2 abr. 2013



Que nadie,
de ti hable
si es que no ha vestido tu piel.

El lunático aquel que lloraba
cada vez que soñaba,
lo hacía,
por ser consciente en su sueño,
de ser el mismo, un sueño.

Entre las voces que reprochan,
te mueves,
entre imágenes de lo que no existe,
te revuelcas.

En vigila o embriagado de sueño,
siempre soñando has de vivir,
allí están todos tus cuadros,
allí tu reflejo te abraza.

Cuentas hacia atrás,
ves todo desde el aire,
te sientes como un dios,
y caes cuando nada puedes deshacer,
un dios, sin poder alguno.

La caída siempre
tus ojos abre,
y nada más que extraños colores ves.
Deseas ver blanca tez,
suave piel.
Ojos cerrados otra vez.

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