12 oct. 2015

Aun

Dame tu voz,

dámela hoy solo para mí,
dame ese pensamiento
ese que tienes para mí,
se, ya lo sé,
para ti,
soy menos que el estiércol bajo tus pies,
menos que una luz en la más cerrada
de las obscuridades,
si algo existe para ti
que represente la eterna e infinita nada,
menos de eso he de ser.

Bajo los huesos de nuestros muertos,
más allá del fuego,
y mucho más allá,
puedo encontrarme,
me atraviesas con tu mirada,
cual fantasma
como el mismisimo aire.

Quizá tus golpes,
en mi ser eran caricias,
esos ojos que penetran,
destrozaban mi alma,
no había secretos para ti,
nada fue reciproco,
pues mi ojos no penetraban tu piel.

Aun cayendo,
de espaldas te encuentras
y tus brazos cruzados,
aun consumiéndome por un último roce,
arrancas tus brazos
y al infinito alimentas,
aun buscando esa mirada,
aun si fuera la mirada del último adiós,
tiras tus ojos a los animales famélicos.

Más despreciable que cualquier otro,
ese he de ser yo, para ti,
siempre y mas allá,
arrojado al lado del camino,
veo varios restos,
no ser el único, no me reconforta,
no tienes alma,
no tienes otra cosa
que una gran roca en lugar de un corazón.

E.I.

1 comentario:

Florencia Bonino dijo...

Muy bonito y desgarrador. Un placer haber encontrado tu blog.

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