FRIO

FRIO Sentía el frio peso en sus manos, no había nada familiar en lo que sostenía, pero bien sabía lo que era, conocía su forma, había sentido su peso antes, su corazón (su alma ¿?), se había helado, frio que perfora cualquier cosa que se interponga ante él. Sentado allí, sus ojos, brillosos, sonrisa paranoica en su rostro, manos tiemblan, pero no sueltan el frio destino, y recordó esa vieja frase, o dicho, o lo que sea, que nunca jamás significo nada para él, “cuidado con lo que deseas, podrías obtenerlo”, o algo así. Gritaba al cielo, gritaba a la tierra, sus puños daban contra las paredes, dejando manchas de su ira, pedazos de ella, sus manos tienen un discurso en esos sangrantes nudillos, golpeados, hasta el mismismo hueso. Sus ojos, el no volver, el no desear, esas furiosas ganas que dan los deseos, seguro mañana desaparecerán, come esos ojos, cómelos, disfrútalos, pero jamás me saques de mi cueva, del obscuro hoyo en mi cabeza, es deseo, y mañana ...