28 abr. 2013



Ensordecedor aullido,
oídos lastimados,
gota de sangre
que baja por tu cuello,
secándose antes de tocar la tierra,
detenida,
liquido de vida,
muerto,
por solo mezclarse en este aire inmundo.

Calla ahora,
silencio,
el aullido se ha ahogado,
todo se ha ido,
aves espantadas,
animales huyendo,
tiembla la tierra,
cuerpos embestidos por las bestias,
despedazados en la verde pradera,
tórnese negro lo que verde fuera.

Una noche inesperada
devora la luz,
tus pies ahogados en sangre,
silencio,
ascienden por tus piernas almas en pena,
las encargadas de consumir tu aire,
allí entiendes que el aullido no ha cesado,
eres tu quien ya no escucha,
a tus pies los restos,
y en tu cuello la sangre presiona cada vez más fuerte.

27 abr. 2013



Despierta dentro de un sueño,
el miedo erizaba su piel,
temores infundados,
solo el hecho de lo desconocido,
la irreconocible alegría de vivir,
eso,
con lo que siempre has soñado.

Sin látigos, sin castigos.
libremente poder acariciar aquellos salvajes ojos,
sin perjuicios, sin pecados,
solo moverse por el lugar.
Sin religiones presionando la existencia
sin dioses que nos castiguen.

Es un sueño,
pero en el has nacido,
es realidad ahora,
y puedes aquí,
rozar su piel,
cortar tus venas y beber tu sangre,
cada vez que la inmensa sed venga.

Allí,
se encuentran tus deseos jamás alcanzados,
ahora al alcance de tu mano,
nadie ordena,
nadie asesina,
utopía,
el temor cede paso al regocijo,
te deshaces de tu cuerpo.
Quédate.
No vuelvas, no vuelvas.

21 abr. 2013



Frías noches atravesamos en nuestro pasado,

tan frías como la muerte que hoy las resguarda,
frías noches de sangre en llamas,
noches en las que el agua se detenía,
verdes enredaderas mutando en blancos destellantes.
Corazones acelerados.

Noches quebradas por la inminente llegada del sol,
cada amanecer,
una cuchilla en la espalda,
un abandono,
un retorno a la realidad.
Despedazada la noche,
desteñidos blancos,
ojos en sangre bañados.

El duro golpe de retornar al día,
con sus bofetadas de muerte
y desesperación.
Deja vivir la noche,
una perpetua,
en donde seamos solo uno,
como lo fue en otros tiempos.

Aquellos en los que nada necesitaba recordar,
pues al alcance de mi mano todo se encontraba,
allí, donde había siempre cobijo,
allí donde nunca faltaba el regocijo.

El sol quemando rojos ojos,
buscando una noche como aquellas,
el día no muere, solo es más fuerte,
agobiado, arrastro mis rodillas por sus calles,
no poder ocultarse.

Las dagas más profundas,
el precio, he de pagarlo,
duele mi carne, duele mi alma.
No recuerdo mi sonrisa,
no recuerdo mi última respiración.

De cara a la verdad,
caigo desangrado,
ultima imagen, tu espalda,
te has llevado todo de aquí.
En rojo lago ahogo mis pensamientos,
en él me fundo,
en el dejo una lagrima,
que este maldito sol evaporara.

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