Nadie

El fuego que se eleva
el humo en el horizonte
son los bosques
los que te ocultan,
los ojos ansían verte.

Las catedrales incendiadas
pues…
tú ya no rezas demasiado,
y ojos ansían verte.

Pocos los lugares
esos, en los que te ocultabas,
y el fuego se extiende.

No intuyes de quienes son
esos ojos,
ni él porque
ese afán de verte.

Mas fuego,
ya sobre los cuerpos,
y el grito de tu miseria,
esos ojos
ya no desean verte.

Esos ojos,
solo se hunden en las llamas
solo pretendían
ver de cerca
la muerte,
y entre ellas,
también la tuya.

E.I.

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