11 jun. 2017

Agujas

Movimientos,
suaves roces,
nada tienen que ver
con la voluntad
de este cuerpo,
de alguna manera,
parte de esta frágil y precaria carne
se mueve.

Frías manos,
las de un soñador,
el que sueña despierto,
el que vive dormido,
el que vive
día a día
su muerte tan ansiada,
su escape de esta prisión al aire libre,
en donde la libertad
no es más que una palabra,
una mala palabra,
una mentira,
esa libertad, existe,
solo en las mentes tan poco desarrolladas
de muchos de los que vagan por los paramos
de esta cruel tierra,
bañada en sangre,
que tantos evitamos ver,
hasta que nos ahogamos en ella.

Pero siempre se cruza la imagen
la que un principio creí,
era un maldito reflejo
una imagen fantasmal,
luego del roce de mis dedos contra
tu suave piel,
solo pude pensar que
era una cruel broma,
como tu abandono.

Para el asombro de mi tacto,
el asombro de mi mente,
ojos y todos los sentidos,
estabas frente a mí,
esperando no sé qué,
pero tuve el regalo de tu sedosa piel
en mis manos,
fue para mí,
como la última cena del condenado,
luego de eso
solo vi la partida del alma,
la ceniza de la carne, los huesos.

Pero la caída fue interrumpida,
por la música de tu boca,
por tu mano en mi mano,
tus labios en mi boca,
los temblores de la carne,
sentidos confundidos,
que desnuda suena tu voz,
queda atrapada en mi cabeza.

Llegando la oscuridad,
te haces más fuerte,
tu presencia es inmensa,
roces,
pieles fundidas,
deseo,
tristeza
y lejanía,
tiempo, y mis lágrimas arden en mis ojos,
te ríes,
tiempo,
que forma más estúpida de medir nuestros fallos,
tiempo, que cruel,
medirnos linealmente en él,
pues es infinito,
y nosotros, bueno,
absurdamente finitos.

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