26 ago. 2012


Lo importante,
ya no interesa,
no es vital,
es perecedero,
es…, ha transmutado en dolor.

De qué sirve sentarse
en este imperfecto presente,
de qué sirve,
si se vive en un silencioso pasado,
imágenes mudas,
atrapado,
por siempre detrás de mis pasos.

De que vale revisar el horizonte,
si lo que importaba ha cambiado.
Si las palabras se ahogan en el viento,
si mi mirada no puede posarse en ti.
Dejo que caiga en la tierra que me sostiene,
guardo mis palabras, en hojas de papel.

Que algún día,
levantarse mi cuerpo deberá,
que quizá alguien
venga de aquel horizonte
que he dejado de adorar,
que recorra este sitio
y recojan de algún libro olvidado,
estas hojas manchadas de palabras,
las que murieron en mi boca,
las que eran para ti.

21 ago. 2012


La belleza de la muerte,
el sabor amargo de permanecer
junto a un trozo brillante de madera.

Ahogo, sin perecer.
Gritos sin nadie quien los oiga.
Gritos ahogados en la nada.

El dolor de tu garganta,
con tus manos presionas y presionas,
arrancas pedazos de tu carne.

Furia, ya no hay descanso.
Paredes sangrando.
Tu piel ya es parte del cuarto.

Carne latiendo,
piel abierta,
no sientes dolor.

Dame lugar en tu viaje,
contigo quiero irme,
mi castigo fue nacer.
Libérame en tu piel.

12 ago. 2012


Cerbero, acuarela de William Blake.
Seguir al rebaño,
cuellos quebrados,
mirando siempre hacia abajo,
ojos maravillados por un suelo
cubierto de sangre.

No mirar hacia arriba,
el cielo no nos desea,
olvida tus pares,
te aborrecen, y te guían
hacia aquel matadero.
Solo ve tu mundo,
ese suelo ahogado en sangre,
y más abajo aun,
allí donde arden las llamas del infierno.

Caminando lentamente, en fila,
hacia el descenso,
hacia el desmembramiento de los cuerpos,
del alma,
imagino incontables brazos,
lanzas y dagas,
en perfecta precisión
atacando cada parte de este perecedero cuerpo,
despedazándolo.

Partes, serán devoradas por Cerbero,
el guardián de la entrada,
alimentado debe ser,
el cuerpo, el alma, todo,
todo, regado por ardientes rocas
o chorreando en las fauces de la bestia.

Alfombras con restos de viejos y nuevos cuerpos,
aun en el más horrendo de los finales,
cuando se supone el descanso eterno,
aun, no ha de llegar,
eternamente aplastados, pisoteados
por los expulsados que merodean el lugar.

Escapa al rebaño,
esfuérzate, no es el fuego lo que mereces,
existe para ti, otra salida,
destroza tu rebaño, despójate de todo,
no mires, vete, huye,
despavoridamente corre.

Haz lo que deseas,
no te ocultes en plegarias vacías,
a ningún lado han de llegar,
solo a tus oídos.
El cielo es sordo, mudo, ciego,
más cuídate del fuego,
todo lo escucha,
aun tus más profundos y obscuros pensamientos.
Está a la espera de tu duda.

Cuídate de lo que piensas,
más jamás dejes de hacerlo,
haz lo que tu instinto demande,
hazlo, no dudes,
y deja de lado cualquier remordimiento.

Vete, escapa,
abandona todo aquí,
no derrames una lágrima,
quema tus ropas,
grita hasta enmudecer,
todo lo que deseas, lo que piensas.
Y corre, no eres cobarde,
solo cambias de lugar,
para poder seguir.

Tus enemigos, están ocultos en tu mente,
eres tú mismo,
prepárate para darle batalla.
Que las heridas no te detengan,
que la sangre no disminuya tu paso.

Haz que el día vuelva a ser tuyo,
también la noche,
y todo aquello que este entremedio,
que tus sueños te pertenezcan.
Duerme y despierta, lejos,
muy lejos de aquí,
muy lejos de aquí.

5 ago. 2012


Aplastan cabezas, gritos victoriosos,
golpeando sus pechos, cual tambores de guerra,
movimientos de la tierra
alertan su inminente llegada,
tarde para huir, tarde para ocultarse, para cambiar.

Sentado,
aquí en la orilla de mi lago,
remojo mis pies,
una última vez,
siempre hay una última vez para todo,
nunca es preciso el momento en que sucederá.
La primera vez, ha desaparecido, o nunca existió.

Antes de ser llevado, aplastado,
he de probar las simples cosas,
he de rezar,
pues mi alma será sentenciada
por los barbaros que cabalgan hacia aquí.

Ojos estallando en mil pedazos,
ya nada queda por ver,
solo el venir de una increíble agonía,
bajo fuertes brazos y látigos de fuego,
recibiremos el castigo.
Los hemos invocado,
es nuestra culpa,
disfrutan el limpiar la tierra.

Mientras tanto,
los bosques caen en cenizas,
eso, tan solo sucede a sus pasos,
llamas que saltan tratando de alcanzar el cielo,
ese, que creemos merecer.
Lejos está nuestro deseo,
cerca, la salida merecida.

Allí no habrá cielo,
no habrá lagos en donde puedas refrescar tu cuerpo,
no habrá sol que caliente tus fríos huesos,
las lágrimas queman,
no llores, porque es lo que has pedido,
los has llamado.

Cabezas ruedan,
almas gimiendo por descanso,
más serán devoradas por los caballos de fuego,
el lugar está teñido de negro,
pincelado en rojos,
aun gimen algunas almas,
el devorador ya las ha visto,
hacia ellas se dirige.

El viejo lago,
sus aguas hierven,
se derriten tus pies en el,
tu cabeza admira su cuerpo desde lejos,
sientes el vacío de haber perdido tu inmortalidad,
duele ver tu alma destrozada,
no puedes describir nada,
no existen palabras.

Eres nada, eres un espacio en blanco,
obscuridad cubriéndolo todo,
eres víctima, eres testigo.
Has traicionado al lugar que te escogió,
has blasfemado una y mil veces,
has despreciado la vida,
y el seno que te protegido.

Culpable, culpables,
víctimas, testigos,
y luego…
la nada.

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