Vastas jarras de buen vino, cumplido aceptado. Ojos en fiestas perversas, saliva, caídas eróticas. Lanzado contra la dadiva, el exterior que cubre los cuerpos, se despedaza. Emanando así, lujuriosa y oculta sensación, lanzada ferozmente, devorando los cumplidos, las ofrendas y las almas. Ciego el exterior, brazos caídos, guardia que ha muerto, has quedado a mi merced. Débiles de la carne, sumisos a los placeres, caen, no hay remedio. Disfrutan, malditos personajes, aun cuando sus cabezas son devoradas.
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