27 nov. 2016

El dia

¿Dónde estabas

cuando el fin de los días
golpeaba furiosamente
las rejas de mi casa prisión?
¿Donde?

Fantasmas del pasado
y este futuro
se mezclan
y ya no pueden atravesar paredes
ya no pueden
dormir en los cuerpos,
¿dónde estas
cuando las cadenas
comienzan a caer
sobre las cabezas?

Horrores que solo he soñado,
dibujados frente a mí,
parecían de otro mundo,
utópicos,
y aquí, ahora,
llenan mis ojos,
devoran por completo el horizonte,
la locura es la realidad,
manos ocultas me desnudan y empujan
hacia la nada
hacia el abismo.

Triste pequeña persona,
cobarde,
escapando,
busco en el pasado
el momento en el que tu puñal
abre mi carne,
busco el momento exacto en el que tu
me enamoras con palabras y gestos.

Los susurros
eran alientos de muerte,
tu jamás morirías por mi
solo buscabas otra alma,
solo me desatarías en la locura
y tu diablo estaría satisfecho,
el está satisfecho.

El final,
tus manos,
la caída,
y en ella nada siento,
solo oigo tu risa,
y aun mientes,
abrazada a tu demonio,
mientes y ríes,
escuchas el único grito,
te olvidas luego,
del grito,
de la mentira,
de la muerte,
de mí.

E.I.

http://poesiasoscuras.blogspot.com.ar/

20 nov. 2016

El dolor,

si, el dolor,
el brujo lo conoce,
él lo guarda en su cofre,
o lo esparce
bajo sus maldiciones,
y tú,
deberías conocerlo.

Arena,
sangre emergiendo,
no corras
no,
solo más rápida,
más dolorosa
mas despiadada
tu muerte vendrá.

Nada aquí
puede apagar el dolor
nada aquí es para tu placer,
todo existe aquí
para tentar a tu alma,
enrojecer tus ojos,
y luego desaparecer,
hay algo de dolor
en lo inalcanzable,
en la ausencia.

Conoce bien la sensación,
el fantasma de la memoria
ha perdido sus cadenas,
ya no es tan atemorizante,
ya no más,
y notas que tu cuello pesa,
y tus manos
sienten y ven,
pues tus ojos rojos
han enmudecido,
tus manos,
sienten el frio,
ven las cadenas,
colgando de tu cuello.


E.I.

poesiasoscuras.blogspot.com.ar

13 nov. 2016

Rios

Siempre algo vendrá,

¿cuando?
tarde, siempre tarde,
mientras,
aquí inmóviles,
expectantes,
en esa espera
casi sin darnos cuenta,
morimos.

Te veo en una calesita,
te veo en ella,
veo el esfuerzo
por alcanzar la sortija
que te dejara otra vuelta,
que te dejara
saborear un poco más de vida,
tú crees,
aun,
en la maldita sortija.

Nada bueno surge de tus palabras,
las que dejas en aire,
nada bueno hay
en tu después,
en tu espera,
en la espera
que me obligas
que me empujas
a tener.

Pido cierres tu arrogante boca,
y que tus palabras
vuelvan a ti
y te destrocen,
como lo hacen con quienes
aquí estamos.

Juega tú, si es lo que quieres,
no molestes a los que no quieren hacerlo,
al menos, ya no más,
los que jugaban y se fueron,
los que nunca lo han hecho,
fueron los primeros en ver,
y tú, jugando y obligando,
logras alimentar tu ceguera.

Vemos los negros y blancos,
los brillantes soles,
las brillantes lunas,
vemos como se alimentan los ríos,
en los que indudablemente viajaremos,
eludiendo a aquellos
que, como tú, son piedras sobre el estómago,
buscando llevarnos
a las obscuras profundidades,
para cegarnos, para callarnos.

Para ti, una mala noticia debo darte,
este rio, que todo puede ver,
y pueden ver, pues sus aguas son cristalinas,
crece lento,
pero jamás
dejará de hacerlo.

E.I.

poesiasoscuras.blogspot.com.ar

6 nov. 2016

Terrenal Fragmento 2

V
Regresando un poco a la línea de tiempo sin cambios, recta, planchada, sin ruidos, sin emoción, la realidad en su más puro “ser”.
Volviendo a ese punto, a este punto, comienza una profunda conversación, pero la misma sucede sin segundas partes, yo, como segunda parte, no participo, solo escucho, esta conversación extraña sucede entre él y él.
Pregunta y respuesta, anécdota entre paréntesis, algún pegajoso e inútil recuerdo del pasado, y no hay espacio para segundas partes, todo existe en uno, en una misma sentencia, el problema y la solución, la prueba y el error.
Noche, hora no recuerdo, nuestros estados, eso tampoco lo recuerdo, y tampoco es algo que importe o que haga que la historia cambie.
“Lo conocí de muy joven, lo conocí sin querer conocerlo, a su vez el existía sin quererlo, pero aquí estaba el, estaba yo, negando lo que era y no podía ser cambiado, al menos sin tomar medidas drásticas. Como decía, lo conocí, podría decir que sucedió, como sucede un accidente, fue levantar la mirada y ver el paredón sin poder esquivarlo.
Fue en la calle, tarde de invierno, casi muriendo para dar paso a la noche, aún más fría, creo que la más fría que recuerde.
En la calle, un golpe, demasiadas disculpas y un apretón de manos que no debía estar allí, así fue como lo conocí, como me conoció, la casualidad, fue que ambos teníamos un mismo libro en nuestras manos, libro que provoco el encuentro, y finalmente se desata la conversación no pensada. Y quizá allí, una amistad tampoco planeada.
Compañero de grandes debates literarios, melómanos ambos, siempre cómodos en la noche, y en esas calles que, si bien no callaban nunca, permanecían en silencio para dejarnos hablar, siempre la noche es acompañada de vasos y botellas, siempre una conversación es más profunda cuando otros sentidos se encienden, y eso lo puede la noche y el ambiente que en ella se genera.
Pasaron, no sé, años, o meses que no completan el año, no podría asegurarlo en realidad, el tiempo, las fechas, son cosas que trato de tomarlas no tan en serio, pues de lo contrario no podría dar un paso más, aunque el tiempo, sí que nos toma en serio, a todos nosotros.
Entonces, mejor dejemos las marcas atrás y olvidemos eso de tachar nuestros almanaques.
Era una persona, bastante extraña, incluso para mí, que ya había sido catalogado por el entorno en que camino, como alguien ‘extraño’, pero bueno, uno puede serlo o no, depende desde que lado y ángulo se mire, locos o cuerdos, quien es quien en realidad.
Desde aún más joven, sintió el miedo en su espalda, supo que su nacimiento, había sido, por supuesto un accidente, siempre tuvo el sentimiento de que él, no debería estar aquí, todo lo veía desde afuera, nada lo hacía sentir que perteneciera a este mundo, a este lugar, a esta vida.
Siempre mirando todo, aun lo que le pertenecía por derecho, o por dinero, como ajena, un ser dormido, sin sentidos, sin nada, excepto ese miedo, miedo a una muerte dolorosa.
Entonces, a través de su miedo, ideo una forma de defenderse de esa muerte tan temida, siempre creyó que la mejor forma de darle muerte sería envenenándolo de poco, entonces, comenzó a probar día tras día, noche tras noche, un poco de cada veneno, solo logrando enfermarse por un par de días, y luego volver a salir y probar otro y otro y otro, hasta que su cuerpo, pudiera tolerar cualquiera de estos venenos conocidos, el veneno ya corría por sus venas, eran parte de él, incluso tuvo todos los excesos que su cuerpo y mente podían soportar.
La explicación, razonable para mí, fue que solo viva en sus lecturas, en sus libros y en lo que el escribía, era su mundo, allí no era ajeno a nadie, los protagonistas, le hablaban, esas páginas le hablaban, y sus escritos, lo tomaban, en muchas ocasiones como principal protagonista, allí, en esas líneas, conoció todos los venenos que el mismo probo, gota a gota, y aumentando las dosis, también supo de todos los excesos a los que expuso su mente, su cuerpo. Fue un auto flagelo, en vez de usar un látigo para castigarse, recorrió cada una de las muertes de sus libros, y busco la forma de evitarlas, pues se sentía como todos esos muertos en papel, muertos en las palmas de su mano, con el poder de volver atrás una página y volverlo a la vida, abandonar la historia y nunca su protagonista moriría, sería algo así, como inmortal, pero no, él no podía ser quien abandonara la historia, el leyó de palmo a palmo cada libro, y vivió y murió con ellos.
El problema, dijo, que al haber probado todo, al haber dejado todo, ya nada lo asombraba, o lo hacía sentirse fuera de sí, incluso ya, el miedo a la muerte dolorosa, no lo hacía temblar. Ya se sentía demasiado cansado de estar excluido de esta vida, y ahora, pero, pues su miedo, lo había llevado tantas veces al borde de la muerte verdadera, que ya nada, podía sacudirlo, ya nada podía emocionarlo.
El tiempo, para ambos, paso, pero parece no igual, no me preguntes, el tiempo es caprichoso, al igual que todo en esta vida, que se nos tira, como hueso a un perro.
Como te decía, el tiempo, se arrastró, corrió, y lo atrapo indefenso, en una de sus tantas lecturas, el libro cayó en mis manos luego de que sus cosas, fueran donadas en su totalidad, pues no había persona cercana a él, había sido muy minucioso en ello, había borrado todo rastro de su existencia, hacia años, que no existía como persona, elimino todo pariente, amigo y conocido, se extravió en su mundo y allí, se quedó, y allí pereció, o renació, en lo que a mí respecta, jamás se fue, solo renació, tuvo su vida, su dolor al nacer, de verdad esta vez.
El libro estaba en mis manos, con sangre seca en sus páginas, las ultimas que lo vieron en esa otra cosa llamada por el ‘no vida’, allí estaba, su final, su comienzo, escrito en letras resaltadas.
Por un momento reí, pues recordé sus miedos a la muerte por envenenamiento, que él creía tan dolorosa, y todo lo que hizo por poder evitarla, hasta el punto en que respirar ya no le era grato, me he reído, ya no lo hago. Pues estoy leyendo su comienzo, y puedo ver su noche, y la mano de una extraña amante, una amante, que paginas atrás se definía como bipolar, una mano dócil, piel suave, perfumada, incluso yo al leer esas líneas imagine la situación y cerré los ojos, y fue allí, cuando sentí el comienzo, frio en mi cuello y luego el fuego descendiendo por mi cuerpo hasta llegar al piso, si, tanto miedo al veneno, y el veneno fue esa mujer, ese amor bipolar, ese cuchillo dibujando en su cuello la marca de su nacimiento. Allí termina la historia de unos de mis mejores…amigos.
Aun lo veo, y lo leo. Por allí debe andar, saltando de libro en libro, escapando a los venenos, e ignorando que algo más simple terminara su historia.
Guardo el libro, guardo mis pensamientos y entre sus otros amigos lo coloco, para que entre ellos se pierda. Y no pueda yo, encontrarlo, y finalizarlo.”

E.I.

poesiasoscuras.blogspot.com.ar
Vergüenza (?),

obscuros pensamientos
cubren el sol, la mirada,
desde lo más profundo
son expulsados,
la luz,
afuera
contra ellos rebota,
asustada
retrocede
y la sombra se desparrama
por sobre las almas.

El único lugar al que pueden llevarte
es al profundo dolor
el de la carne
el del alma
al dolor del nacimiento
el agrio momento
ese
en el que sabes
que ya no eres inmortal.
Sedas negras, grises nubes,
allí,
envejecen con tu piel
obscuras grietas,
obscuros lugares del alma,
más cerca cada noche
de cubrirte con su manto.
Frio manto,
frio deseo,
muertos miembros.

Hundiéndote en la vergüenza
por la negrura de tus visiones,
pero es ella,
no tú,
quien obscurece los pensamientos
los sueños,
deberías dejar tu idiotez junto a tu vida,
ningún pensamiento debería avergonzarte,
nada de lo que hagas,
las cadenas del arrepentimiento
te ahogaran antes de la hora señalada,
expulsa a la vergüenza
entiérrala profundo, y más.

Media vuelta y ve lo que sucede
mira los hambrientos y sedientos lobos,
lamen tus huesos,
ya destrozaron tu carne,
ya bebieron de tu sangre,
solo manchas sin tiempo
en un árido suelo,
y aparece ella, imagen distorsionada,
es ella el hielo en tus venas,
es ella quien abría las negras grietas,
ella cuelga sobre su hogar
el cuadro de sus presas
pintado y firmado
con la sangre
de cada una de ellas.

E.I.
poesiasoscuras.blogspot.com.ar


Entrada destacada

Patios

Despertar dentro del sueño, tus ojos cubriendo mi cuerpo, tus párpados me acarician, sin embargo, la muerte, su aroma, está p...