Descalzo,
frio en la noche que se eleva,
arrojado de tu regazo,
rodando sin ropa alguna
entre los lazos de la noche
sobre la tierra obscura.

Expulsado,
extraviado,
un corazón congelado,
tierra segunda piel,
manchada de rojas líneas,
luna que resalta los rasgos.

Gimiendo,
no más, no hay fuerza siquiera para gritar,
para llorar.
Reflejo de esa hermosa luna
en un detenido lago,
la brisa lo ha abandonado.
No más caricias para ambos.

En ti,
sumerjo estas manos,
limpias la tierra, la sangre,
más no la pena.
Pides más.
Acaricio tus frías aguas un momento,
y me devuelves una imagen.
Pides más.

Me siento junto a ti,
dejo caer mis piernas,
pides más,
dejo vagar en tus brazos mi cuerpo,
pides más,
me sumerjo en tu vientre, y allí dejo a mí ser descansar.
Ya no pides nada más.

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