27 sep. 2015

Tiempo 2118

Las entrañas del tiempo,

la obscuridad de su interior,
de su exterior,
una sombra
absorbiéndolo todo,
marchitándolo todo.

Rózame con tus ramas espinosas
y secas,
consume lo que tenga este cuerpo,
consúmelo todo,
dame el privilegio
de irme antes.

Ya levantar la mirada
es un peso que supera
cualquier proeza,
levantar la mirada…
y el vacío,
no más.

Levantar la mirada y ver el infinito
desolador
arrasado,
¿el futuro es lo que veo?
¿fuego y animales en llamas?
¿almas en piras eternas?

Tristeza, pena,
no sé,
el sentimiento no se parece a nada,
solo ese sabor a nada,
el feroz ataque del desgano
hacia todo lo que ofreces,
lo que te llevas.

Tu cuerpo se dibuja,
una fina línea,
tus cabellos pegados en tu frente,
puedo verlos,
tus ojos vacíos,
me quiebran hasta los huesos.

En qué momento tomaste el desvío,
en qué momento mi mano se cansó de mi cuerpo,
veo las nubes y no tienen formas para mí,
la pesadez del estar,
la libertad que me llega
cuando pienso en dormir,
te veo con el sol,
mucho más,
te veo con la noche,
te abrazo y me deshago en los sueños.

Luego, luego,
me golpeas,
con tus filosos huesos,
abres mis ojos,
y nada veo,
nada abrazo,
roes mi alma,
arrancas el corazón,
colocas un roca en su lugar,
más no puedes tocar mi mente,
la he ocultado,
algo vive allí.

Enciérrame ahora,
ya no bebo,
pues mi sed no se agota,
los sabores, los colores,
todos son lo mismo.
Lo único entre grises y negros,
son tus ojos,
que me penetran y se llevan todo,
tus ojos,
me desnudo en ellos,
tanto tiempo ignorado,
tanto tiempo cortado por tus dagas,
no sigas,
dame final,
hunde tu daga y ya no más cortes,
húndela, atraviesa esta roca,
y deja que la sombra me oculte.

E.I.

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26 sep. 2015

Cuento 1612

Cuento 1612

A veces, la persona, se acomoda (o incomoda), y cree que piensa. A menudo, esa mente, solo permanece en blanco.
Desde afuera, se mira con admiración, pero en realidad, existe una gran pena.
Los que lo conocemos, también creemos una mentira, ya que es más fácil de aceptar que una cruda realidad (¿o no es así?), sobre ella nos desarrollamos, sobre ella vivimos, o algo parecido.

Él es nuestro “oráculo”, y las palabras que emiten su boca, a veces calma a la gran locura. Esa que amenaza, esa que sobrevuela su ser.
Sin embargo, él se equivoca, nosotros también. Pero siempre, lo dejamos pasar.

Todos sabíamos de la mentira, pero después de tanto tiempo, la mentira muta a verdad, y pinta así, nuestra realidad con sus colores un tanto enfermizos. Un poco irreales.
Nos sumergimos en ese paisaje, nos bautizamos en él, lo recorremos, lo odiamos, lo queremos.

Cuando a veces la obscuridad se adueña del cuarto, escucho voces, y entre ellas, su voz, en ella puedes notar su miedo, el quiebre de un áspero respirar, temor a que su mentira sea descubierta.
Pues bien, todos sabemos cuál es la verdad, mas no importa, al menos para mí, no puedo yo, hablar por otros corazones, otras cabezas.
Me siento cómodo en su paisaje, el real, solo me incomodaría.

Él sabe, la obscuridad nunca viene sola, toda su corte viene detrás, buscando alimentarse de excesos, de temores, de atrocidades, todo es el mismo plato.
Algo debe darse a la noche, pues, de lo contrario puede terminar siendo uno el alimento de esas aves, esos fantasmas.
La noche me oculta y abraza, no le temo, y como siempre, algo tirare a sus fauces, para que aleje de mí a esos que vienen solo a molestar.

Leo, repaso, algún sorbo de alguna bebida, que va cambiando de fría a caliente y viceversa, me dejo llevar sorbo a sorbo entre paginas deseosas de ser leídas, pues hay vida en ellas, sí que la hay.
Hay más vida en esas páginas amarillas, llenas de letras negras, que en mi propia existencia.
Leo, de cara al ambiente con una nube gris, leo…y el cansancio me vence, las letras caen del libro, y yo, con ellas.

Como tarda el sol en venir (y en irse), bajo un frio tímido, estoy dormido, y no tanto, aún es demasiado temprano, puedo deducirlo por el dolor de mi cabeza.
De todas maneras, me aseo, utilizo mi mejor mascara, espero a que el sol tome todas sus fuerzas, y salgo a recorrer mi mundo, acotado, pero gigante a la vez.

Otra vez el sequito esperando en la puerta, otra vez el “oráculo” pensativo, mirando no sé qué en el techo, y todo se repite de nuevo, el día es igual que ayer, y así. Cuantas veces hablamos del infierno de la eterna repetición, pero bueno, aquí estamos. Repitiendo.

Partimos, bajo el sol, que no calienta tanto en invierno, pero ilumina, y como ilumina, tanto, que usamos lentes negros para evitar tanta luz. Molesta luz.
Partimos juntos, pero no de la mano, tampoco hablamos, solo nos miramos una vez, asentimos con nuestras cabezas, y es suficiente.
Somos iguales. El resto, el afuera, no interesa.
Vamos, en esta media verdad que es nuestro pasar, que nos oculta medio ojo de esta asquerosa realidad, somos ciegos, pero sabemos ver, somos ciegos, bajo el mando de otro ciego.
Entendemos que lo nuestro es más cercano a un sueño, y que todo es muy frágil, demasiado frágil.

Pensando esto último, recuerdo el rostro que me ha sido arrebatado, los brazos de los cuales he sido despojado. Ese beso que se fue, esos labios que ya no cubrirán mis labios, ni beberán mis lágrimas, ni yo las suyas, eso que se sentía tan parecido a lo que todos llaman “amor”, que daría por decir claramente que era, recuerdo mi mirada vacía en el espejo, quebrada, medio ser reflejado, mi otra parte fue arrebatada de aquí.
Sin embargo, mirando no sé qué en el techo, creyendo que pienso, ahogado en un sueño, todo es blanco, todo es transparente, y entre todo eso, entre todo lo borroso, veo que bailaremos la balada de los esqueletos, más tarde o más temprano, sé que tendré la mitad que me falta, y me burlare de las caras que se asoman frente a mí, voy a irme riendo, media risa, pero el baile será completo, hasta el final.
¿Hasta el final?, ¿o estoy viendo mi final justo ahora?
¿Es este mi final, aquí?
Y el “oráculo” se ha quedado sin palabras.

E.I.

20 sep. 2015

Sueña (1405)

Sueña,
si es solo lo que bien sabes hacer,
tiembla
cuando el sueño sea invadido,
cuando las serpientes acaricien tu piel,
cuando ásperas lenguas abracen tus ojos.

Este mundo no es el mismo
en tu pecho se demora el demonio de los sueños,
los sueños febriles,
todo movimiento se apaga,
serpientes anidan en tu boca
beben de tus ojos.

Caen desde los cielos de fuego
imágenes que te acompañaran
tu alma, despavorida,
huye.
Quedas hueco y aislado,
mece tu cama la mano que sofoca,
sueña,
si es lo que debes hacer.

Duérmete,
si los demonios
se han propuesto desmembrarte,
descansa,
si no eres empujado al infierno,
cerrados tus ojos
no te protegerán.
Ocultas en las sombras
se encuentran tus peores pesadillas.

Duerme si es que aun puedes,
duerme
si tu carne no arde en la hoguera,
tu alma se ha ido
tu corazón es roca,
y tus ojos…
ven más allá,
y sabes que el despertar
ya no es para ti,
una opción.

E.I.

13 sep. 2015

1555

1555

De qué modo lograr tu abrazo,

tu simpatía,
tu que nos tirado como semillas
en esta infértil tierra,
en este desierto
con sus oasis de huesos y sangre.

De qué modo lograr tu toque de suerte,
ser parte de tu pensamiento,
gota de tu sangre,
lagrima en tus ojos.

Lograr que vuelvas tu mirada,
yo, ya lo he hecho,
luego de este tiempo,
en que solo mi espalda te he dado.

Ser quien hunde tu pecho
en cada respiración,
espantando así,
esos demonios de horas nocturnas,
que anidan en él.

Moverse y estar inmóvil,
respirar a tu ritmo
caer cuando caes
existir si puedes lograrlo
desaparecer si no “eres”.

Puedo deshacer lo andado,
abolir el pasado
borrar mi marcas
y morir sin dejar rastro.

Sin lugar, sin polvo,
sin voces en el que fuera mi lugar,
alma desmembrada por el viento,
despedazada por las míticas aves.

Puedo irme cuando lo pidas,
irme si no vienes,
y si así fuera,
es que nunca he estado aquí.

E.I.

12 sep. 2015

Cuento 1557

I
Despertar.
Simple. ¿Es “realmente” simple?
A veces, lo cuestiono. Abrir un ojo, los dos, eso es simple, pero despertar…no creo que lo sea, al menos, no tenemos consciencia de lo azaroso que es, de lo complicado que puede llegar a ser, permítame corregirme sobre el segundo; creo que todo es azar. El despertar, es como la ruleta rusa. Nunca se sabe cuándo tocara el orificio cargado. Nunca se sabe, si el mañana estará ahí, de pie, esperando en nuestra puerta, en nuestra ventana.
Nunca hay certeza.
Quizá, quien venga hoy a levantarme del hermoso y placentero sueño, no sea el día, no sea el sol, quizá, sea la dama de blanco, o de negro. Y el sueño se perpetuara por los siglos.
Y luego, una vez arrancado del colchón que me sostiene y llevado a ese lugar, que me contiene, que me “guarda”.
Un lugar para que los domingos soleados, alguna gente, si es que ha quedado alguien, adorne con flores, y moje un poco el colchón de césped, así, para que luego  por encima nuestro pasen las aves, los borrachos melancólicos, y algún que otro animal atraído por un verde tan vivo, que irónicamente, cubre algo tan muerto.
Y la ironía, jamás termina; ignorado en vida, amado bajo la tierra, al menos domingo de por medio, hasta que el domingo o cualquier otro día, tenga algo más interesante que hacer, y así, como todo, se transforma uno, en…Nada, si, otra vez, Nada.
Hermoso.
Si bien me he salido un poco de mi tema, era lo que esta cabeza deseaba contar.
Desperté hoy. Punto.

II

Fría mañana de un invierno que se hizo desear, recuerdos somnolientos de otros amaneceres, muy, pero muy similares a este. Odiosamente similares.
En unos minutos más, habré salido de este lugar.
El abrazo de un frio tajante, me agrada, me recuerda que aun siento algo.
Detrás dejo mi habitación. Me dirijo pesadamente hacia la puerta que me absorberá, por completo en una sociedad cuyas piedras fundamentales son el odio, la traición, la indiferencia, la violencia, la muerte.

Aquí vamos, no comparto estos fundamentos, pero soy, lamentablemente parte de esta sucia sociedad.
Caras fantasmales, caras demacradas y ojerosas, temerosos, irascibles, violentos, idiotas vertebrados, que no saben que pueden pensar por sí mismos, consumistas imparables, adicciones sociales, y en medio de todo eso, reina la química, viven, vivimos a través de ella, nos acompañan durante el día y nos arropan por la noche.
Aquí es pertenecer a algo o ser nadie.

No les tengo pena, no les tengo odio, simplemente continuo por la vereda de enfrente. Prefiero no ser a nadie, a ser un temeroso imbécil preocupado por todo, aun cuando no existe problema, la preocupación surge por un único motivo, el “vacío”.
¿Es para reír no?
El vacío, somos animales, nuestro instinto nos lleva a buscar otros hombros donde llorar, otros brazos que nos carguen, ya que no podemos soportar lo inevitable de la soledad, no soportamos que nadie sostenga nuestro cuerpo, cuando inevitablemente, comenzamos a caer.
No soy más que nadie, yo estoy cayendo, pero no me interesa buscar que me sostengan.

Fracaso cada vez que, sin ganas, intento sumergirme en esta devastadora ola de gente.
III

Esta vez, me dejo divagar, me dejo equivocarme un poco más que lo normal, y en lugar de traspasar la puerta de cristal que me separaría por unos momentos de este extraño cuadro dibujado hoy, continuo el paso.
Recorriendo viejos baldíos, otras calles, me golpean viejos recuerdos, y quizá algunos, no tan viejos, otros, inventados, seguro pertenecientes a algún sueño; de esos que atacan aun despierto.

Son tan fuertes que siento los aromas, en mi piel puedo sentir el sol, y aquí hoy, el frio corta la piel.
El sol ahí afuera tibio, cobijador, calentando de a poco la carne, pero una vez dentro de esa vieja casa, pintada de colores tan gastados, tan grises, el tiempo también ha jugado con ellos pincelándolos con amarillos y rajándolos en algunos lados, ingreso, y el frio de la casa, puedo decir, cala los huesos.
Afuera, calidez, y aquí dentro, un frio que me quiebra.
No es el frio me repito, es el terror de caer en el recuerdo, ese que tanto esfuerzo puse en borrar.
Ridículo, pero verdad.

Me escapo de esa casa pintarrajeada de verdes, grises y musgos, y voy cayendo en un trance que no entiendo.
La gente desaparece, el día se parte y mi cuerpo ha perdido las fuerzas, solo quiero caer al piso y arrastrarme.
Y de un momento a otro, dejar de hacerlo.

E.I.

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5 sep. 2015

Mutando

Purpuras, violetas, grises, negros,

resacas de algo que fuere color piel.
Ojos blancos, dormidos, perdidos.
Secreciones.
Espectador,
nauseabundo, petrificado.
Roca.
Sol muerto.
Aves de paz,
metamorfosis,
aves de rapiña,
devorando ojos,
aves negras.
Apagado el último vestigio de luz,
colores, aun, más obscuros.
Ave negra en el borde de una amplia ventana,
recorre el cuarto.
La nada.
Fuego de vela y eso es todo.
En disimulado movimiento llega al borde de la cama.
Corto vuelo y sus alas acarician aquello que una vez piel fuere.
Devora blandos ojos.
Consigue,
antes de ser alimento,
una última mirada del lugar,
del paisaje.
Se ha devorado el ave negra,
tu visión y tu alma.
Ave de negras plumas y brillosos ojos,
devora todo, pero no entiende, es su única razón.
En siniestro vuelo, huye por la ventana.
En renegado aleteo, irregular, cae.
Ave negra, tierra, criaturas alrededor.
Agonizante final, para ambos.
Si aquellos agonizantes aleteos fuera gritos,
aterrorizarían a cualquier mortal.
Helarían sus almas.
Paisaje ensordecido.
Sangre.
Y así, el último aliento.
Ave negra, no lo sabías.
Ave negra, has devorado la muerte de un hombre.
Ave negra, ahora posas en el hombro de aquel.
Ambos están ciegos.

E.I

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