Invisible
Ni siquiera el
barro bajo tus pies,
el estiércol esparcido
en el camino,
nada, menos que
nada.
La obscuridad en
tu camino,
esa infinita
nada, eterna soledad,
ni siquiera el
mal recuerdo,
la jaqueca al
amanecer.
Bajo los huesos
de los muertos
un poco más
abajo,
y más allá del
fuego,
quizá allí me
encuentre.
Invisible como
la brisa,
atravesado por
tu cuerpo,
el que no existe
soy,
tu mirada no se
detiene ante mí,
me elude, me
atraviesa.
Quizá,
una caricia,
es ahora ser
ignorado,
esos ojos,
azotaban mi
alma,
la devoraban,
la aplastaban,
y no había secretos,
absorbías todo
de mí.
Caigo entre las
rocas,
y es aún
demasiado suave para mí,
en la caída espero
tu mano,
en vano,
es adiós entonces,
un hasta nunca
escondido,
tus ojos,
no están tristes,
no están.
Caigo en
pedazos,
apenas puedo
verte en la cima,
vacío y
quebrado,
el cansado mar
me aleja,
y tus ojos,
ven mi alma
desaparecer.
E.I.
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