Paseo matinal,
 tímido sol,
no alcanza a calentar los cuerpos,
el frio del invierno es más fuerte hoy,
ocultando sus caras
caminan
en calles atestadas de viento y desperdicios.

Pequeñas dagas que se clavan en tu estomago
cuando ves en un destello
toda tu vida frente a tus ojos,
oh, dolor,
cuán lejos la niñez,
aunque aborreces ese tiempo,
sin embargo, añoras sus olores,
los sabores,
sus días al sol.

Tras los vidrios,
caras enrojecidas,
caras que entienden cual es su lugar,
caras que piden por favor,
caras que mueren, que agonizan,
todas ellas pueden ser una misma,
y cada instante, cada cambio,
cada mueca,
toda una vida.

Allí,
tras los manchados vidrios,
allí,
esperas, sentado,
ves pasar a los vivos,
sabes que ya has muerto,
sabes que tu lugar,
alguno de ellos lo ocupara.

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