29 jul. 2012

Pequeña historia


Fue, hoy, cuando mi cabeza se ahogo en estos pensamientos, fue hoy cuando todo desbordo allí dentro, fue hoy cuando en una simple caminata, una de las tantas imágenes que nos azotan día a día, colmó ese vaso.
Si, fue hoy, pero desde hace ya mucho tiempo, que estos ojos cansados de ver, alojan todo aquello en mi cabeza, en mi mente.

Simplemente una fracción de segundo, no lo sé, nunca se es exacto cuando uno trata de medir el tiempo. Es todo tan relativo, en situaciones incomodas, poco tiempo es una eternidad, y viceversa. No tratare de medir el tiempo, solo diré, que fue ese momento, ese instante.
Todo estalló.

De pronto aparecen ante mi estas caras de disgusto, expresiones mezclas de odio y violencia, caras desganadas, marcadas por tan agotador trayecto, aquí, en la vida.

Una escena que lleva comprender nuestra incompletitud, nuestra intolerancia, nuestra arrogancia, y por sobre todo, nuestra finitud como seres. Lo poco que somos, ante las grandes inmensidades como lo es el cielo, la tierra y todo aquello que desconocemos o aún no entendemos a causa de nuestras mentes finitas.

La intolerancia al pasar los años por sobre nuestros cuerpos, esa, que mayor se hace, cada vez que un reflejo nos ataca, para mostrarnos nuestra decadencia, nuestros cuerpos resquebrajándose, lentamente, pero de manera muy eficaz.
Esa arrogancia, que es abiertamente presentada a todos aquellos, que, por una causa u otra, están, podría decirse, por debajo de lo que uno aspira o aparenta ser, peor aún, lo que algunos creen ser, y a fin de cuentas, no son más que insectos.

Este tipo de personas, que nada son y todo se creen, estos que no son mejores que nadie, peores que ninguno. Según creo, todos somos lo mismo, venimos de lo mismo, nuestros pesares y alegrías podrán ser diferentes, pero nada más. Solo somos materia, somos carne, huesos, y piel.
Nuestras ideas, nuestras mentes, nuestros actos, eso nos definen, eso nos hace diferentes uno de otros.
Aquí, en esta pequeña historia, no pude entender a este ser, el cual, si tuviera que situarlo en la cadena alimenticia de los animales, sería el primero en ser devorado.

Aquí salieron a flote la arrogancia y la intolerancia de la mano. Una simple historia de una persona algo mayor, de paso lento, el que denota el arrastrar de lo vivido, y el pesar que nos depara el futuro, esta persona, víctima de la intolerancia de un ser más joven, un ser que aun no camina tan lento, y que habla por demás, ya que la sabiduría no le ha llegado, y por lo que he podido ver, jamás, jamás, llegara a él.
Por solo un instante, este paso lento, no llego a su destino, tan solo eso, un instante, lo que dura una respiración, solo por eso, fue desechado. Por demorarse.
Aun cuando esta persona entrada en años, debería haber estallado, no lo hace, se detiene unos segundos ante una vidriada puerta. Pide por favor, en gritos bañados de angustia, que esa puerta le sea abierta, ante esta actitud, el otro ser, el indeseable ser, prefiere hacer oídos sordos a sus pedidos, pero no cegar su mirada, la cual, va mas allá de la arrogancia que esta personita puede admitirse, su mirada degradante, dirigida a esta persona, que no conoce, que nada le ha hecho, solo es un ser mas en este suelo.
El no merece ser tratado de esa manera, nadie se lo merece. Ahora, ante la indiferencia de este hombre y la clara ausencia de cualquier virtud en el, las demás personas a su alrededor estallan también, solo que estallan en gritos de odio y desprecio ante semejante acto de estupidez, y así, este hombre ante la indignación y el disgusto de tantos, se digna a abrir la puerta al hombre; así, el hombre ingresa y en el mismo acto logra alejarse, de su angustia, de su humillación, oculta su odio, y se sumerge en sus pensamientos.

Mientras tanto, los gritos continúan, ya son insultos directos a este hombre-insecto, rodeado de personas que ya desean golpearlo, si ahora, fuese él, quien se demorara en sus pasos, sería sometido a la violencia de otros intolerantes, a la defensa de un igual.
Bajo la presión de estas personas, el hombre-insecto vuelve a su caja, ya no denigraras mas a nadie, ya que, has visto, no eres de temer, no eres digno de respeto alguno.

De pronto, todo desaparece, todo se calla, todo vuelve a ser cubierto por la bulliciosa ciudad. Todo se olvida.

Pero muchos recordaran, yo recuerdo, yo he cambiado una vez más. Mi mente ha dado otro giro.

Replanteo muchas de mis ideas, unas cuantas preguntas han desaparecido, otras tantas me he de formular.
Mi paso se vuelve pesado y errante, estoy sumergido en mis pensamientos, tanto que no he de escuchar más el murmullo de toda esta gente, los aullidos de estas bestias de metal.
Tanto que obscurecen mis ojos en pleno día, tanto, que ya he dejado de caminar, tanto que no he sentido las fauces de metal sobre mi cuerpo, tanto que me he dejado asesinar por un intolerante insecto que se movía a mi alrededor.
 

22 jul. 2012


Uno cree estar solo,
cuando en realidad,
se está rodeado de,
personas que han desarrollado
alguna clase de afecto hacia uno,
con la sola lectura de ciertos escritos,
algunos de ellos quizá podrían decirse,
amigos,
aun, sin habernos visto jamás en esta vida.

Estas personas,
que físicamente no están aquí,
y quizá, algunas de ellas ni siquiera, existan ya,
y ahora ocupen un lugar,
allí,
donde las almas se reúnen.
El que escribe,
a esto, nunca lo sabrá.

El que escribe,
desea la muerte,
pero negocia con su vida
para poder escribir un poema más,
leer un poco más,
llegar a otra mente una vez más.
Escribiendo, leyendo,
nunca se está solo,
así, nunca lo estoy,
en esta fría, obscura y solitaria habitación.

Solo he quedado yo,
más escucho,
al pasar,
que si he de morir hoy,
habrá suficientes brazos
para alzar mí lecho marrón,
suficientes invisibles amigos,
que me llevaran a mi casa,
allí, en donde no estaré solo.

Ahora, deseo escribirte,
mas ya, no he de tener el valor,
pues mi tristeza es tan profunda,
que temo tus ojos, enrojezcan
y en lágrimas se ahoguen,
privando de su belleza, al resto
que aquí se ha quedado.

Dejo, esas, mis últimas líneas,
las que no he de escribir,
libres a tu imaginación,
hermosa imaginación,
dejo mi deseo en el aire
en  aquella, no tan solitaria habitación.

15 jul. 2012


Ilusos los que creen
en que los amaneceres
consigo traen luz
y frescos comienzos.

Ilusos,
el tiempo no cura ni calma las heridas,
no borra los recuerdos,
las heridas, cicatrizan,
y allí perduran,
y nos hacen recordar.

Amaneceres,
continuaciones,
sin comienzo,
pero habrá un final.

Buscando absolución,
en plegarias nocturnas,
en agradecimientos diurnos,
vives pidiendo perdón.

Esperar, esperar,
el tiempo no está de tu lado,
solo la noche, la noche,
y ese agujero a donde escapas.

Escóndete allí,
deja que el dolor de tu herida
sea menor.

Deja que las estrellas
y una roja luna
te cieguen y te eleven,
abandona tu cuerpo un momento.

Tira por allí
los recuerdos,
tira por allí,
los afectos.

Escóndete allí,
en tu mente,
olvídate del amanecer,
abrázate a la noche y déjate llevar.

Solo corre,
corre y no mires atrás
cuando los soldados del alba,
regresen para destrozarte

8 jul. 2012


Levanta su cuerpo,
su alma aun tendida
en aquellas, no tan lejanas
vidas.

Refleja el sol
en sus ojos,
bañado su cuerpo,
imagen,
que ha de distraer aun,
hasta la misma muerte.

Belleza,
jamás el cielo ha cubierto,
tanta belleza,
las estrellas se apagan
ante ella,
la luna la acaricia,
realzando sus rasgos.

Los seres caen a sus pies,
ceden a sus caprichos,
los ríos corren hacia ella,
aun cuando su cometido
es tomarla en su seno.
Ella jamás cree lo que ve.
No tendrá el final,
de aquella historia que escuchaba.

Aun así,
llora,
cuando el sol se apaga,
cuando la luna se oculta tras las nubes,
llora,
busca aun lo que no llega,
pide por lo que no existe,
quizá, para ella.

Y llora, y llora,
no se ahoga,
no irá mas allá de lo que desea,
no disfruta de esta frágil vida,
siempre espera,
abre paso a la madre tierra,
regala su belleza a su madre,
y en el mas árido de los páramos,
asoma una hermosa flor,
y a su alrededor, verdes mantos,
y un manso rio recorre los colores,
y todos beben del agua más dulce.

Frio,
aun cuando caes,
velozmente,
dentro de las fauces del infierno.
El real, el inventado,
no importa aquí,
es tu infierno,
diferente del resto,
el que mereces.

Los perros que devoran
cada una
de tus extremidades
no tienen piedad,
destrozado,
flotando en un rio de putrefactos cuerpos,
sientes como tus heridas sanan,
las extremidades reencarnan en serpientes.

Ya no te ahogas,
sufres por el flagelo de esas serpientes,
que ahora, son parte de ti,
atacan tu torso,
arrancan tus ojos,
ciego, ya,
y un rio de sangre y fuego que no termina.

Gritos, que de nada sirven,
dolor que es el placer de otros,
alma que se retuerce en un rincón,
agua que no refresca, que no sacia esa profunda sed,
cielo de fuego, tierra incandescente
vueles o te arrastres, encontraras el dolor.

Recuerda, tiempos no tan lejanos,
vuelve por instantes a la cordura,
trae de cada viaje una imagen,
arma tu vida, de a trozos,
y di ahora, si has merecido esto.

Hoy fue un sueño,
agitado despertar,
sabanas rasgadas,
cuerpo bañado en sudor,
y el sabor de que no todo, fue imaginario,
terror de saber,
que ese sueño tuvo algo de realidad.

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