12/05/2013



Fantaseabas con el peor de los desenlaces,

imaginabas cada día,
Que este sol no duraría,
No para ti,
Siempre fuiste menos que nada,
Fue tu mayor virtud,
reconocer que eras desecho de lo indeseable.

Fantaseabas, con su alejamiento,
y luego dibujabas en negras habitaciones
como seria tu final,
como tu mano escribiría aquella última línea,
tú sentencia,
entre sueños, te espantabas,
sentías que alguien acariciaba tu cuello.
“Quien ha sido?”.
No hay nadie más aquí.

Solo imaginarla,
la atrae,
sentada junto a ti,
sueñas,
tú con la tristeza del abandono y tú final,
y ella con tu sangre,
la que beberá.

Quizás podría salvarte,
mostrarte tu error,
que quizá eras digno del aire,
que quizá ese alguien no lo era de ti,
quien besaba tus manos,
para luego arrancarlas sin piedad,
quien susurraba a tu oído palabras de amor,
para luego ver rodar tu cabeza.
Quien te llevo de su mano por el tiempo,
y te arrojo, riendo, al negro precipicio.

05/05/2013



Solo eres ayer,
vives allí,
jamás serás mañana,
jamás estarás bajo este cielo,
sobre esta misma tierra.

Eres el fantasma en mi cabeza,
como la dama de negro agazapada en la noche,
paciente, esperando en ella,
que un alma más, duerma,
sueñe con ella,
y sea la invitada a mi cama.

Segas el sueño,
vacío despertar,
del negro manto, escapar he podido,
más del tuyo, jamás,
arrastrare el recuerdo,
el ayer,
hasta mi próximo sueño,
deseando que sea profundo,
deseando ya no despertar.

28/04/2013



Ensordecedor aullido,
oídos lastimados,
gota de sangre
que baja por tu cuello,
secándose antes de tocar la tierra,
detenida,
liquido de vida,
muerto,
por solo mezclarse en este aire inmundo.

Calla ahora,
silencio,
el aullido se ha ahogado,
todo se ha ido,
aves espantadas,
animales huyendo,
tiembla la tierra,
cuerpos embestidos por las bestias,
despedazados en la verde pradera,
tórnese negro lo que verde fuera.

Una noche inesperada
devora la luz,
tus pies ahogados en sangre,
silencio,
ascienden por tus piernas almas en pena,
las encargadas de consumir tu aire,
allí entiendes que el aullido no ha cesado,
eres tu quien ya no escucha,
a tus pies los restos,
y en tu cuello la sangre presiona cada vez más fuerte.