Despierto, mirando fijo a ninguna parte, ¡ojos quietos ya!, aún estoy intentando acomodar mis pensamientos y junto con ellos, mi cuerpo, que tampoco parece aceptar la idea de despertar y ser golpeado por el día que lo espera afuera. Tranquilo reloj, ya estoy poniéndome de pie, tranquila calle, ya tendrás tiempo de sobra para absorberme, ten paciencia puerta, ya estaré acariciando tu aromática madera y saldré a través de ti, para que la calle, la sociedad, me absorba por completo. Un despertar tantas veces repetido, todo un cuerpo en caos, que no se ha enterado que aquí estamos, otra vez despiertos, otra vez desnudos fuera de los sueños, vulnerables nuevamente, y no tan listos para soportar las horas que van a golpearnos duramente, para luego depositarnos como a un borracho, en el escalón de la puerta. Odioso despertar, repetición, insoportable. Esta sociedad endemoniada, caras fantasmales, demacradas, temerosos, cansados, otros, totalmente irascibles, violentos, idiotas v...