La sed, siempre inoportuna, presentándose siempre a la misma hora, durante incontables madrugadas, la sed, sueño con ella primero, y en ese sueño, bebo y bebo, hasta el hartazgo, la saciedad jamás llega, y bebo otra vez, ese es el momento en donde la cordura amenaza con retirarse, despierto, sobresaltado, partes de mi cuerpo latiendo alocadamente, transpirado, tiemblan mis manos, dejo que los latidos y los temblores se calmen, luego me arrojo al frio piso, ese piso que termina por despertarme por completo, y me dirijo a beber, pues la sed, del sueño a la realidad, está allí, latente, esperando ser apagada.

Apagada la sed, apagada la desesperación, más el sueño, se ha perdido, mis ojos están demasiado despiertos y mi mente funcionando como no debería a esta hora, creo no poder seguir durmiendo, creo que seré anfitrión de los primeros rayos de sol, solo faltan unas horas.
Son las tres en la madrugada, es el tercer día, de la tercera semana, del tercer mes, de un tercer año(?).
Busco una luz tenue, y el libro que jamás dejo de leer. Busco entre sus páginas, el retorno del sueño, el escape al mundo que deseo tan ansioso durante las horas de sol, o, mejor dicho, durante las horas en donde todo es visible, en donde todo está allí, desnudo, porque cuantas veces el sol, terco, no asoma y se oculta tras las nubes grises, que amenazan con caer sin aviso sobre nuestras cabezas.

Me acerco al vidrio que da a la calle, de allí puedo ver mejor el cielo estrellado, esta frio, helado, me apoyo en él, mi cabeza duele y este frio parece calmar en algo, leo y observo, esta noche, esta tan sola, tan fría, quizá podría nevar, quizá podría llorar.
Me parece, ver formas, esa forma, entre el vaivén de los árboles, me parece que la noche, al final, no esta tan sola, la forma, y yo, detrás del vidrio.

La noche transcurre en silencio, salgo a recibirla, a meterme en ella, porque sabe de mí, sabe todo de mí.
Abraza mi corazón, pues poéticamente hablando, está en problemas, y esa forma, me recuerda tanto a lo que creí había olvidado, o se había olvidado la sombra de mí. Soy fácil de olvidar en todo caso.
El frio me recuerda que sangre aun corre por mis venas, mas allá de que me sienta yo muerto por dentro, destrozado por fuera. Una caja vacía y rota. Abollada por las patadas, de lo que llaman “destino” o lo que sea.
Hasta el sueño me has sacado.

El silencio de la noche, es tan profundo, tan profundo, que parece uno, estar sordo, pues, nada podrás escuchar. Amo tu silencio, y tus formas.
Me acerco a los árboles, y nada hay, solo mi mente, engañándome una vez más, entre enojo y decepción, entro nuevamente, dando la espalda a sus formas, a su silencio.
Apoyado otra vez en mi ventana, mis manos en el libro, y mis labios en una taza de café, turnándose con un cigarrillo que por allí he encontrado.
Me cuesta ver, lo que tengo que ver.

La sed ataca, otra vez, la dejo. Esperare un rato antes de vaciar un vaso de líquido para apagarla.
Y así, intentar otra vez, dormir.

Sábanas blancas, paredes blancas, cables y tubos, luces que ciegan, sobre mis ojos apenas entreabiertos, las formas van y vienen, no siento el frio de mi ventana, solo veo formas, y el ruido que provocan sus violentos movimientos.
¿Qué jugada a practicado mi mente?
¿Qué han hecho mis manos, dominadas por el sueño y la mente en ese momento, que han hecho?
¡Que he hecho!
No puedo ver claramente, no puedo moverme, no puedo sentir el frio de mi ventana, no la veo, tampoco mis manos sostienen un libro, y un ruido que no cesa perfora mis oídos.
¿Por qué me siento abatido y sin vida?
No recuerdo más que mi sed, y la desesperación, y tu forma, creo que hubo un engaño, pues el agua, se ahora que no era agua, y lo que raspaba mi garganta no era ese café o ese cigarrillo, que poco recuerdo, ahora, siento al sueño volver, y las formas se mueven cada vez más deprisa, y las luces se apagan, y las voces suben el volumen, y tu forma aparece, y ya siento el frio en mi cara, ya veo nuevamente las estrellas y caigo rendido, y ese ruido se calla, y caigo, y duermo, y en el último movimiento, ya sé que nunca jamás volveré a despertar.

E.I.

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