
Eres realmente maldita, los látigos de fuego han marcado tu destino, haces que de mi se diga soy un santo. Y tú eres la que dice que el mismísimo diablo ha tocado mi hombro, pero el error te consumirá, eras tú, quien se apoyaba en mi hombro, fuiste tú quien convirtió en cenizas el bosque de la ilusión. Tu, demoniaca mujer, tu, ya no hay dolor, ni siquiera pena, solo cenizas mecidas por el viento. E.I. poesiasoscuras.blogspot.com.ar