28 ago. 2016

Las manos secas,

agrietadas,
huecas, vacías,
húmedos ojos ven,
saben también
que es eso
un reflejo de su alma.

Caminos cruzados,
elegir,
o reposar
en infinitas posibilidades
infinitas consecuencias.

Harapos cubren tu cuerpo,
un cuerpo vacío,
sin deseo,
aferrado a nada,
expuesto al pasar del tiempo,
asqueroso tiempo,
un cuerpo que será harapos también.

En la nada de tus manos,
en el vacío de tu cuerpo,
reposan las ganas,
y no despiertan
ya no despiertan.

E.I.

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27 ago. 2016

Despues

En ese momento
caminando en la vida
senderos en el aire
el verde
amarillo y crujiente ya,
árido el camino
osamentas
en ambos costados
del bello siniestro camino.

Golpe de estrellas
frio
todo se hace propio,
la noche
absorbe el paisaje
cada tropiezo
resulta en una nueva herida
por la cual la noche
el camino
se mancha de roja y tibia sangre,
aun así,
el sendero llama a caminar.

No busca el pastor conducir a su rebaño
es siempre al revés,
las ilusiones los son todo
este camino lo es
la luna y su tenue luz
liberan esa, la hermosa figura,
tu mano no llega hasta aquí,
no quieres intentar
adentrarte en el bosque,
ya no quieres salvarme,
solo mentir,
el sendero está allí,
si me buscas,
estaré ya
a unos de los costados del camino.

E.I.

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21 ago. 2016

Dos

Dos.

Demasiadas manos agitándose.
Dos.
Sangre.
Los demás, son diferentes.
Indiferentes.
Humanos de jardín.

Mismas venas.
Valores.
La vista, el oído.
Engañan.

La soledad juega sucio.
Humedece a una roca.
Nubla los sentidos.
Vuélvete y hazle el amor a la locura.

Tanto perdido.
Seguía tus pasos y cortaba mis venas.
La sangre, mi guía, mi retorno,
mas no hay deseo de volver.

Los demás, que decir.
Nada.
Los odiare un momento.
Y luego olvido,
vacío, nada.

Seres históricos han devorado a sus hijos.
Traiciones y tragedias
en libros sagrados.
En libros de fuego.

Entonces tu puñal,
no significa nada.
Es solo una mancha en este mundo de traiciones.
Es solo un lugar,
en donde rebotara el rayo de sol.

No existe tu pensamiento.
Y tú, tampoco.
Has muerto. No soy yo el asesino.
Solo he cerrado mis venas.
Solo me he quedado aquí,
solo,
en el desierto.

E.I.

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20 ago. 2016

Relato 1704

I
“Calla, calla”, decía tu voz, aquel día, el ultimo que estuviste verdaderamente aquí, callarme no era una opción, no lo era, pues tenía tanto dentro.
Sin embargo, me quede en silencio, solo era tu voz, la calle, y el entorno, completando así, un cuadro digno de destrozar.
Un cuadro de dimensiones grotescas, de pinceladas sin sentido, de una profundidad horrorosa, de colores que no puedo nombrar, pues no los he visto jamás.

Creas caos, aun cuando el equilibrio es perfecto. Solo callo, no por obedecerte, sino porque he quedado petrificado, tu humanidad desaparece, cambias demasiado rápido, demasiado, nunca llegas, nunca te vas, el día la noche, se chocan, la luz la obscuridad, un nudo imposible, mi cabeza explota, vas demasiado rápido de un lado a otro, cortas mi garganta, y en un instante imposible de medir, mi cuello está intacto y todo vuelve, no obedezco tus palabras, solo no entiendo esto, y allí, bajo las lunas y los soles, soy solo una roca, un elemento más, para que tu hagas, lo que sabes, eres capaz de hacer.
En ocasiones, te maldigo. En ocasiones, no puedo odiarte.

Siempre pedias silencio, aun antes de que comenzáramos a hablar, silencio, mi tiempo fue siempre eso, silencio, y ojos cerrados.
Siempre acompañado de tu ausencia, miro a mi lado y allí siempre estabas, ausente, lastimándome, apretando mi corazón, y así, lagrimas malgastadas corrían por mi rostro.
No mereces lagrima alguna.
Permanezco callado, y un discurso se dispara, y se amplifica, mi cuerpo aun resiste, ya veré cuanto más, y las voces repican en mi cabeza, van y vienen, golpean mi boca y golpean con fuerza.
Silencio.
Y tu voz, llenando el lugar, invadiendo los oídos, pero tú no te escuchas, tu no, solo danzas alrededor, y no queremos saber el porqué.

II
No recordaba tu nombre, solo a veces, pues solo esas veces, el moría, y no decide qué hacer con su tiempo, con cada una de sus muertes, el no recordaba nada. Solo tu mano en su cuello.
Bella se presentaba ante él, y le rendía homenaje. Mas luego despertaba y ella se retiraba sin explicar por qué.
Y de su espalda crecían látigos, y espinas que se clavaban en él, y el dolor no era tan malo después de todo. Sentía algo más que el desprecio, algo más que la ausencia.
Siempre absorbido por esa presencia, su locura aumentaba, su excitación también, y la presencia se convertía en una helada brisa.

Los demonios no se compadecen, no, y tú, idiota que no sabes escapar. Y mueres una y otra vez, es tedioso hasta para mí, que tengo que escribir lo que me cuentas.

E.I.

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14 ago. 2016

Furia,

desbordada furia,
por estar aquí,
por no estar allí,
por el recorrido a empujones,
por respirar ese mismo aire,
ansiosa furia,
por este encierro,
por las verdes praderas en el horizonte,
las luces en la lluvia
las caricias de esas manos,
no pueden, no podrán,
calmar esta furia.

Furia,
explosiva,
violenta,
inesperada,
no acerques tu cuerpo
ni tu alma,
imagina una pared
y ocúltate detrás,
quizás no comprendas
no espero que lo hagas,
pues no sientes como yo,
lo que yo.

Furia,
de vivir amenazado por el futuro,
no busques brujos,
pues tu puedes leer tus manos,
esas mismas
que otorgaban, otorgan,
falsas caricias,
sin deseo, sin calor,
tus palabras no son amables
no son verdaderas,
en las noches más obscuras
apagas las luces
aquí
ahora
no mas engaños.

Dentro de la penumbra
me sosiego,
la calma es abrumadora,
respiro profundo
y siento paz,
soledad y paz,
cansado, tranquilo,
las aves que molestaban se han ido,
solo agua cayendo en mi ventana.

Levanto mi cuerpo,
y en paz,
tranquilamente,
destrozo mi memoria,
sin pensar,
sin recordar,
hundido en algún sillón,
me encuentro,
por primera y última vez,
en paz.

E.I.

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13 ago. 2016

Sobrevuelas las cabezas

de los caídos,
gotas de sangre
en tu boca,
el fuego se levanta,
desde el mar puedes ver
olas de muerte
azotando las costas,
mientras las almas
remojan sus pies
en estas, tus infectas aguas,
esperando ser devoradas
por la furia desatada.

Sobrevuelas tus victorias
tu cruel sueño,
la cruel verdad,
las serpientes que habitan tus ojos
envenenan mi mente,
mi ser,
los ojos de los que no hablan
me aturden,
la mentira en ropas de verdad absoluta,
y tu garganta expulsa
la más despiadada de las risas.

Aun, los que pueden ver,
aun, los que pueden oír,
los que te han visto venir,
en cavernas están ocultos,
el tiempo no existe como tal,
podrán asomar al día
o a una perpetua noche.

Sangre en el comienzo,
dolor y ausencia,
el sentimiento de la caída infinita,
no hay quien la detenga,
la soledad,
la degradación luego,
más sangre, más dolor
llegando el final,
el cuerpo en ella teñido,
por última vez, escribes la palabra,
por última vez, gritas el nombre,
por última vez, la ves dentro tuyo,
por última vez.

E.I.

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7 ago. 2016

Relato XII

Fue la madrugada con más y calor y humedad que recuerde, fue la noche anterior un derroche de energía y sentimientos, un derroche de imaginación, deseos y artes ocultas, se mostraron esas partes que tenemos, pero ocultamos o ni siquiera sabemos que están allí. Nuestros deseos más locos, nuestros demonios internos, ocultos atrás de algún pensamiento, o de algo.

La tarde no fue poco menos, solo que durante esa luz que se iba volviendo más tenue, más temerosa, siendo empujada par la obscura y espesa noche, no se veían nuestros reflejos, reflejos que iban y venían a placer.
Pasaba la tarde entre vientos y pequeñas lloviznas, pasaba lentamente, pero pasaba. La sed en esa soleada tarde era inmensa, saciarla no era tarea fácil, ni siquiera lo fue durante la mañana, pero aún hablo de la tarde, aún recorremos esas calles, de la noche me he guardado casi todo, pues solo ella sabe, y en ella queda.
Mientras las almas, las miradas y los sueños se chocan, y en ese mismo lugar también se esquivan, sucede lo inesperado, lo que nadie, yo al menos, entiende.
Lugar, para algunos mágico, para otros, solo lugar de paso, solo pérdida de preciado tiempo, un lugar que guarda recuerdos e imágenes que creían nunca jamás volver a sentir, o revivir.

Momentos en los que no se piensa en nada en específico, mis pensamientos, que puedo decir, nada en particular, nada científico, nada complicado, nada real, solo unos pensamientos sobre los sueños que últimamente he tenido, un repaso, borroso, pues mis sueños lo son, borrosos y peligrosos en algunos pasajes.
Pienso en aquellos ojos que soñé, pienso en porque me ahogo en ellos, porque ellos se ahogan en sí mismos, los tuyos.
Se ahogan en lágrimas que no puedo detener, tampoco tú puedes, y te ahogas en ellas.
Mis ojos solo ven puertas de salida, ninguna para entrar. Solo salidas.

La luna aún se viste destellante, sus mejores ropas de noche, arrastra su velo por sobre un violento mar y solo puede verse opacada por los enceguecedores rayos que suben, quieren taparte, pero solo logran que brilles aún más.

En el extremo de un eterno puente, al lado del río que hará que todo olvides, puedo verte, cerca ya, de beber de sus aguas, mezcladas con el agua de tus ojos. Hay corazones que se quiebran ante semejante escena, y se hielan, ya no recuerdan como latir, como cruzar el puente. 
Más atrás me veo, y, sin embargo, estoy en el medio de este pequeño puente, que siento, tiembla bajo mis pies, el miedo me invade, ahora veo miles de ojos sobre mí, y en ellos pueden distinguirse diferentes sentimientos, no voy a ahondar en eso, pero puedo verlos y sentirlos sobre mí, aún, avanzo, aún me muevo, espero pronto ser uno, pero mi cuerpo ha decidido abandonarme, me arrastro ahora, tú ya bebes, tus lágrimas mezcladas con el agua dulce del río.
Cuando a ti llego, ya has olvidado, me has olvidado, tus ojos secos, ya no me ven, se han ido, y yo separado de mi cuerpo, casi un fantasma, no se volver, no puedo volver, me he quedado aquí, del otro lado, mientras mi traicionero cuerpo, la carne y sus huesos, están allá, lejos, quietos, solo llega a mí el calor de un abrazo y el susurro de algunas palabras en tu oído, es mi cuerpo y aún puedo sentirlo, puedo verlo abandonarme.
Sin más, me siento a las orillas del río, pues una anima ya no siente, y pensamientos recorren mi cabeza, nada real, nada vivo, solo son mis ojos y los tuyos, ya puedo ver a través de ellos, puedo sentir a través de ellos, y siento paz. En mis ojos, ya es borroso el paisaje, ojos de anima, ojos muertos, solo veo salidas y un río.
En sus orillas aún descansa este espectro, y allí mismo un árbol busca abrirse camino hacia el cielo, lo dejo atravesarme, lo dejo y en él me dejo absorber, soy nada, soy tierra, ya no he de sentir y este, mi árbol, sus raíces han de beber del río del olvido, misma agua que me atraviesa y me evapora, ya no soy, pero algo continúa, he olvidado mis raíces mortales, soy otra cosa, me despido sabiendo que lo último que has dejado fue un sentimiento de paz. Me despido pensando, que ya no puedo pensar.

E.I.
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