18 nov. 2012


Correr,
tanto tiempo corriendo,
escapando,
ojos desorbitados,
roja sangre hirviendo
subiendo por nuestro cuello.

Mirando hacia atrás,
solo un instante,
convencerte que te has alejado,
mas el ruido de las cadenas aun es ensordecedor.
El frio en la espalda,
la sorpresa desagradable,
inevitable garra en el cuello.

Cuando el aire sostiene,
la tierra abandona tus pasos,
el cielo colisiona en tus ojos,
abriéndote,
la tierra lo absorbe.
Testigo del fuego que crece.

El cielo desciende,
el fuego se eleva,
y un aire que se vuelve enemigo,
las sombras en tu cabeza,
olvídate de las sombras que viven en tu cabeza.

Abre esa puerta,
que la obscuridad desaparezca,
deberías estar preparado,
pero nunca creíste que llegaría.
La historia era verdadera.
La oportunidad a escapado y ríe.

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