Ha bajado de un negro corcel,
marcas del tiempo,
manos manchadas de inocencia,
sobre su espalda los llantos.

Su visita no es mas que el final,
el sol muere a su paso,
no tiene cuerpo, no tiene alma,
entre los cuerpos mortales, camina.

Acaricia rostros,
huele cabelleras,
disfruta de su maldad.
Ama su maldad.

Se desliza,
suave brisa,
su negra capa baila con aquella,
aun se ven rojas lagrimas.

No debe irse con sus manos limpias,
solo observa,
se eleva, y alli,
su proxima alma.

Alma inquieta,
cuerpo insensible.
Inyectos ojos de sangre,
ahogo.

La negacion de lo inevitable,
ahora es cuando el cuerpo siente,
cuando el ojo, todo lo ve.
Se aterroriza y se desvanece.

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