas mezcladas con el agua dulce del río.
Cuando a ti llego, ya has olvidado, me has olvidado, tus ojos secos, ya no me ven, se han ido, y yo separado de mi cuerpo, casi un fantasma, no se volver, no puedo volver, me he quedado aquí, del otro lado, mientras mi traicionero cuerpo, la carne y sus huesos, están allá, lejos, quietos, solo llega a mí el calor de un abrazo y el susurro de algunas palabras en tu oído, es mi cuerpo y aún puedo sentirlo, puedo verlo abandonarme.
Sin más, me siento a las orillas del río, pues una anima ya no siente, y pensamientos recorren mi cabeza, nada real, nada vivo, solo son mis ojos y los tuyos, ya puedo ver a través de ellos, puedo sentir a través de ellos, y siento paz. En mis ojos, ya es borroso el paisaje, ojos de anima, ojos muertos, solo veo salidas y un río.
En sus orillas aún descansa este espectro, y allí mismo un árbol busca abrirse camino hacia el cielo, lo dejo atravesarme, lo dejo y en él me dejo absorber, soy nada, soy tierra, ya no he de sentir y este, mi árbol, sus raíces han de beber del río del olvido, misma agua que me atraviesa y me evapora, ya no soy, pero algo continúa, he olvidado mis raíces mortales, soy otra cosa, me despido sabiendo que lo último que has dejado fue un sentimiento de paz. Me despido pensando, que ya no puedo pensar.

12 ago. 2018

Notas


Olvidaste la canción
la melodía que nos llevaba
a través de tantas emociones,
agua y aceite éramos
pero la melodía mezclaba
esa agua, ese aceite.

No importaba el destino
que nos deparaba el infinito desierto
ni siquiera importaba
la sed,
arrasadora sed
que nos aplastaba
que nos detenía.

Profundo tu besar,
hilos de sangre bajan por las bocas,
golpeando cada gota
a ritmo
el brilloso piso del lugar,
tus manos alejan tu cara de la mía
y lames la sangre,
la que de mis labios brota.

Melodía que llenaba el cuarto
todos los cuartos
las cabezas
los patios, las calles,
llegaba a lo más profundo
de la húmeda tierra.

Engañando a los demonios que esperaban
que me esperaban
muerdes aún más, mis labios,
el color domina toda la escena.

La música se acaba
y tu verdadero ser
comienza a renacer,
te ofrezco todo mi cuerpo
mi alma…
todo, por que suene una vez mas
la melodía que nos mezcla
que nos calma.

Es tarde,
me has separado,
solo, expulsado al desierto,
solo, con tu espejismo,
corro hacia él, y desapareces,
y aquí, no hay música
solo arena
infinito desierto,
arena que se enamora
y me cubre.

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9 jun. 2018


El pasado,

manto de grises nubes,
débil sol detrás,
un pasado que está muerto,
todo en el
esta muerto,
pero sus fantasmas
se aparecen de cuando en cuando
y a su partida
caigo adolorido,
inmerso en una gran pena.
Solo a veces,
dejan una sonrisa
así, como de felicidad.

No traigas a mí, antiguas conversaciones,
no vengas con tus álbumes de años pasados,
no muestres tus otras caras,
no me las muestres a mí,
pues solo abren cicatrices,
que pensé,
se habían cerrado.

Duele ver hacia atrás,
y me cubro si debo ver mi futuro,
prefiero solo ver hasta mi nariz
y quedarme aquí,
en este momento,
en el ahora,
no en el después, no en el ayer.

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Caigo, caigo sin parar,

la noche me devuelve,
me encuentro al día
mas no puedo entrar en él,
la pesadez del cuerpo,
el letargo.

No puedo moverme,
mucho menos caminar,
déjame aquí tirado,
déjame ver las horas pasar.

La imagen de mi cuerpo desintegrándose
me da escalofríos
y ganas de vomitar,
menos puedo levantarme,
menos puedo mirar.

Ya no soy yo quien habla,
ya no soy yo,
ni siquiera se
que soy ahora.
Solo este cuerpo
que cae,
y yace entre las sabanas,
cada hora es una herida,
de a poco me desangro,
de a poco me iré.



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13 may. 2018

De nada sirve


Dejar la sensación de correr
esquivar el roce de tu seda
se que la fuente está secándose,
el agua que corre,
congelándose,
la calma del mar
acabándose,
la chispa que ilumina,
enciende la mecha de la locura.

No despierto, pues no deseo verme aquí,
no deseo, pues ya casi he muerto,
camino, pero por dentro me arrastro,
escribo con mi sangre,
aquello que nunca dije,
entierro luego,
lo callado con mi cuerpo.

¿Te duele algo y no es tu cuerpo?
¿Has visto algo y no existe?
El llanto que nace del vacío,
obscuridad y la nada,
he fallado una vez más.

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15 abr. 2018

Abril


Abril,

solo el nombre de un mes,
un nombre para un pedazo de tiempo,
un pedazo de efímero y no tan repetitivo tiempo,
pues no te repites,
pasas y te vas,
y allí en el camino quedan gotas de sangre,
trozos de piel,
y algunos mares de lágrimas.

Abril,
a cuantos has inspirado,
y a cuantos les has abierto campos de flores,
pues,
ya no me inspiras tanto,
y lo que abres es un infierno
pero obscuro, asfixiante,
y trágicamente devastador,
un espacio que quiebra mis huesos,
ahoga mis ojos,
y congela mi corazón,
mi alma, bueno,
escapa aterrorizada.

Abril,
me trajiste,
me tiraste en una tierra que no aprendí a querer,
me buscas,
me laceras
y cobardemente desapareces,
jamás espero tu visita
más igual apareces,
y seguirás haciéndolo
hasta que tu daga de justo en mi cuello
y te llenes de mi sangre,
al menos te llevaras toda la angustia
y todo ese dolor del que me llenas
cada vez que apareces,
oh si Abril, aun me inspiras,
claro,
pero no lo que el poeta desea,
no,
logras que la locura y el odio
se hagan carne en mí.

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18 mar. 2018

Escribir


No he de poder escribir,

no tanto ya
como antes,
¿por qué preguntaras?
pues porque muero en cada línea
en cada palabra
en cada letra.

Sin embargo
mi vida es escribir,
escribirte,
escribir.

Paradoja que no entiendo,
pero siento,
pues me desintegro en cada palabra,
se retuerce el alma,
me requebrajo
como vieja pintura.

No puedo escribir,
pero lo hago,
aunque sé que muero,
y respiro también,
aunque sé que muero.

Escribo quizás menos que ayer,
no sé qué será mañana,
no me pidas poesías,
pues dejo en ellas mi piel,
no me pidas letras,
pues caigo a pedazos
en cada trazo.

No me pidas,
pues seguiré escribiendo igual,
se que es lo que pasa,
pero no puedo dejar,
comencé hace tiempo atrás,
y no puedo ya,
dejar.

He nacido también,
y hasta hoy no he dejado de respirar,
y así como del aire he de necesitar,
también de la escritura he de respirar.

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25 feb. 2018

El resto


Das la espalda
a quien te ha dado de comer,
das la espalda
a quien te a levantado del sucio asfalto,
tus excesos, tus palacios,
existen gracias a los demás,
nada ha sido por tu cuenta.

Te quedas con todos los vueltos
y revuelves los estómagos con tus dichos,
deberías callar y agradecer,
o al menos
callar.

Caminabas sobre brasas
cada mañana que despertabas,
te acostabas en ellas
por las noches,
lleno de dolor y desesperanza,
no llegaba el sueño
sino tus peores pesadillas
y sobresaltado
volvías a la realidad que tanto golpea.

Quizas si agradecieras al que te ha dado su mano
serias menos despreciado,
quizás serias menos desgraciado,
y quizá,
feliz.

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21 ene. 2018

Poco a poco

Cacería,
búsqueda,
detrás, la gran boca de luz
frente a tus ojos,
el húmedo bosque,
sereno, asechando,
tan negro en su interior,
allí,
no domina la razón.

El animal,
el más feroz,
has dejado de ser,
aquí,
el humano es solo carne,
reducido a la desesperación
esperas, sin saber, entre inmensos arboles
el toque del bosque,
el toque de tu muerte.

Obscuridad
ahogo
es doloroso el respirar,
sudor,
tu orgullo no detiene tu búsqueda,
tu perdición.

El vientre del bosque,
tu final, es parte de su continuidad,
tu valentía se ha quedado varios pasos detrás
infinitos brazos
infinitas manos
el bosque adorna tu cuello,
la presa deseada.

Muy lejos del sol,
lejos de aquella boca que te sedujo,
saborea tu ahogo, tus rodillas se hunden en el lodo,
las ramas arrancan el aire de tu pecho.

Ojos negros,
un cuerpo ya sin vida,
el que en otrora fuera feroz,
ahora eres parte del lugar,
eres lodo,
eres abono en este lugar,

en el que nadie reinara.