Puertas,
demasiadas,
abrumadoras visiones detrás,
en cada una de ellas.

Rasguños, gritos,
ahogados aullidos,
todo se desvanece en la espesa obscuridad,
brilla el sol sin embargo,
la obscuridad es la de esa infectada alma.

Latidos, golpes a tu espalda,
veloz,
las estelas de sus movimientos aun permanecen,
tocas y se desvanece.

Está jugando, se divierte,
el más cruel de los verdugos,
ríe y se divierte cual niño
en un carnaval. diabólico carnaval.

Sediento de tu sangre,
roza tu piel, lame sus dedos luego,
huele tu cabello, gime después.
Sutil y bello corte en tu muslo,
lamiendo eróticamente el filo de su daga.

Al final un grito que quiebra cualquier alma,
es tu sangre,
avanzando por su garganta,
llenando su cuerpo, completándolo.

Suspiro,
sientes como su daga corta el viciado aire del lugar,
una última vez, mirar hacia el bosque,
su daga, su destino,
tu sangre su premio.

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