Efímero es el deseo,
no el tiempo,
el es eterno,
son nuestros cuerpo los débiles.

Escupidos en la tierra,
sin ninguna intención de salvarnos,
hormigas en una granja,
mientras un malévolo niño nos quema con su lupa.

La misma luz,
que sigue nuestros pasos,
esperando un desliz en nuestro pensamiento
para acabarnos por siempre.
En eterno fuego,
la piel se derrite.

Vulnerables a la soledad,
al tiempo,
a los sentimientos.
Nada,
somos nada.

Insectos. Menos.
Nada.
Temerosos a nuestra sombra,
buscamos en brujos y alquimistas
el perdón y el fin de los miedos.

Inútiles a la tierra,
no nos necesita,
solo estorbos,

ven niño,
acaba todo esto de una vez.

E.I.
poesiasoscuras.blogspot.com.ar

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