El titulo no es importante


 

Mis sueños, por favor,

dejadlos aquí,

acurrucados entre mis frustraciones.

Todo aquello que se ha roto,

por favor,

dejadlo reposar en la tierra.


 

He de conocer mucho sobre fracasos,

sobre las cosas frágiles,

en eso he de creer

jamás creeré en las falsedades que se apilan en mi puerta.


 

Nada más, ni nada menos

que solo sueños,

ya despiertos o dormidos

nada más ni nada menos,

eso somos,

nuestros sueños.


 

Me preocupa el día,

el que me aleja de la vida,

adoro la obscuridad,

el manto que ofrece la noche sin estrellas,

la que nos lleva a su lecho

la que nos embriaga en excesos

y adormece los sentidos.


 

Afuera, aún quedan malignas sombras,

las mismas que asechan con el resplandor del día,

confabulan, ríen y se regodean con nuestro deceso,

asechan y asechan.

Más no importa,

mientras la noche

nos proteja en su manto.


 

Antes de partir,

las voces,

desde aquel negro espejo,

aconsejan dejar aquí los pensamientos extraños,

viajar con nuestra mente en blanco

y volver así al día que ya se abre paso.

Regresando solo nuestro cuerpo,

las malditas sombras,

jamás nos encontraran,

nos confundirán.

Y ansiosos,

y tranquilos,

esperamos la nueva noche.


 

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