12 may. 2009


Recorriendo un interminable sendero,
un deseo afanoso por el descanso.
La saciedad del llegar.

No descanses,
no hay parajes para ese propósito,
cada paso, aviva un poco más el fuego.

Recostado el cuerpo,
el verde césped que adorna,
se transformara en filosas dagas,
desangrándote en soledad.

Herido, cansado, completamente abatido,
aun así,
debes continuar el camino,
enloquece ansiosa sed, sed de llegar a casa.

Manos detrás de la espalda,
debatiéndote entre cielo e infierno,
pensamientos malvados, debilidad.
Todo lo que quieres, lo que odias,
todo al costado de tu camino.

Religión, blasfemias, rezos,
resignación, perdón y piedad.
Todo se mezcla,
nada es como se presenta.

Aves que atacan tu cuerpo,
pasan frente a ti y luego,
luego caen en ardiente tierra
y mueren.

Odias el momento,
promesas de volver,
el temor produce engaños,
tu mente no percibe.

Débil paso ya,
fuego que arde en el pasado,
Océanos de lagrimas, sangre, tu sudor.
Cielo que se quiebra ante tu dolor.

Luz, nunca más.
Manos en el sendero.
Fuego en tu cuerpo,
en tus manos.

Eres piedra,
eres cenizas ya,
sin pasado, y un presente petrificado.

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