2 sep. 2009

Arrastrándose, rogando, lamentandose, viajaba así la vieja alma de una persona desamparada.
Un alguien abandonado por completo, nada sobre sus hombros, vacio por dentro, destrozado por fuera, un corazón corroído, y su alma, pues, en una cuerda floja.
Su mente castigada, comprometida, entregada a las manos de la locura.
Se arrastra, murmura, parece un canto. Si, lo es.

"Seré recordado en algún corazón?. Habrá pena cuando vean mi cabeza besando este sucio suelo?. Me extrañaras?. Habrá un lugar para mí en tu miserable mente cuando haya desparecido?. Dime, grítalo, aquí en mi oído, sordo, pronto he de quedar."

No hay retorno, para este insano personaje, no, jamás volver.
Derramara una lagrima en la seca tierra, lo hará, cuando sepa que nadie guardara un lugar para su recuerdo, ha pasado por aquí, y no hay marca. Fue evitado.

Aunque conozcan su horrible final, esa larga carretera que todos habrán de caminar alguna vez, en donde solo se ve dolor, sufrimiento, propio y ajeno. En donde el dolor solo desencadena más y profundo dolor. Sanar, significa perder, sanar significa que una parte ha muerto.
Lo recorrido, no lograra nada. Eres nada para ellos.

Y en habitación vacía, lúgubre, ni siquiera el sol asoma por la ventana, flores secas, y las espaldas de quienes creíste te acompañarían. Solo, arrastrándote, dejaras este inútil lugar.

Una marca, una que nadie vera, será lo que has dejado. La marca de tu lágrima al caer. Solo eso, nada más. Y un feroz viento se aproxima.

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