Frías noches atravesamos en nuestro pasado,

tan frías como la muerte que hoy las resguarda,
frías noches de sangre en llamas,
noches en las que el agua se detenía,
verdes enredaderas mutando en blancos destellantes.
Corazones acelerados.

Noches quebradas por la inminente llegada del sol,
cada amanecer,
una cuchilla en la espalda,
un abandono,
un retorno a la realidad.
Despedazada la noche,
desteñidos blancos,
ojos en sangre bañados.

El duro golpe de retornar al día,
con sus bofetadas de muerte
y desesperación.
Deja vivir la noche,
una perpetua,
en donde seamos solo uno,
como lo fue en otros tiempos.

Aquellos en los que nada necesitaba recordar,
pues al alcance de mi mano todo se encontraba,
allí, donde había siempre cobijo,
allí donde nunca faltaba el regocijo.

El sol quemando rojos ojos,
buscando una noche como aquellas,
el día no muere, solo es más fuerte,
agobiado, arrastro mis rodillas por sus calles,
no poder ocultarse.

Las dagas más profundas,
el precio, he de pagarlo,
duele mi carne, duele mi alma.
No recuerdo mi sonrisa,
no recuerdo mi última respiración.

De cara a la verdad,
caigo desangrado,
ultima imagen, tu espalda,
te has llevado todo de aquí.
En rojo lago ahogo mis pensamientos,
en él me fundo,
en el dejo una lagrima,
que este maldito sol evaporara.

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