Pedias

Que pedias a gritos, siempre, el oído gentil, que en mí, no ha sido otorgado. Que pedias a gritos, siempre, esa mano sanadora, que a mí, como simple mortal, no se me ha otorgado. Que llorabas, y entre mar y mar, liberándote del ahogo, dolorosamente, pedias, por el hombro, esa parte del cuerpo que sostiene la cabeza del que cae. Me pedias, cosas que no tenía, y si allí estaban, mi ignorancia me impedía reconocer. Te he ofrecido mi oído, te dado mi mano, mi hombro es tu almohada, mi cuerpo es tuyo. Pero a ti, no te servía, en el principio era alguien útil para ti, luego, volaste demasiado alto, y yo, encadenado aquí. Pues mi cuerpo vuela solo de noche, cuando entre líquidos y risas, caigo rendido, más al tajante rayo de luz despierto, y la realidad me despabila de un solo golpe, certero golpe. Te he dado, tanto, y más, he cambiado las agujas del reloj, tanto que ya no me reconocía, ...