Nada como casa

Viajó un día, pues quería el conocer, admirar, disfrutar en ese lugar, que cada día, hacia sus sentidos, mezclarse y estallar, erigió su cuerpo indescifrable, sus súbditos se lanzaron todos contra el piso, muchos sufrieron sus pisadas, otros, agradecían, no haber sido alcanzados por su pie, en la suma, al final del día, (si es que había día, y había final) era un poco menos de dolor. Embistió las infinitas rocas de fuego, y comenzó su viaje. Aquí, el lugar del resto de tu vida, mostrándose de par en par, este mundo quiere seducirlo, a él, sí, no bromeo, no, su música, sus más obscuros rincones, los locos reinando sobre montañas de basura y huesos, niños con cadenas, arrastrando piedras y troncos, el hombre contra el hombre, derrumban, incendian sus Iglesias, ya rezamos poco y nada, vociferaba un cartel colgado en los pies del ahorcado, caminó, sus ojos se llenaron de lágrimas de fuego, golpeaba su pecho, era parte de su labor, lograr esto que ocurría...