15 feb. 2015

Barco

Cuantos abandonando el barco

la travesía es cruel,
lo seguirá siendo,
todos fueron avisados,
quienes continúan,
están quebrados,
alienados,
“¿hemos hecho algo mal?”,
preguntas al único oído,
el del viento que roba las palabras,
el mar se ve infinito, y allá,
se une en abrazo fraternal con el cielo
que nos cubre, y amenaza.

La locura era parte de este viaje,
el quiebre del alma,
la fe saltando por las podridas maderas,
los coletazos del diablo sobre el mar,
las manos de un Dios agitando aún más el mar,
ahogados, locos, ajusticiados,
la muerte antes que el dolor,
todo junto,
aquí,
en estos pequeños, pero infinitos límites.

Tu divina historia,
hiere los cuerpos,
entienden el sentido de la ceguera,
el porqué de las ahogadas voces,
ya no miran, ni pueden escuchar,
nada que ver, además,
el infinito esta donde ha de estar,
y nuestro reflejo vive arriba
tanto como abajo,
almas en disputa,
corazones que han dejado de latir.

Hay quienes piensan en aquellos labios,
aquellos brazos,
pequeños, fuertes, despojados de la mentira,
por segundos, escapa la sonrisa de felicidad,
de sosiego,
inmediatamente, lagrimas secas
cortando la tez,
solo para eso sirve el recuerdo,
para hacer que este presente, sea cada vez
más y más insoportable,
para que la mano lleve el frio puñal,
allí,
donde el cuerpo se vuelve tan débil.

Tentado a besar las fauces del océano,
tentado para no dejar recuerdos,
no deseo que ellos vengan a mí,
partir antes que ti,
aunque tú no navegas entre los locos.

No deseo perder tu recuerdo,
de cuando corrías, y te lanzabas aquí,
no deseo la imagen de la tierra sobre tus ojos,
parte de mí, de ellos,
ya ha perecido,
atormentados,
continuamos,
buscando esa orilla,
que se aleja, cuando estamos tan cerca de ella.

Condenados los soñadores,
por las eternas noches,
por los odiosos soles,
dejo vagar mi obscura mente,
liberada,
solo seré huesos y carne,
denme las cadenas que me atan aquí,
abriguen mi cuello,
desde el fondo de mi mar,
quizá,
no te veré partir.

E.I.

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