Del renacimiento,
solo quedan verdades muertas,
solo cenizas,
a merced de un incesante viento.

El ave,
no renacerá,
ya no existe deseo,
aquel que la llevaba
a surcar los cielos una y otra vez.

Destruida una y mil veces,
la repetición es un infierno,
deja todo a la suerte del viento
y duerme esparcida sobre las cabezas de aquellos
que le han dado su última muerte.

Cuando ambos sueños se hermanen,
será eterno,
caminen aun, mientras puedan,
el ave que recordaba la vida,
es ahora la que muerte llevara.

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