30 jul. 2016

No Volveras

En las sombras

permanece,
en las crecientes horas
de obscuridad
detrás de las negras nubes,
bajo el manto de seda
que cubre su cuerpo.

Oculta y desnuda,
oculta
contradictoriamente
expuesta,
no respondes al llamado,
aun así
las puertas
se abren de par en par.

Cruzado el umbral
no volverás
el daño está hecho
tu triunfo se dibuja en esa sonrisa,
el relámpago inoportuno
talla tu figura en la obscuridad.

Tu triunfo,
un momento en el aire,
un cuerpo vacío,
no volverás,
buscare rastros en la tierra,
en los vientos,
buscare,
tras mi espalda te ocultaras.

E.I.

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24 jul. 2016

Tus otros ojos

En obscuros y profundos ojos 

permaneces oculta,
a través de esos ojos
nos enamoras
nos encadenas
nos embriagas y elevas.

Dulce tu mirada
cubre el desértico paraje
cubres la muerte danzando a nuestro alrededor,
amarga muerte, amarga vida,
y una pizca de tu saliva
para endulzar
un espinoso vivir.

Embriagados con tu miel,
cerramos los ojos,
saboreándote,
besándote,
solo abrir los ojos
para penetrar en los tuyos.

Y el tiempo, frenéticamente,
nos azota,
más la sangre a nuestros pies
solo quita el frio
que poco a poco,
subirá.

Y tus ojos, y tus brazos,
se han cansado de llevarnos,
de llevarme,
siento ahora las púas del tiempo
el calor de la sangre
y el frio detrás de tus ojos.

Me robaste,
me llevaste,
me arrojas ahora al precipicio
y tus lagrimas son vinagre
y tus besos saben a carne putrefacta,
y tus bellos ojos se hunden
y veo al fin
tu verdadera imagen.

E.I.

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10 jul. 2016

La sed, siempre inoportuna, presentándose siempre a la misma hora, durante incontables madrugadas, la sed, sueño con ella primero, y en ese sueño, bebo y bebo, hasta el hartazgo, la saciedad jamás llega, y bebo otra vez, ese es el momento en donde la cordura amenaza con retirarse, despierto, sobresaltado, partes de mi cuerpo latiendo alocadamente, transpirado, tiemblan mis manos, dejo que los latidos y los temblores se calmen, luego me arrojo al frio piso, ese piso que termina por despertarme por completo, y me dirijo a beber, pues la sed, del sueño a la realidad, está allí, latente, esperando ser apagada.

Apagada la sed, apagada la desesperación, más el sueño, se ha perdido, mis ojos están demasiado despiertos y mi mente funcionando como no debería a esta hora, creo no poder seguir durmiendo, creo que seré anfitrión de los primeros rayos de sol, solo faltan unas horas.
Son las tres en la madrugada, es el tercer día, de la tercera semana, del tercer mes, de un tercer año(?).
Busco una luz tenue, y el libro que jamás dejo de leer. Busco entre sus páginas, el retorno del sueño, el escape al mundo que deseo tan ansioso durante las horas de sol, o, mejor dicho, durante las horas en donde todo es visible, en donde todo está allí, desnudo, porque cuantas veces el sol, terco, no asoma y se oculta tras las nubes grises, que amenazan con caer sin aviso sobre nuestras cabezas.

Me acerco al vidrio que da a la calle, de allí puedo ver mejor el cielo estrellado, esta frio, helado, me apoyo en él, mi cabeza duele y este frio parece calmar en algo, leo y observo, esta noche, esta tan sola, tan fría, quizá podría nevar, quizá podría llorar.
Me parece, ver formas, esa forma, entre el vaivén de los árboles, me parece que la noche, al final, no esta tan sola, la forma, y yo, detrás del vidrio.

La noche transcurre en silencio, salgo a recibirla, a meterme en ella, porque sabe de mí, sabe todo de mí.
Abraza mi corazón, pues poéticamente hablando, está en problemas, y esa forma, me recuerda tanto a lo que creí había olvidado, o se había olvidado la sombra de mí. Soy fácil de olvidar en todo caso.
El frio me recuerda que sangre aun corre por mis venas, mas allá de que me sienta yo muerto por dentro, destrozado por fuera. Una caja vacía y rota. Abollada por las patadas, de lo que llaman “destino” o lo que sea.
Hasta el sueño me has sacado.

El silencio de la noche, es tan profundo, tan profundo, que parece uno, estar sordo, pues, nada podrás escuchar. Amo tu silencio, y tus formas.
Me acerco a los árboles, y nada hay, solo mi mente, engañándome una vez más, entre enojo y decepción, entro nuevamente, dando la espalda a sus formas, a su silencio.
Apoyado otra vez en mi ventana, mis manos en el libro, y mis labios en una taza de café, turnándose con un cigarrillo que por allí he encontrado.
Me cuesta ver, lo que tengo que ver.

La sed ataca, otra vez, la dejo. Esperare un rato antes de vaciar un vaso de líquido para apagarla.
Y así, intentar otra vez, dormir.

Sábanas blancas, paredes blancas, cables y tubos, luces que ciegan, sobre mis ojos apenas entreabiertos, las formas van y vienen, no siento el frio de mi ventana, solo veo formas, y el ruido que provocan sus violentos movimientos.
¿Qué jugada a practicado mi mente?
¿Qué han hecho mis manos, dominadas por el sueño y la mente en ese momento, que han hecho?
¡Que he hecho!
No puedo ver claramente, no puedo moverme, no puedo sentir el frio de mi ventana, no la veo, tampoco mis manos sostienen un libro, y un ruido que no cesa perfora mis oídos.
¿Por qué me siento abatido y sin vida?
No recuerdo más que mi sed, y la desesperación, y tu forma, creo que hubo un engaño, pues el agua, se ahora que no era agua, y lo que raspaba mi garganta no era ese café o ese cigarrillo, que poco recuerdo, ahora, siento al sueño volver, y las formas se mueven cada vez más deprisa, y las luces se apagan, y las voces suben el volumen, y tu forma aparece, y ya siento el frio en mi cara, ya veo nuevamente las estrellas y caigo rendido, y ese ruido se calla, y caigo, y duermo, y en el último movimiento, ya sé que nunca jamás volveré a despertar.

E.I.

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8 jul. 2016

No estas

Que decirte,
si el sol no brilla hoy,
como hamacarte
si las cadenas
se han cortado,
y para siempre parece ser,
como llamarte para que a mi te acerques
si tus oídos permanecen sordos,
como abrazarte si nunca estas cerca,
siempre más lejos,
de lo que mis brazos pueden alcanzar,
cada vez que me acerco
el maldito viento
te aleja más y más,
¿podre secar las lágrimas,
rodando por tus mejillas?
¿podrá el árbol de sombras eternas
apaciguar tu calor veraniego?
¿darte abrigo podrá,
el fuego alguna vez?
Que decirte,
si no salen palabras de mí,
que decirte,
si en los sueños
también tú, eres un sueño,
como poder encerrarme,
como poder enterrarme,
y que tu estés allí
y me cedas,
al menos
una lagrima.

E.I.

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3 jul. 2016

Preguntas,

siempre lo cuestionas todo,
preguntas
si hay temor en mis palabras
si lo hay en mis acciones,
nada digo, solo callo ante tales inquisiciones,
solo te pido que mires mis ojos,
¿es que acaso ves vida en ellos?
¿es que ves temor en ellos?
Estos ojos míos,
muertos están,
y pueden verlo todo,
de otra manera.

Dulce apasionada mía,
apasionada por saber
si mi pasar por este lugar es molesto
o exageradamente placentero,
tus preguntas crecen,
deseas saber si en mi ser,
anida el temor,
si temo a la dama que cerca camina,
la que realmente ama.

Ve mis ojos,
penetra en ellos,
no hay temor en ellos,
hay intriga, si,
por lo que vendrá,
como será el continuo sueño
la eterna y profunda obscuridad,
me es molesto cada pequeño despertar,
cada salida de estas pequeñas muertes,
me asombra, en ocasiones
verme de pie, verme andar.

Temo al de afuera,
temo más a la luz del día,
pues allí es donde juegan los demonios
a plena luz,
los ves, te ven,
y te tientan con imágenes de otros tiempos,
pasados, futuros.

En la noche,
me muevo tranquilo,
seguro,
temo a tus preguntas,
y el temor es que
algún día podría contestarlas.

Sabes que, desde hace tiempo a esta parte,
los colores son iguales para mí,
que me he caído de este cuadro,
soy el que afuera permanece,
extraviado
y sin ánimos por volver,
pues, los sabores que se ofrecían,
han acabado,
esta vida se ha olvidado,
y aun peor,
mi muerte se ha olvidado
y aquí me ves,
moviéndome entre lunas,
esperando que aquella dama me vea,
caído, expulsado, esperando,
y me tome en sus brazos al fin,
así ya, jamás despertar siendo cuestionado,
seré parte de la perpetua y hermosa obscuridad.

E.I.

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2 jul. 2016

Animales

Animales muertos

animales en el desierto,
animales agonizando
en algún otro lugar,
en las cuevas
las que buscan para pasar sus últimos días
las que buscan para no perder la dignidad,
las cuevas que los protegerán
de las intrusas aves
de los ávidos depredadores,
las que cuidaran y ocultaran sus huesos
lo único que queda,
el resto.

Famélicos ojos,
en el reino de la noche,
penetran el obscuro manto y se abren paso,
ojos lascivos
que desean ver el agrio final.

Llevo conmigo trozos de seda,
pues si logro verte
podre tapar tus ojos
muertos o vivos,
pero muertos ya,
ellos no ven,
tu no ves.

Veo, te veo,
mi cuerpo colapsa
a tu lado, rendido, caigo,
tristeza y pena
traen los vientos,
eso me ha quebrado,
eso te ha quebrado a ti,
me arrastro hasta tocarte,
hasta poner una suave seda,
blanca,
sobre tus ojos.

E.I.

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