Patear las viejas convicciones,
descartar la absorbente rutina.
Rutina y convicciones,
cual garrapatas en un canino,
chupando nuestra sangre, nuestra vida,
acostado, no darse cuenta de nada,
pero escuchando de costado,
como se mueve, aquí a mi lado,
el ánima de la felicidad.

Es un anima, si,
es intangible, existe, y no es,
jamás he tocado su piel,
jamás he abrazado las sensaciones.
No he sentido tu respiración,
ni he bebido de tu elixir.
No existes entonces.

El resto, lo que chupa vida,
lo que quita,
esta aquí, aprisionando mi cabeza con viejas almohadas,
siempre al punto de robar el privilegio del aire, del respirar,
allí, con precisión exacta,
abandona la presión y deja explotar en bocanadas.

He de escaparme de tu obscuridad, puede cortarse,
es espesa, y hasta huele,
la luz no se anima,
debo rogar para que solo un rayo ilumine mi despertar,
algo bueno ha de haber, así, al menos no he de contemplar el reflejo inmundo
de esta, mi imagen, la del día a día, la que les doy a los que me rodean,
la que les doy a todas las mentiras que son escupidas en mi cara,
disparadas al corazón, a la cabeza.
He de desconfiar de ti, de todos, del mundo,
nadie me ha rescatado de la asfixia,
nadie ha puesto bajo tierra estos fantasmas,
nadie a quemado estas penas.

Duermo, y duermo con notas musicales,
notas que me recuerden otros tiempos,
otras vidas,
que tuve, que quise, ¿que tendré?,
y te espero entre los dibujos de cada nota,
te espero en cada ritmo,
el corazón despierto,
la mente engañando y el cuerpo, bueno, el cuerpo, solo se desploma en el viejo colchón,
y allí espero. Y espero..................te espero.

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