Gracias,
calor,
la luz,
aquellos pensamientos obscuros,
ahora dormidos,
ahora esperando.

Un monstruo se levanta con tu luz,
la misma que nos ciega,
la misma que convierte en cenizas
aquellas pesadillas,
esos pensamientos.

De las cenizas renacerán,
con la recurrente noche,
el fin de cada día,
cuando tu no lo notas,
testigos somos
de la muerte y el renacimiento de los días.

Inútiles medidas de tiempo,
todo debe estar enmarcado,
mesura,
rigidez.
Descomposición de los cuerpos,
parido y vuelto a la misma cama,
la que nos vio nacer.
Un momento,
y entre la llegada y la dulce partida,
lo que nos pertenece,
lo que nadie robara,
lo que llamas vida.
Y entre remolinos omnívoros,
apareces tu.

Solo recorro autopistas,
me hipnotiza el secreto del nacimiento,
me congela el subir sin reglas del humo denso
que sale de tu mano,
el desorden de los vientos
la música que puedes captar en la noche,
y quizá solo son ruidos y ruidos,
deja de dormir,
dormirás la eternidad.

Aprendido, muy poco.
Lo esencial.
Me he llevado lo esencial,
y me conforta,
y agradezco.
Ven, eternidad.

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