26 jun. 2016

Cascada

El lugar que tu alma ocupaba

allí
en tu prisión-cuerpo,
si, allí,
en donde solo tú te mueves,
ese lugar,
es usurpado por la venenosa enredadera
se esparce por dentro
se esparce por fuera.

Sin permiso
devora tus sueños
aplasta tus pensamientos
crece y crece,
queda de ti
un ojo
para que puedas ver
como te desangras aquí,
y tu carne,
aun siente,
y por ella corre un rio de sangre,
tibia, perlada, roja, sangre.

La melancolía te aplasta,
te presiona,
así se fue tu alma,
así se va tu aire,
así invade tu corazón,
se esparce, y no se detiene,
tu ojo,
aun ve,
tu ojo, en sangre flotando.

Tus pies se resbalan,
pues el rio desea llevarte,
más fuerte se hace la presencia
más fuerte se hace tu desgano,
flotando y girando
vas por el rio,
y la cascada infinita
escupe hacia lo más alto sus espumas
pues te esperaba,
te espera,
y tu ojo aún no se cierra,
y la espuma te cubre
y te vas como lo soñabas.

E.I.

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25 jun. 2016

Quizá, la suerte está de vacaciones, quizá el ente todopoderoso en el que muchos creen, está en receso, jugando a la vida y a la muerte. Jugando, sobre todo.
Quizá, el que nos tienta con oro y poder, también este jugando, y avivando sus fuegos.
Quizá, no hay ningún “quizá”, y solo hay nada.
Este continuo pasar de las horas frente a mis ojos, ojos presenciando el suicidio de los días, doblegados por la noche.
La noche, tan poderosa como arriba, se va, de rodillas, rogando, incendiada por el impiadoso día, que luego, de manera irregular, se va.
Y puedo armar un infinito circulo de palabras sobre la muerte y esa resurrección del día y la noche.
Opuestos, pero necesarios.
Divago, ya lo sé, pero esta pared helada me da tanto para pensar, veo ir venir los rostros, ruidos que de tan enervantes se silencian (finalmente), no veo risas en los rostros, solo ojos hinchados, malestar y lágrimas.
Las blancas luces hacen que el día perezca temprano, las ventanas cerradas dejando a los rayos de sol del otro lado, no pueden entrar aquí, están prohibidos, cualquier cosa, que sea para limpiar el ambiente, está prohibida. La fresca brisa, prohibida, el ruido de los arboles bajo esa brisa, prohibido, la luz, por supuesto, prohibida.
Aquí solo luz blanca, ambiente viciado y ese olor a químicos. Y yo, apoyado en la fría pared, mientras el resto se mueve de un lado a otro, buscando nada, haciendo nada.
Yo me quedo aquí, prefiero tomar el lugar del espectador, siendo que yo también, soy, irónicamente, protagonista en este cuadro, solo que aun, no he entrado en escena.
Escena que ya he visto y no la hago mía, pues desde afuera me veo, y el de adentro, me mira fijamente mientras yo, descanso en la fría pared.

Logra muchas veces el juego de las luces, los rostros deambulantes y los colores de las diferentes habitaciones, confundirme en el tiempo, no sé cuál es la hora que vivo (¿vivo?),
qué momento del día está atravesando el sol, o si la noche, cargada de ira, ha venido a desplazar al día antes de tiempo.
Amarillos depresivos, blancos aún peores, ojos hinchados, pasos demorados y la pesadez en las bocas.
Estoy cansado, encuentro otra pared. Fría.

Despedidos asomamos al encuentro de lo que fuera de aquí acontece, descubro que el tiempo no ha frenado, solo nuestras mentes, por un momento embotadas en tan curioso lugar (despreciable lugar), se durmieron, el tiempo por supuesto sigue su loca carrera, con o sin nosotros, ya sea estemos dormidos o muertos. No le importa.
Afuera, es aun día, es aun ¡la mañana!, pero tantas horas han pasado, que mi cuerpo cree que debe descansar, y busco una pared. Fría.

Con lo que me dices, me voy, jugando con algo en mi cabeza, algo que no está. Algo que es como arena en la mano.
Y quizá, ni siquiera arena, la arena puede sentirse, esto no, es aire en la mano, es nada, una nada frágil, como un alma ahorcada por la cola del infierno.

Que recorrido tan inútil, la ida, la vuelta, por sobre todo la vuelta, trago amargo, desesperanzador, allí dentro quedan las horas, y otros pensamientos, que de seguro me olvidare en los siguientes pasos.

No recuerdo bien tu nombre, no recuerdo bien tu cara, pues la velocidad del tiempo y el ahogo de mi cuerpo, en el sueño embriagador, tiene mis sentidos apagados, o no del todo encendidos.
Pero si puedo saber, que hay nada más que un hombre detrás de un escritorio, por el olor, vieja madera, y la luz, solo un viejo velador que habrás sacado de la casa de tus padres cuando ellos se fueron. De seguro, el que quería alguien de tu familia, pero tú lo tomaste. Y ahora tomas sueños, vidas que no existen, muerte en un escritorio, hablando, en el mismo tono, que me adormece aún más.
Creo soñar que me llevo tu alma, con mis propias manos, pero el golpe de tus manos me vuelve a la realidad, y sigues, de alguna manera, hablando.
Estoy inmóvil, pero explotando por dentro y no soporto más este lugar, saltaría por la ventana, claro, si estuviera abierta, pues la luz o la luna, están prohibidas aquí.

Me sumerjo en un libro y un café, esas horas se fueron, no se adonde, se fueron, las perdí, están muertas, quizá aun agonizando en la puerta de salida, en algún momento las encontrare, cuando lleve todas estas otras horas que tengo aquí guardadas.

Por ahora me despierto con café, y una lectura que limpie mi cabeza, creo que en un rato más, podre irme de aquí, por completo.
Limpio prolijamente mi taza, acomodo lo poco que he desparramado por ahí, en segundos todo queda tal cual como estaba cuando llegue, es como si nunca hubiera estado aquí,
como si el lugar nunca hubiera sido profanado por mi insoportable presencia.

Dejo el suspiro del vencido en esta parte del mundo, dejo la espera para otro momento, dejo las lágrimas y pelusas de mis bolsillos arriba de la mesa, borro los nombres de mi cabeza de mi boca, busco un punto al cual seguir, y de aquí, me voy.

Siempre quieto, la velocidad mueve los verdes pastos al frente a mis ojos, es el tiempo, tan veloz, tan…y aquí iria un párrafo lleno de insultos. La velocidad, el tiempo, las horas muertas, muerto.
Respiro por hacerlo nomas, pues he perdido ya el deseo de hinchar mi pecho, como si la salida fuera siempre victoriosa, y mirar al cielo, y pensar “gran día”, a decir verdad, jamás lo hice, y mucho menos ahora. Más velocidad, menos verde.

Bajo, solo, me quedo solo, mi cuerpo adormecido, busca…una pared, fría.
Mi mano despierta busca en el cajón, el metal…frio.

E.I.

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19 jun. 2016

Otra noche

Traigo hacia mi

la noche
la obscuridad que espero,
la tengo justo aquí,
solo bajar los parpados
y allí dejarlos,
partes de mí que puedo aun
controlar.

Detrás de tu manto
todo es igual
y no se consume mi ser,
el ángel y el demonio
comparten la misma sangre,
victima para uno,
salvación para el otro,
más la sangre,
siempre la misma.
Aquí nadie nos domina,
la igualdad
que nos da la obscuridad.

Detrás de mis ojos
todo está allí,
por fuera
se acumulan laceraciones de la realidad,
inquieta,
celosa,
por no poder entrar,
aquí,
el lugar detrás de mis ojos.

Los colores
son uno o dos o tres,
no más,
todos los lugares
son uno,
todos nadie,
nadie,
me uno con los despojados
a beber y beber,
hasta que mis ojos vuelvan a cerrarse,
hasta que mis parpados
ya no quieran subir,
y aquí dormir.

En la noche
tras la noche,
tras la noche.

E.I.

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18 jun. 2016

Ojos (XII)

No deseas caminar
por estos
mis verdes senderos,
seguros, pacíficos,
y pintados también
con otros colores
que he encontrado aquí
en mi paleta.

Pues con tus ojos,
¡ve!
deja que absorban las almas,
ellos te dejaran
solo por hoy
sentir al ver.

La tristeza
te apaga,
el dolor te revive,
lástima, odio,
sientes lo que ya conoces,
y lo desconocido también,
sientes el amor,
pero no en ti,
sino a través de tus ojos,
aun desconoces tanto.

Estas abatido,
destrozado,
por dentro
por fuera
y solo has visto
un poco más que nada.

Al intentar buscar ponerme de pie,
noto que mi cuerpo prefiere el beso de la tierra,
y en ella ocultarse,
entonces allí y solo allí
respondo.

Si he visto poco más que la nada
y el dolor, la pena y todo eso que das
me ha dejado en este lamentable estado,
es claro que desprecie tu cuadro,
tus verdes senderos, tus colores,
pues solo he visto, dolor,
y aquí estoy,
en la tierra, y mi cuerpo tapándose con ella,
ya no es solo mi boca
permitiendo a mis pensamientos salir,
si no, que es mi cuerpo,
intentado morir,
mi alma ya se ha ido,
solo soy esto,
carne podrida
y huesos.

Y, de aquel,
tu lado,
solo silencio,
he visto y sentido
y ya no deseo hacerlo más,
nunca más.

E.I.

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13 jun. 2016

13062016

Sin que haya sucedido absolutamente nada, pero nada, solo un torbellino de pensamientos que desacomoda mi cabeza, y me trae imágenes pasadas, imágenes futuras, inventadas imágenes futuras y espero que, cuanto más alejadas estén en eso llamado futuro, ¡mejor!

Imágenes borrachas que rebotan en mi cabeza, y logran que mi cuerpo tiemble, que los escalofríos recorran mi espina, que mis lágrimas asomen por estos rojos ojos, rojos por un dolor que no existe, una pena que llega inventada, bosquejada, ni siquiera un presagio, pero es un lamentable realidad, no ahora, luego, que como lo grite antes, espero que ese tiempo que aún no existe, este bien lejos de aquí, y que cuando se acerque, no me encuentre por estos lados.

Te lloro, pero aquí te tengo, te lloro, pero allí te veo, te lloro y vienes a mí, te sigo llorando, aun mientras te toco, me ahogo en lágrimas y aun lames mis heridas, y mi garganta se quiebra, mis ojos ya duelen, y tú, te duermes a mi lado.
Y calientas este cuerpo ya frio hace tiempo, y no puedo dejar de llorarte.
Estos recuerdos de un futuro tan lejano, pero que en algún momento de nuestras vidas, será el presente, será real, y como todo presente, y como toda realidad, da asco, me da nauseas, me da ganas de quedarme quieto, quizás así, no me veas, maldito tiempo, maldita este pasar, maldita broma que nos han gastado los idolatrados, maldita broma.
Me quiebran ahora, y volverán a hacerlo, estas imágenes que me das, son una amenaza, me amenazas, a mí y a todos, mas no todos pueden conectar recuerdos futuros, con lo que sucede en el presente, y ni me hables del pasado, pues es cada palabra detrás de la última que lees. Escribo y a cada espacio entre palabras, pasado, pasado, pasado…

Enojado y quebrado cierro mi puerta, vuelvo a encerrarme en mi obscuro agujero, no quiero que me vistas con tu luz, no quiero que me muestres los milagros de la creación, los colores, y todo el resto, ya nada importa, no quiero ver más nada, que la obscuridad, que la noche artificial, maldigo a cada rayo de luz que se atreve a molestarme, cállense todas las voces, no quiero que nadie entre aquí, no soporto ni mi cuerpo.

Y en soledad, vuelvo a llorarte, más despacio, más tranquilo, pues sé que es una treta de este bromista, igual, mi cabeza baila, mi alma duerme y mi fe se ha quedado del otro lado de la puerta.

Como poder abrazarte, si eres un fantasma, como no han de crecer las flores en este jardín que me haces ver, si un poco más allá, estarás, correteando como siempre, oliendo las flores, saboreando el aroma de los verdes pastos.
Y yo me deshago en tu mirada, y a tu compañía me entrego, eres inocente, pero en verdad, no en palabra, puro e inocente, no conoces la maldad, no te has contaminado por el odio que este entorno exhala, no. Y sé que nunca lo harás.
Creo que si había un corazón dentro de mí, está quebrado, destrozado, por una maldita amenaza, del futuro, eres cruel, bromista, realmente cruel.
Te llevas a los que deberían quedarse, y antes de que sean tuyos nos enfermas y nos enloqueces con estas imágenes.

Como poder dormir, si este pensamiento no se borra.
La noche ya está aquí, y me espera, entonces abro la puerta y que se llene de ella, y allí afuera, esperando, estas, y me ves, y vienes y nos fundimos en un abrazo, y en ese momento todo se borra, solo existe ese momento, ese abrazo, el calor, aunque la noche este tan fría que congela nuestras lágrimas, y que la noche entre, y que nos hiele, no nos importa, pues nada nos toca, es este momento, es ahora y nada más. Y el maldito futuro que me han bosquejado, ya no esta, desapareció, por suerte, desapareció.
Y aquí me quedo ahora, en este momento, congelado, fundido en el abrazo, por siempre.

E.I.

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11 jun. 2016

Viajero

El viejo sol, aquel que a tantos a sacado de sus jaulas de hielo, a tantos a despertado, a tantos recibido. El mismo que al tiempo, da su espalda, a ese implacable paso del tiempo, que todo lo reduce, que todo lo borra, el viejo sol, lo ignora, mas es sabido, que cada cosa, cada ser, poco a poco se apaga, poco a poco, se va.

Cenizas remontándose en furiosos vientos, ¿es que nos traen visiones del final?, y tú, que sales de tu reposo, luego de tan crudo viaje, ¿tienes alguna palabra que quieras compartir?

El sol, molesta a tus ojos, te ocultas entonces, lejos de la luz, lejos del calor, te abrazas a la obscuridad de las cuevas, y allí te relajas, en húmedas y obscuras cuevas.
Tus ojos se cierran, para llevarte en profundo sueño, tu cuerpo no lo sabe y aun continua sus movimientos, tu alma se escapa bailando al compás de los tambores, tu pensamiento, tus sueños, tan obscuros como esta cueva. Despiertas, pero aun duermes, todo es involuntario, todo será la verdad ahora,
Tus palabras, reflejan la verdad, tu voz no es tu voz, pero de tu cuerpo sale, tu boca es la que se mueve, eres tu gesticulando a cada frase, eres crudo, por partes cruel, tus palabras desgarran los cuerpos, cierran ojos, humedecen otros, mientras que los más débiles ofrecen sus venas a los filosos metales.
Derramas tristeza, escupes odio, pero la profundidad de tu dolor, lo destroza todo, desde tus entrañas, hasta las raíces eternas de esta montaña, todo, por la verdad.
Mientras tanto, entre los temblores, caes rendido, pues aun no te has despertado, y la obscuridad, tu amiga y compañera, te recoge en sus brazos, y apoya tu cabeza en su regazo, y allí continuas tu sueño.

Sangras, sangras y transpiras tanto, que cubres el piso del lugar, y no despiertas, esa sangre se convierte en lo que fuera tu poesía, se agolpa contra las paredes formando las palabras, las que antes vociferaste, ahora contra las paredes y en el piso grabadas, en sangre, en sudor.

Veo tus parpados, moverse, solo logran levantarse para dejar la mitad de tus ojos frente a mí, rojos ojos, tu rasposa respiración, tu voz casi se ha ido, y en lo poco que queda, pides que alejen de ti el punzante amanecer.
Veo ahora, con estos tímidos rayos de sol, tus manos, tu cuerpo, cortado, desgarrado, castigado por el tiempo, el sol, los hombres.
Entiendo el porqué de tu pena, aun así, no puedo entender tus pensamientos tan obscuros.
Y al parecer jamás podre saberlo, sin dudas te estas marchando, y elegiste esta cueva, para que sea tu eterna tumba, para jamás ver el sol, para jamás ser encontrado.
En tu última mirada, dices todo, y con tu poca voz, lo aseguras. Allí, solo yo, y la sangre que ya cubre mis pies.

La luz ya no te toca, mi mano se acerca, pero no puede tocarte, tú quieres terminar con todo esto, y yo no sé si marcharme o quedarme aquí.
Recuerdo tus dictados, tu poesía en las paredes, te recordare, hasta que tu recuerdo me pida abandonarlo.
Me pongo de pie, gotea sangre por todo mi cuerpo, no es la mía, es la tuya, y me voy, con tus verdades, tu profunda pena, y todo tu dolor; queda aquí, tu cuerpo, vacío y solo, me arrojo fuera de aquí, y el sol me espera con su látigo, como duele esta luz.
Cubro mis ojos, rogando por la obscuridad, por la noche eterna, y en ese momento, olvido recordarte, olvido que te has ido, olvido, pues ahora soy como tú.

E.I.

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5 jun. 2016

Sueños(XII)

Grita el cielo

“te he perdido”,
entonces
ha de existir un cielo,
un último lugar, inexplorado aun,
para tu alma, para lo que vuele,
una vez que tu cuerpo repose aquí,
en la tierra,
en el cemento,
o en los obscuros pensamientos de tu muerte.

Y caías
entre brazos de fuego,
brazos que no detienen la caída,
el fuego sale de tus ojos,
ya formas parte de él,
y quema y arde,
pero no consume al cuerpo, la carne,
solo el resto,
entonces…
existe, ha de haber un averno,
en donde el reposo y la paz
son cenizas.

Ambos sueños,
despiertan ahora tus dudas,
todo era tierra, rocas,
y nada más,
tú eras otra roca,
en medio del azote de las olas,
los caprichos del viento,
seca por siempre,
esperando caer.

Entonces…
dicen tus sueños,
¿hay vida en tu cuerpo?
¿tenías una?
estuviste siempre aquí,
y jamás notaste
lo cruel de la historia.

No veras ángeles descendiendo
ni ascendiendo,
no será la paz lo que reine,
solo caos,
y tu destino, quebrado,
abrazas a la nada,
solo te rodean helados espejos,
tu fría imagen,
sales de tu letargo,
mi mano no toca tu corazón,
pues una roca ocupa su lugar,
tu alma espantada,
desaparece,
silencio,
la historia
tiene su final.

E.I.

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4 jun. 2016

Todo

Amigo mío,

cede a mis manos,
a mi pluma,
solo dos hojas de papel,
y en ellas resumiré tu paso
todo eso que llamaste
“vida”.

No miento cuando digo,
que todo se transforma
en una gran mentira,
una maliciosa broma,
podemos apreciar el mal gusto
del que con ellas juega.

Quisiera no cuestionarme
por qué sonrío
por qué respiro,
si aquí es donde no prefiero estar,
y tú,
con tus historias de finales felices,
me enfermas,
empalagosos finales

La muerte, tu final, el mío,
nada más apreciado por la vida
que la inminente llegada de ella,
en sus sedas,
con los rostros que deseas ver,
las palabras que tus oídos ansían escuchar,
y el brillo final
expulsando todo de ti.

Nada queda, nada te llevas,
eres un final mas
en esta broma infernal,
siempre dejando vida,
respirando muerte,
futuros borrosos
que sabes no existen,
entonces…
¿cederás tus dos hojas?
¿querrás ver escrito lo poco
que es tu todo?

E.I.

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29 may. 2016

Otro

Otro hombre,

otra presencia,
otro ser
con o sin vida,
da igual,
existir, estar.

El sueño que toma por sorpresa,
el mundo del que dependo
cae encerrado en mis lágrimas.

En mis bolsillos
recuerdos,
en mis manos
recuerdos,
y en esta tierra
hogar.

La esperanza,
agotada,
pues la mano que me levantara
se ha marchado.

En abrazo
y palabra
me uno a ella
y en danza frenética
desaparecemos.

Frías ropas
húmedas ropas
no cubren ya mi cuerpo
dejo allí junto a ellas,
la última huella
el ultimo dibujo en la tierra
y no escribo en ella “adiós”,
pues jamás estuve aquí.

E.I.

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28 may. 2016

Carta encontrada

Carta encontrada, en otro tiempo, en algún lugar.

“Completamente ido de aquí, no se nota la presencia del espacio ni del tiempo ya, inmerso en vapores que poco a poco van cubriendo mi ser.
Irritable ser.

Nadie es perfecto, en este mundo de imperfecciones. Nadie puede ser completamente bueno, todo el tiempo, es utópico, es imposible, somos fallas, y por lo tanto debemos fallar, equivocarnos, luego… aprender algo de ello, pero nos tomaría más de una vida completarnos, ser mejores seres, buscar algo parecido a la perfección, o intentar alcanzar el Nirvana, están quienes buscan la perfección en sus palabras, sus ideas; otros buscan la perfección de sus cuerpos; mientras que un menor grupo busca elevarse como Buda, alcanzar el Nirvana, a través del dolor, de las fallas, las privaciones,  y como consecuencia de esa elevación terminar con el sufrimiento.
Buscan iluminarse, y poder luego compartir ese logro.

Entonces, nada de eso será posible, somos seres finitos, tenemos una vida o lo que sea, y luego dejamos nuestro lugar, hay otros detrás nuestro. Somos tan imperfectos, que, al alcanzar cierta sabiduría, debemos morir.

No soy la buena persona que crees, ni tampoco soy el hijo de ningún demonio.
Pero, en la calidez de este asiento, reposado, he decidido que mi espacio, debe ocuparlo otro ser, un ser con las ganas de sentir la vida en la piel, yo no la he sentido jamás, y hoy, menos que nunca, me acuesto con la imagen de mi muerte, y me levanto con ella.

Todo el recorrido del sol, todo el recorrido de la luna, todo ese tiempo, me acosa, me aturde, me enloquece.

Creo que es hora de dejar este aire que tan vagamente respiro, a un ser que pueda saborear cada bocanada de aire, cada bocana de vida.
Estoy a poco tiempo de comenzar mi viaje, y creo que este es el descanso que siempre quise, el que necesitaba, mis vacaciones permanentes, fuera de aquí, de este pueblo, de esta ciudad, de este cuerpo, que es nuestra prisión, nuestro cuerpo y nuestra mente.

Quizá hoy llueva, quizá haya alguien girando que crea que siente tristeza o dolor, léanle esto, que sepa que está atascado en un error, fui un ser solitario, mas allá de que haya estado rodeado de personas, siempre estaba yo, lejos, solo, en mi lugar, algún lugar, por allí, en mi mente, o físicamente, no tiene importancia
Tú me hablas y yo respondo, automáticamente, no pienso, no estoy aquí, no estoy aquí, y quiero desaparecer completamente, que nada ni nadie, sepa jamás que he existido, sería el escape ideal, desaparecer, y borrar cualquier vestigio de mi presencia, de la tierra, de las mentes ajenas.
Lo que siento al pensar eso, es alivio, un peso menos, la carga se hace más liviana.
Mi camino será solitario, mi dormitar también, por única vez, antes de dormir, ya no veo la imagen de mi muerte.
Solo veo mi reflejo en un pequeño espejo.
Solo veo el humo cubriendo la imagen.

Hoy dormiré sin soñar.”