De qué sirven los amaneceres para aquel, cuyo deseo es permanecer en las sombras. Aquellas que lo cobijan y jamás dejaran que los demás noten su presencia en los dominios de esta estúpida vida, la cual se le ha otorgado.
De qué sirve el sol, para el de alma obscura, pensamientos negros, corazón quebrado.
Para que iluminar al que odia la luz, solo para castigarlo.
Entre sombras ha de quedar. Mas la molesta la parte de este día que lo ha sacado de su encierro de obscuridad, el despertar, otra vez.

"Oh  si pudiera dormir por siempre".

Palabras, inútiles, ha oídos de nadie llegan, ni siquiera a los propios, el ha dejado de oírse hace mucho tiempo.
Dejando atrás aquel sueño, ese océano de solo sombras y escondrijos para llorar.
Dejando todo atrás, aparece en medio de este aire viciado, de caras borrosas y estúpidos ideales.
Caminar, correr, da lo mismo, la persecución siempre es tarea perdida, imposible ocultarse de estos seres, los cuales forman un entorno. Ese que aborrece.

"Quizá, el sonido, algún día, algún día."

Esas palabras, repican en su cabeza una y otra vez, cada día de su vida. Cada amanecer aborrecido.
Empujando las horas, aparece lo que cree es su mejor compañera, la amada noche, sus sombras, su ser, oculto en ella.
Ya las miradas no molestaran, porque ella está cuidando de él.

Es ahora, cuando en parte, es protagonista de su vida.
Mientras dura el día, solo es un espectador, un tercero. Nadie.
No se siente especial, no se siente vivo, no se siente parte del mundo, de este en el que ha de caminar.
Quizás llore un poco, por su cobardía. Quizá no. Tal vez solo se oculte y se siente a pensar, a divagar, a ver como seria si deseara estar aquí.

Todos sus mundos, terminan igual. Sin él.
Claro que en sueños, somos héroes, valientes, no existe el miedo. No. No para él.

"Quizá el sonido, una noche, una noche, tal vez...esta noche".

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