Caminos (III)

El pequeño infierno que te toca,

quizá
sea el que deseaste
sin quererlo
en alguno de tus sueños.

Es una piedra al rojo vivo,
una tras otra
en tu pecho,
no habrá descanso
hasta que las piedras
atraviesen tu cuerpo.

El sufrimiento se hará carne,
luego de la muerte del dolor
será solo vagar
insensible
por un mundo insensible.

Dolor constante
dolor que apaga los gritos
gritos en tu pecho
en tu alma,
el peso del mundo
lo sientes sobre tus hombros,
en la tierra te hundes.

El demonio ríe
a cada piedrazo asestado,
llevas un hueco en tu pecho
ya no,
un corazón.

Vagas,
y no encuentras razones,
te hundes a cada paso,
quieto te quedas
y tus raíces te atan a las rojas rocas
allí permaneces,
con tanto dolor,
y tanto vacío,
que ya no existes.

E.I.

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