30 oct. 2016

Pudiese

Si pudiera hablar

hablaría.
Si pudiera elevarme
lo haría.
Si mis ojos no sangraran
quizá
lloraría,
tanto,
que mis lágrimas te ahogarían.

Si el corazón latiera
pensarías que estoy vivo.
Si nada quedara entre mis manos
pedirías mucho mas
y las arrancarías,
tu codicia
no cabe en tu cuerpo.

No mueras en frente a mis ojos,
pues no sabes cómo jugar ese juego.
La sangre que pinta este suelo
no es tuya, no.
No juegues con armas
pues se recibir solo
un disparo, no más.
Uno a la vez.

No des vuelta tu cara
cuando las miradas hacia ti
son dirigidas.
Mejor vete
antes de que el infierno
note que has escapado.

Mejor,
yo me iré también,
devolveré el aire que he robado,
no perderé mi cabeza
porque tu así lo deseas,
triste,
canto,
cierro mis ojos, abandono mis manos,
te empujaran al averno de donde viniste,
y viajare lejos, lejos de aquí.

E.I.

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23 oct. 2016

(Terrenal – Fragmento)

Las campanas del juicio final, sonando al unísono, fuera de tono, caprichosamente desafinadas, dañan los oídos de aquellos que son alcanzados por tan desastroso sonido, penetrante sonido, casi mortal.
Cada vez más agudo, cada vez más desafinado, ya los hilos de sangre viajan de tus oídos a tu cintura en segundos, el sonido no cesa, la sangre tampoco, abrazado por los tibios hilos, no sientes el frio del lugar, agachas un poco tu cabeza, como si eso fuera a apaciguar algo, y ves, que tus pies están descalzos y ahogados en sangre, la tuya y las de otros.
Esa mezcla contiene dolor, lagrimas, y su color es tan brillante, extraño, y tibia, muy tibia, reconforta. Sangre acariciando tus pies, cubriendo el frio que azota de a ratos ese lugar en donde te encuentras, casi inmóvil, sangre que, sin que tú te des cuenta, consume tu carne, y pronto comenzaras a caer, ya en poco tiempo, tus ojos, verán a través de ese mar rojo perlado, veras cual brujo, a todos los demonios, los ángeles, los miedos, y vaya a saber que más, la sangre no miente, y tu tendrás el placer de ver en ella, directamente sobre ella, ahh como envidio esos ojos.
Quizá tu alma se hiele y muera, quizá tu corazón se detenga, pero piensa, todo lo sabrás, el universo en tus ojos, lo obscuro, la luz, el infinito, todo agolpándose en tus pequeños ojos, la inmensidad, en solo un par de ojos. Viaja libre a través del miedo, otros, supongo lo habrán echo, si no, ¿de donde han salido las épicas poesías y las historias de los lagos del infierno?
Esto último, quizá sea fantasía, quizá sea verdad, no vivirás para contarlo, y no creo en que luego de tu muerte haya algo más, así que no me esperes, pues yo pienso buscarte, pues ya ni siquiera existo aquí. No lo tomes a mal, pero nunca “fuimos”, nunca “seremos”, solo que esa idea de ser nada, ser pedazos esperando ser barridos, “no ser”, la idea floreció y encarno mucho antes en mí, que en ti.
Nade por ríos de sangre, me mezcle en sus historias, hice de sus lágrimas, mis lágrimas, por ellos llore, por ellos me hundí en una profunda y dolorosa pena. Y…para que, si ves bien, si aún puedes ver, en mi espalda están los huecos de sus traicioneras dagas, y también, si te acercas un poco más, veras marcas de sus asquerosas manos, líneas de sangre seca que jamás me abandonaran, mejor, grito yo, pues así, recordare lo que son, lo que fueron, lo que serán.
Cuando te hayas ido, no tendré otro remedio que buscar las sombras y allí, permanecer, esperar, estar, pudrirme allí, con los restos de los otros, esos otros que han visto antes que yo, antes que todos, decido ocultarme por siempre, desaparecer con la cabeza en alto, por supuesto, nunca diré el momento exacto de mi partida, de esa manera nadie me esperara, y nadie me recordara, será como nunca haber estado, lo cual, es verdad, pura verdad, nunca he estado yo, nunca has estado tu tampoco, solo que aún no lo procesas, aun así, es tarde, tu cuerpo ya se derrite. A mí, aun me queda maldito tiempo, como envidio tus ojos.
Harto de ser el mensajero con un agujero en la cabeza y los sesos desparramados por el piso, dando lugar a una horrorosa obra de arte.
Harto ya de todo eso, de todos. Las palabras serán mías, y alguna vez tuyas, como en otrora lo fueron, solo que ahora no habrá oídos enfrente a mí, solo algo, pues sé que tu creías que luego de que tu carne te abandonara, tu alma se escapara por allí, riéndose, tu serias algo más, no sé qué, jamás lo supiste, y yo, bueno, es sabido lo que yo pensaba y pienso sobre eso.
Igual, para que veas mi respeto por tu creencia, hablare a las paredes, a las estrellas y al fuego, solo por si acaso.

E.I.

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15 oct. 2016

Comienzo y final

La noche

tranquilamente duerme,
el día,
aún lejos
y dormido.

Animales y hombres,
sosegados
por los brazos de la noche,
duerme el instinto,
la sangre comienza a secarse,
y el hambre crece.

Tranquilidad,
los vigías de la noche
cuidan de todo y todos,
alertas,
cuerpos sin rostros,
en vuelos rasantes.

Pero no todo es paz,
no todas las respiraciones
son suaves y profundas.

Los vigías lo presienten,
lo huelen
lo sienten.

En un momento,
la noche se ve herida,
garra envuelta en llamas,
carne, tierra,
arrancados de la paz,
todo se ha transformado
en caos y en horror,
no es el día,
pero si,
el fin de la noche.

E.I.
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9 oct. 2016

Nadie

El fuego que se eleva
el humo en el horizonte
son los bosques
los que te ocultan,
los ojos ansían verte.

Las catedrales incendiadas
pues…
tú ya no rezas demasiado,
y ojos ansían verte.

Pocos los lugares
esos, en los que te ocultabas,
y el fuego se extiende.

No intuyes de quienes son
esos ojos,
ni él porque
ese afán de verte.

Mas fuego,
ya sobre los cuerpos,
y el grito de tu miseria,
esos ojos
ya no desean verte.

Esos ojos,
solo se hunden en las llamas
solo pretendían
ver de cerca
la muerte,
y entre ellas,
también la tuya.

E.I.

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8 oct. 2016

Sabía que vendrías,

más no quería recibirte.
Sé que tu paciencia,
no cabe en este mundo.

Cansado caminaba,
por calles de tierra
por el viento azotadas,
recibiendo todas ellas
hojas muertas
que el duro invierno
mata.

Continuaba mi paso,
continuo pero errante,
soñándote,
y negándote.
Camino,
y mi sueño te llama,
mas espero no vengas,
aun,
no he llegado.

Sé que estarás
cuando vuelva a mi cuarto,
sé que brindaras conmigo
antes de partir,
contaras historias
que tendrán sabor a propias,
me darás lo que he abandonado,
solo por un rato,
y te llevaras lo que arrastro.

Espero encontrarte pronto,
espero que seas
tal como sueño.

Te pido esperes
a que florezca aquel ultimo árbol,
que cicatricen las heridas,
y luego,

ven a mis brazos.

2 oct. 2016

Hojas

Hojas secas amontonadas en la puerta

la mirada perdida
el horizonte se muestra cruel
la devastadora ausencia del deseo,
una sonrisa
que el mismo viento
que apila el pasado,
se ha llevado.

Pateas las secas hojas,
enfrentas el destino
vuelves apenas un poco
la mirada,
y las hojas,
detrás de ti,
secas, apiladas.

La puerta que siempre abres
no muestra nuevos amaneceres,
solo esta profunda obscuridad,
el reflejo de tu corazón,
tu alma,
tus pensamientos,
el destino algunas veces soñado,
al cerrar esa puerta tras de ti,
queda sellado,
y extrañamente,
sonríes.

E.I.

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