16 nov. 2008

Vastas jarras de buen vino,
cumplido aceptado.
Ojos en fiestas perversas,
saliva, caídas eróticas.

Lanzado contra la dadiva,
el exterior que cubre los cuerpos, se despedaza.
Emanando así, lujuriosa y oculta sensación,
lanzada ferozmente,
devorando los cumplidos, las ofrendas y las almas.

Ciego el exterior,
brazos caídos,
guardia que ha muerto,
has quedado a mi merced.

Débiles de la carne, sumisos a los placeres,
caen, no hay remedio.
Disfrutan, malditos personajes,
aun cuando sus cabezas son devoradas.