30 sep. 2010

Descarga tus hombros,
deja a un lado esa cruz,
al menos por hoy,
relájate, tiende tu suave cuerpo
en el inmenso verde de la pradera.

Recuéstate, nota el hermoso paisaje,
te rodea desde tu huida,
no lo has visto, no lo has disfrutado,
el peso, el enorme peso, te ciega,
corta tu voz, impide que tu cuerpo hable.

Millones de estrellas,
millones de años,
todo ante ti, rodeándote, abrazándote,
consolándote.
Tu cuerpo, cansado, no pierde su belleza.

Las flores te ocultan, solo en parte.
Te hablan, te acarician,
las estrellas, vigilan por ti.
Solo cierra tus ojos y sueña con ellas.

Las bestias han huido a sus pesadillas,
y las que aun despiertas quedan,
devoraran los corazones de aquellos
que no son seducidos por la belleza de su hogar.

Mientras duermes, deja pasar a mi espectro,
déjalo que se acerque a ti,
creerás que solo una brisa de una fugaz primavera es,
déjame, podre verte, podre llevarme las formas de tu cuerpo.

Recordare, por siglos, hasta el final,
ese final que los filósofos se discuten,
ese final que es un comienzo,
un final que podría llevarnos a cuestas.
Un final en el cual, comenzaríamos juntos.

1 comentario:

Lorena Cano Vázquez dijo...

Es un poema oculto, que solo los que saben mirar a través de el, pueden verlo y apreciarlo. Excpecional. www.comoplumalviento.blogspot.com

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