Despertar, conociendo la lejanía de tu cuerpo,
mas tu silueta, se dibuja en este lugar de cuerpos cansados,
entre rayos de luz y borrosas visiones,
es tu sonrisa la que se esfuma.

El frio, acerca de a poco la realidad al cuerpo, a la mente,
que, embriagada de sueños, me muestra todo aquello de lo que carezco.
Despertar deseando que los ojos obscurezcan,
que el sueño proclame su victoria, y me lleve.

Nada más que espacios en blanco,
veloz es el tiempo, tanto que no se reconocen los colores,
en la tristeza de ese paso veloz y cruel,
caigo en las manos del sueño, el que todo trae y detiene.

En él, despierto,
en el, muero,
en él, no hay fuego que consuma mi cuerpo,
en los suburbios de la mente, busco ocultarme.
Sin éxito, soy descubierto y despedazado por los sabuesos de la realidad.

Otro despertar,
esperando las señales de que aquí me encuentro.
A punto de ahogarme en mis manos,
recuerdo voces nocturnas, sonrío, y cierro mis ojos.

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