Terrenal Fragmento 2

V
Regresando un poco a la línea de tiempo sin cambios, recta, planchada, sin ruidos, sin emoción, la realidad en su más puro “ser”.
Volviendo a ese punto, a este punto, comienza una profunda conversación, pero la misma sucede sin segundas partes, yo, como segunda parte, no participo, solo escucho, esta conversación extraña sucede entre él y él.
Pregunta y respuesta, anécdota entre paréntesis, algún pegajoso e inútil recuerdo del pasado, y no hay espacio para segundas partes, todo existe en uno, en una misma sentencia, el problema y la solución, la prueba y el error.
Noche, hora no recuerdo, nuestros estados, eso tampoco lo recuerdo, y tampoco es algo que importe o que haga que la historia cambie.
“Lo conocí de muy joven, lo conocí sin querer conocerlo, a su vez el existía sin quererlo, pero aquí estaba el, estaba yo, negando lo que era y no podía ser cambiado, al menos sin tomar medidas drásticas. Como decía, lo conocí, podría decir que sucedió, como sucede un accidente, fue levantar la mirada y ver el paredón sin poder esquivarlo.
Fue en la calle, tarde de invierno, casi muriendo para dar paso a la noche, aún más fría, creo que la más fría que recuerde.
En la calle, un golpe, demasiadas disculpas y un apretón de manos que no debía estar allí, así fue como lo conocí, como me conoció, la casualidad, fue que ambos teníamos un mismo libro en nuestras manos, libro que provoco el encuentro, y finalmente se desata la conversación no pensada. Y quizá allí, una amistad tampoco planeada.
Compañero de grandes debates literarios, melómanos ambos, siempre cómodos en la noche, y en esas calles que, si bien no callaban nunca, permanecían en silencio para dejarnos hablar, siempre la noche es acompañada de vasos y botellas, siempre una conversación es más profunda cuando otros sentidos se encienden, y eso lo puede la noche y el ambiente que en ella se genera.
Pasaron, no sé, años, o meses que no completan el año, no podría asegurarlo en realidad, el tiempo, las fechas, son cosas que trato de tomarlas no tan en serio, pues de lo contrario no podría dar un paso más, aunque el tiempo, sí que nos toma en serio, a todos nosotros.
Entonces, mejor dejemos las marcas atrás y olvidemos eso de tachar nuestros almanaques.
Era una persona, bastante extraña, incluso para mí, que ya había sido catalogado por el entorno en que camino, como alguien ‘extraño’, pero bueno, uno puede serlo o no, depende desde que lado y ángulo se mire, locos o cuerdos, quien es quien en realidad.
Desde aún más joven, sintió el miedo en su espalda, supo que su nacimiento, había sido, por supuesto un accidente, siempre tuvo el sentimiento de que él, no debería estar aquí, todo lo veía desde afuera, nada lo hacía sentir que perteneciera a este mundo, a este lugar, a esta vida.
Siempre mirando todo, aun lo que le pertenecía por derecho, o por dinero, como ajena, un ser dormido, sin sentidos, sin nada, excepto ese miedo, miedo a una muerte dolorosa.
Entonces, a través de su miedo, ideo una forma de defenderse de esa muerte tan temida, siempre creyó que la mejor forma de darle muerte sería envenenándolo de poco, entonces, comenzó a probar día tras día, noche tras noche, un poco de cada veneno, solo logrando enfermarse por un par de días, y luego volver a salir y probar otro y otro y otro, hasta que su cuerpo, pudiera tolerar cualquiera de estos venenos conocidos, el veneno ya corría por sus venas, eran parte de él, incluso tuvo todos los excesos que su cuerpo y mente podían soportar.
La explicación, razonable para mí, fue que solo viva en sus lecturas, en sus libros y en lo que el escribía, era su mundo, allí no era ajeno a nadie, los protagonistas, le hablaban, esas páginas le hablaban, y sus escritos, lo tomaban, en muchas ocasiones como principal protagonista, allí, en esas líneas, conoció todos los venenos que el mismo probo, gota a gota, y aumentando las dosis, también supo de todos los excesos a los que expuso su mente, su cuerpo. Fue un auto flagelo, en vez de usar un látigo para castigarse, recorrió cada una de las muertes de sus libros, y busco la forma de evitarlas, pues se sentía como todos esos muertos en papel, muertos en las palmas de su mano, con el poder de volver atrás una página y volverlo a la vida, abandonar la historia y nunca su protagonista moriría, sería algo así, como inmortal, pero no, él no podía ser quien abandonara la historia, el leyó de palmo a palmo cada libro, y vivió y murió con ellos.
El problema, dijo, que al haber probado todo, al haber dejado todo, ya nada lo asombraba, o lo hacía sentirse fuera de sí, incluso ya, el miedo a la muerte dolorosa, no lo hacía temblar. Ya se sentía demasiado cansado de estar excluido de esta vida, y ahora, pero, pues su miedo, lo había llevado tantas veces al borde de la muerte verdadera, que ya nada, podía sacudirlo, ya nada podía emocionarlo.
El tiempo, para ambos, paso, pero parece no igual, no me preguntes, el tiempo es caprichoso, al igual que todo en esta vida, que se nos tira, como hueso a un perro.
Como te decía, el tiempo, se arrastró, corrió, y lo atrapo indefenso, en una de sus tantas lecturas, el libro cayó en mis manos luego de que sus cosas, fueran donadas en su totalidad, pues no había persona cercana a él, había sido muy minucioso en ello, había borrado todo rastro de su existencia, hacia años, que no existía como persona, elimino todo pariente, amigo y conocido, se extravió en su mundo y allí, se quedó, y allí pereció, o renació, en lo que a mí respecta, jamás se fue, solo renació, tuvo su vida, su dolor al nacer, de verdad esta vez.
El libro estaba en mis manos, con sangre seca en sus páginas, las ultimas que lo vieron en esa otra cosa llamada por el ‘no vida’, allí estaba, su final, su comienzo, escrito en letras resaltadas.
Por un momento reí, pues recordé sus miedos a la muerte por envenenamiento, que él creía tan dolorosa, y todo lo que hizo por poder evitarla, hasta el punto en que respirar ya no le era grato, me he reído, ya no lo hago. Pues estoy leyendo su comienzo, y puedo ver su noche, y la mano de una extraña amante, una amante, que paginas atrás se definía como bipolar, una mano dócil, piel suave, perfumada, incluso yo al leer esas líneas imagine la situación y cerré los ojos, y fue allí, cuando sentí el comienzo, frio en mi cuello y luego el fuego descendiendo por mi cuerpo hasta llegar al piso, si, tanto miedo al veneno, y el veneno fue esa mujer, ese amor bipolar, ese cuchillo dibujando en su cuello la marca de su nacimiento. Allí termina la historia de unos de mis mejores…amigos.
Aun lo veo, y lo leo. Por allí debe andar, saltando de libro en libro, escapando a los venenos, e ignorando que algo más simple terminara su historia.
Guardo el libro, guardo mis pensamientos y entre sus otros amigos lo coloco, para que entre ellos se pierda. Y no pueda yo, encontrarlo, y finalizarlo.”

E.I.

poesiasoscuras.blogspot.com.ar

Comentarios