2 jul. 2017

020717

Despierto, mirando fijo a ninguna parte, ¡ojos quietos ya!, aún estoy intentando acomodar mis pensamientos y junto con ellos, mi cuerpo, que tampoco parece aceptar la idea de despertar y ser golpeado por el día que lo espera afuera.
Tranquilo reloj, ya estoy poniéndome de pie, tranquila calle, ya tendrás tiempo de sobra para absorberme, ten paciencia puerta, ya estaré acariciando tu aromática madera y saldré a través de ti, para que la calle, la sociedad, me absorba por completo.
Un despertar tantas veces repetido, todo un cuerpo en caos, que no se ha enterado que aquí estamos, otra vez despiertos, otra vez desnudos fuera de los sueños, vulnerables nuevamente, y no tan listos para soportar las horas que van a golpearnos duramente, para luego depositarnos como a un borracho, en el escalón de la puerta.

Odioso despertar, repetición, insoportable.

Esta sociedad endemoniada, caras fantasmales, demacradas, temerosos, cansados, otros, totalmente irascibles, violentos, idiotas vertebrados, que olvidan que aún pueden pensar por si mismos. Todos adictos a la ira, adictos a la velocidad mortal de estos días tan extraños, que a veces parecen no terminar jamás.
Maquinaria que se alimenta de sangre, la nuestra, mas no sin antes, limpiar nuestras cabezas, vaciarnos.

Vereda de enfrente, ahí estoy (o creo que estoy), sin sentir pena, sin sentir odio, soy nadie en este lugar que obliga a ser algo, a no pensar, solo obedecer, solo caminar y empujar.
Quiero irme por el desagüe, quiero que la golpiza comience en este momento, pues sabré que ese es el final de un día. Se que estaré en mi escalón, sé que estaré lejos de aquí, sé que no tendré que mentir y que podre arrancar mi piel.

E.I.

poesiasoscuras.blogspot.com.ar


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