15 oct. 2017

Quieto

No es mi deseo vivir en el pasado

todo allí ha muerto
se ha ido
y de la peor manera
no es deseo vivir del pasado
pues estaría muerto dos veces.

Aún quedan fuertes cadenas que tiran y tiran,
allí también estoy yo,
llamándome,
quizás deje entrar alguna imagen
pero no más,
no quiero sentir lágrimas en mi rostro,
me quedo quieto, congelado,
aquí,
en un presente que arde en llamas,
un presente que se te mete en la piel
y duele.

Mientras intento subir,
mientras trato de levantarme otra vez,
mientras busco la mano que sosiega,
mientras todo sucede,
el maldito látigo roba trozos de mi carne,
el inevitable ahora
estalla en mi cara,
y las manos que todo lo hunden,
están cumpliendo su tarea a la perfección.

Desde el fondo
me veo intentarlo,
una y otra vez,
más fallos que aciertos,
más vacíos desgarradores
que brazos acogedores,
más obscuridad
que luz,
y la tierra
comienza a caer
sobre mi cabeza.

E.I.

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23 sep. 2017

Horizonte

Horizonte prefabricado

no hay lugar para la imaginación
el sueño está muerto
los ojos se cierran al avanzar
un horizonte dibujado
letras que nos sobreviven (y eso me da pena)
frases que parecen felices,
cada letra dibujada parece feliz,
ser parte de una palabra,
toda su razón de existir,
ese es el horizonte,
maquilladas frases
sobre blancos no tan brillantes,
algunas fotos colgando de ellas,
fotos que nada dicen
nada transmiten,
un poco más aquí,
más cerca de mi cuerpo,
otro cuerpo,
uno que sabe mucho más
que ha visto mucho más
que dice
que sabe
que hizo,
y que hacia ese horizonte se dirige,
hacia allá va,
espero, poder borrar esas frases inútiles,
miro y espero,
pero debo moverme,
pues la ola de impacientes viene detrás,
me muevo
adelanto a ese cuerpo,
me alejo,
lo veo en el pasado
he cruzado el estúpido horizonte,
nada sucede
solo sigo,
otro horizonte se dibuja,
nada que me alegre,
nada que me saque de este paseo moribundo,
nada,
me resigno,
me tiro a un costado
y que la ola me lleve
me ahogue
y me escupa por allí
quién sabe dónde.

E.I.

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26 ago. 2017

No puedo

…aún no puedo escribir,
aún mi corazón late lento, muy lento,
aún no puedo escapar de esta trampa,
aún no puedo
y la noche se abre sobre mí,
atrapado, en silencio y ciego.

La noche llega con todos sus demonios,
juegan con ellos, los propios,
arman en mi cabeza visiones que me destrozan,
de cuando en cuando, alguna me eleva,
la noche me entristece hoy,
lloro en ella,
agradezco el no poder verme.

Peleo y peleo para salir de aquí
no es suficiente,
no lo es,
siento que me voy desmoronando,
me rompo y por dentro estoy vacío.

Y mientras el sol va limpiando la obscuridad,
en la sucia arena
puedo verme, mi vista ha vuelto,
puedo ver, y todo continua igual,
solo yo he cambiado,
veo mi cuerpo así, y lo dejo,
prefiero irme por ahí
caminando por el lado más obscuro
de este mar que se ha secado.

E.I.

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12 ago. 2017

El de las Patas

El de las Patas

“No creo…”, dijo, mientras se levantaba para preparar café, “…que todo sea tan injusto, o pesimamente ejecutado, como lo he planteado antes, pero no puedo ser flexible en algunos aspectos, y para formular todo lo que te he dicho, necesite fortalecer algunos de ellos y a otros debí expresarlos en términos de algún futuro no tan distante, ya sea para mal o para bien.
Siempre, siempre, hay una luz en la obscuridad, una puerta no, pero si quizá una ventana abierta, etc. Poné la frase alegórica que más te guste.”

Vuelve mirando fijamente las tazas de café, y a un paso arrastrado para evitar que el café se derrame, pues no tiene platos para esas tazas y lo más próximo a quemarse, son sus manos, despacio, pero continuamente se arrastra, no habla, deposita las tazas, y derrama un poco de ambas tazas, no importa, pues abajo están sus papeles, sus escritos, y nunca le importaron demasiado, pues cree que nada de lo que hace o dice, valga realmente la tinta o el aire que consume.
No dice nada, se sienta, me mira, mira las manchas de café, me mira de nuevo, y hace una mueca de “como aquí no pasó nada, y resignación”, la charla continua.

“A veces, no muchas, como sabrás, recurro a tus oídos, saben escuchar, y luego vos sabes medir tus palabras, lo justo, no más, no menos, lo justo.
Y sabemos, que “lo justo”, no siempre es lo que uno quiere escuchar.
Que puedo decirte, luego de todo lo charlado, escrito y mostrado, que más, solo mostrarte este desgano que me hunde en el sillón, amigo hermano mío, la nada misma me está pesando demasiado, y las ganas, desaparecieron hace tanto tiempo, que ni me acuerdo, decí que te tengo por acá cerca para más o menos desahogarme con esto, no es que te pida ayuda, pero en el fondo, algo de eso hay…oculto, por supuesto.”

Claro, jamás pediría ayuda, jamás, no al menos de la manera que cualquiera lo haría, nunca llamaría y diría “necesito ayuda, tu ayuda”, no, ese orgullo no lo permite, él no se lo permite, solo cuando el fondo le toca los pies, mantenemos este tipo de charlas, no siempre es ayuda lo que se oculta entre líneas, muchas veces, son preocupaciones e inquietudes, de las cuales necesita confirmación o una negación o un buen debate que lo haga pensar en diferentes direcciones.
Bastante educativo, diría, ya que muchas veces recurrimos a viejos libros, a algún amigo perdido por allí, y por último dejamos la tecnología, ya que demasiada información, al final, resulta en una ignorancia, aun, más profunda.
Aún sigue, con su fanatismo por los números, perdón, no fanatismo, no me gusta usar esa palabra, diría mejor, “obsesión”. Sí, me suena mejor, al menos en mi cabeza.
Esa obsesión lo ha llevado a escribir cantidad de cuentos, poesías, textos sueltos, y es hora, le digo y le dije varias veces, que debe unir todo eso y armar un buen texto, que pueda ser leído de una sola vez. Pues en su cabeza tiene sentido, pero en la mía al menos, pierde sentido al tener tanto espacio de tiempo entre texto y texto, si bien las fechas no están anotadas, uno puede darse cuenta al leer todos esos pedazos de papel, además, no sé dónde va la poesía, si antes o después de la prosa, o la prosa poética, o el cuento, o que se yo.

Amigo hermano mío.
Bebemos el café de a sorbos, charlamos sobre cualquier cosa vaga, nos dispersamos, luego de seguro beberemos algún whisky y saldremos a fumar al patio, con la calurosa recibida de sus perros, hermosos, por cierto. Estaremos en el reino de sus perros, esos amados animales.
Sonara tonto para algunos (aquellos a los que no le gustan los animales), pero muchas de sus poesías y algunos cuentos, son sobre ellos, sobre el macho, sobre la hembra, ha llorado por ellos, mas no lo he visto llorar por algunos humanos.
¿Lo entiendo?

No hace mucho me mostro una poesía, bastante sombría, por cierto, con un fondo de angustia que le tocaba a uno el alma y lo dejaba allí, helado, como muerto.

Pasaron un par de días, y preguntó si había entendido algo de lo leído, dije la verdad, que creía que se trataba de alguien cercano, que se refería (la poesía) a su realidad, si bien, estaba muy bien disimulada (la realidad). Los tiempos transcurridos, las actuaciones, pues esta poesía demostraba tener varios personajes, los paisajes, todo, estaba muy bien cubierto. Pero que, sobre ella, había una angustia que te recorría la espina y te helaba.
Solo se rio.
“Tenés razón” – dijo.
“Pero no hablo de esta realidad, hablo de una realidad inventada, pero inventada en ese momento, y la angustia que lo cubre, es que, si bien todo está inventado, en algún momento, se hará presente, en algún momento, habrá que enfrentar ese tiempo allí pintado…”
Y allí lo vi derramar lágrimas, por primera vez en mi vida, lagrimas que venían de lo más profundo de su ser, se quebró, y continuo hablando, no sin antes disimular esas lágrimas, “…¿sabes para quien escribí eso?, para mí y para este que viene al lado mío, porque escuche que fantaseando uno, inocentemente por supuesto, con alguna muerte como la que leíste, o con algún pesar, que le duela a uno, que lo cale hasta los huesos y lo atemorice de muerte, dicen que uno alarga la vida del otro…ojala sea verdad…”, se calla, ahogado por un aparente llanto, que por supuesto puede ahogar, y se queda allí, callado, mirando a su perro.
Me mira, sus ojos están flotando en lágrimas, y se va, mirándolo solamente a él.

Mientras se iba, sentí que mi algo me oprimía, y solo, allí en la calle, con el sol cayendo detrás, desconsoladamente, comencé a llorar, y junto conmigo, el cielo también lo hizo.

5 ago. 2017

Pasaje

Por la orilla,

dejando las dunas atrás,
subiendo y resbalando por otras,
mirando de cuando en cuando hacia atrás,
una bofetada del viento
con sus manos llenas de arena
directo a mis ojos,
una forma de gritar,
que mire hacia adelante,
olvidar lo que se deja atrás.

Golpea el viento también
si uno mira hacia al futuro,
y golpea duro,
solo deseo ver los errores
para no cometerlos jamás.

El agua helada toca mis pies,
los deja sucios,
muertos,
feos,
los miro un rato y no me importa,
pueden moverse igual,
la arena se hunde bajo mis pies,
se cree esta orilla que estoy muriendo
y quiere enterrarme aquí.

Las aves ya sobrevuelan mi cabeza,
pero yo no he perecido aún,
ni lo hare todavía,
no aquí en el mar,
no aquí en esta orilla,
camino alejándome hacia las montañas,
allí donde los bosques se amigan y crecen,
ese es mi destino,
no el agua y esta asquerosa resaca.

Busco las montañas,
y en ellas los bosques amigos,
busco su obscuridad
su manto
su paz,
y que a mis pies los acaricien las raíces
de estos añejos árboles,
ya que bien saben ellos de luz y obscuridad.

Son ellos los verdaderos sabios,
los conozco,
me conocen,
saben de mi obscuridad y de lo que hoy me deshace,
tanto así
que sus raíces ya me abrazan,
lejos, muy lejos, puede verse un tímido sol,
aquí en mis ojos
la eterna noche del bosque,
me llevan al profundo sueño,
me enredo,
y duermo.

E.I.

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25 jul. 2017

Brillo

¿Dónde se ocultan las estrellas?
¿Dónde tus ojos?
Es que el cielo está por llorar,
mi ser también.

¿Por qué?, preguntas,
pues porque revuelvo el cielo
me escapo de las nubes en la tierra
y nada puedo ver
solo esta tenebrosa obscuridad,

sin ningún brillo que me guie fuera de aquí.

8 jul. 2017

Pena

No sé cómo decirlo,
no se,
pero estos días
tan llenos de nada,
agotan.

Profundamente quebrado
roto
casi polvo
ahogado en una mezcla extraña
de tristeza y dolor,
también alguna risa
que no alcanza para endulzar.

Días tan extraños,
tan grises
tan asfixiantes,
me derramo en ellos,
muero en ellos,
y vuelvo a morir
en cada despertar.

Días que obstruyen el pensamiento,
días que pintan de negro mis ojos,
noches en vela,
y un fantasma que no asusta,
solo me da pena,
y quiero abrazarlo y no puedo,
y el,
siente pena por mí.

E.I.

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