Cuento sin tiempo

Cuento sin tiempo
Podría decirse, que todo ocurre en un plano, atemporal, porque la verdad, mi único recuerdo verdadero, es el tremendo calor que azotaba, también podría decir (y aquí algunas risas asomaran), que ocurrió algo en un plano metafísico.

Reconocida calle de un viejo pueblo, o ciudad, no interesa eso, solo la calle, húmeda, sucia, con los primeros vapores de la humedad, que se hace insoportable.
Caminaba yo, sin mirar nada, solo el horizonte, que no prometía nada nuevo, los mismos árboles, los mismos colores, que aburrimiento para la vista aun así, era mi camino, cansado o no, debía recorrerlo y lo hacía.
Me destino, bueno, no era, uno que me haga saltar en una pata y desnudo por allí, más bien, es un lugar, que quiebra mis rodillas y destroza mi cara, mientras debo arrastrarme con mis manos hasta la gran puerta principal.
Agotador el lugar, agotadora tarde.
Este lugar, y todos por aquí, son un manojo de depresiones y tristezas. Arribo a destino y ya una vez adentro, un vaso de agua, y esa pastillita, perfectamente redonda, suave por donde se pase el dedo, esa cosita, que sonríe por mí. Y lo mejor de este día (y todos los pasados y los que aún no existen), una cama esperando, fresca, por mí.
Dormir, dormir y dormir. Placer.

Días pasan, días que parecen años, y contradicción, a veces solo son respiraciones. Es obvio que cuando pasan a esa velocidad, es porque aún me queda algo de sonrisa en el bolsillo.

Hundido en libros o papeles escritos que he recuperado de alguna caja, y la música, que pinta otros colores, así, me muevo, de una arista a otra, buscando en cada una de ellas, la cara que debo usar en cada nuevo momento (Malditos! momentos, Dios!)
No me molesta soñar despierto, lo que molesta, es el estar despierto y que todo se transforme en una continuación (al menos sé que es finita) de días, horas, inútiles y castradoras formas de medir nuestro tiempo (chiquilín mal educado el tiempo), deberíamos destruir cada reloj, cada almanaque, no contamos más que los días que restan, no los que están por venir, “los-que-restan”, siempre menos.
He aprendido a sumergirme en lagos verdes, negros, azules, que carajos importa el color.
He aprendido, a golpes, pero la sabiduría llego, tarde, pero aquí esta.

[Mi sombra se enciende entre tanto calor, y creo que perdí varios días]

Pasado el tiempo en que me he desconectado del planeta, algo cambio, algo se movió. Hay algo, no sé qué, pero hay algo.
Vivo, si, lo estoy, clavo un alfiler y duele, prueba superada. Hay dolor, hay vida (ufff).
Me voy de aquí, a buscar el cemento que ha de extrañar mis pisadas.
Y allí…descubro lo que difiere, lo que cambia.
Estabas ahí, mirando, no sé quién eres, no sabe quién soy. Solo transpiramos por este estúpido calor, esta humedad. ¿O es que el frio ha llegado ya?
Ni siquiera un “hola”, mi mundo no está basado en saludos cuando me dirijo al pobre horizonte que no conoce de colores.

Antes de que me olvide, los almanaques, por favor, hagamos una gran fogata con ellos, basta de buscar formas, elegantes algunas (relojes de oro!), para medir nuestros pasos hacia el jardín de gente. Jardín que no nunca florece, jardín que bebe lagrimas que se borran en incansables lluvias de verano. Y en los crudos fríos, se seca, tanto que el amarillo cubre todo el lugar, el frio seca tu lagrima y se congela en tu mejilla, a veces, no es el frio, es tu frialdad, tu ser, es frio, tu corazón roca.

Otro día, otra sucesión. Y allí, a metros, el cruce se produce, y se escapa un “hola”, respondido amablemente. Todo.
Sumergido en todo lo que ya te dije, sigo.
Todo queda allí, en ese momento-espacio.
Pasos, y repica la pregunta, “¿estaré volviéndome un poco (mas) loco?”, ¡NO!, me respondo inmediatamente, no existe tal cosa como los “amigos invisibles”, solo la soledad perpetua.

[Tiempo…]

Otra vez, saliendo de aquel lugar, emprendo la vuelta, noto que vuelvo bebiendo algo, cosa que jamás había hecho, y que llevo una ropa que me deja un poco helado, no son mis gamas de negros y grises normales. Hay color.

Aun así, alimentándome de poesía negra y música en tonos menores, emprendo mi regreso.
Esquina, vuelta de página, silencio, y vos. Si vos.
Conversación obligada, el momento lo pide, contrariamente a lo que me pensaba, fue una conversación amena, entre dos extraños aun, pero con demasiado en común, conexión inmediata puede decirse, o nos conocemos de otra vida.
El cemento no esta tan húmedo, y el horizonte se tiñe un tanto naranja.
Cambió algo no hay dudas. (música “...soul love don’t be shy…”)
Las dudas se reproducen cual conejos en mi cabeza.

Tantas preguntas inútiles, tantas respuestas sin valor. Acá lo mejor es dejar todo y salir a buscar, como perro famélico. A buscar, a buscarte a vos.
Por dónde empezar, a ver…, y bueno, volvamos al itinerario rutinario, con suerte, a la vuelta de alguna esquina, estas. Nadie puede saberlo.
Y nada.
A esperar al siguiente día.
Noche, y vos en los sueños. Amanece y lo primero que aparece en mi cabeza es la imagen, y la búsqueda de esa imagen… ¿es una obligación?, ¿será que la soledad se terminó para mí?
Calle, caminata y ojos moviéndose de un lado a otro.
Nada.

Regreso, y llegando al final de trayecto, cuando ya mis esperanzas eran parte de la tierra… ¡vos!
Y una conversación casi sin palabras, un “tanto tiempo” (aunque fueron un par de unidades malditas que denotan el paso del tiempo), un montón de frases gastadas, y esos momentos en los que las palabras no aparecen, y la incomodidad es insoportable.
Un beso de despedida y mi brazo, no sé porque, anuda tu cintura, acercando un poco más tu cuerpo al mío, un beso de despedida, y que pasara luego, no sé, y nadie lo sabe.

Pasan momentos (días, meses, no se), se suceden los cruces, las charlas, cada vez más amenas, un café quizá, un trago, un rato sentados por allí, y charlas, buenas charlas.

Pasan más momentos, y todo comienza a ajarse, vuelven los colores grises, los momentos de soledad completa, y vos, no apareces, y mis cuadernos pierden el color, sus impolutas hojas blancas, son amarillas ya.
Algo cambio, sí, antes no sentía nada, ahora me falta algo, siento que falta algo, y sé que busco aunque no lo asuma.
Busco.
Miro en todas las esquinas, en todos lados.
El círculo que comenzamos a trazar no se ha completado, y tú desapareciste, ha pasado eso que alguna vez temí, y escribí.
Vivo en la obscuridad, solo (no me importa), pero me asome a la maldita luz, me expuse, me mostré débil, y clavaron un cuchillo en mi cabeza.
Ahora no solo camino por ahí, en cementos húmedos, calles sin colores, sin otro placer que el dormir, y esa cosita redonda que me borra, no, ahora se suma que, quiera o no, busco, te busco, ya que rompiste algo en mí.
Filosóficamente o como sea, el corazón (solo un musculo), y nublaste mis pensamientos, ya no pienso bien, no escribo sin bloquearme.

[Tiempo, no se cuánto, no me preguntes]

¡Cruce!
Y lo peor, cuando esperaba un abrazo, un…”me fui por allí”, “el tiempo me ha ocultado”, que se yo, algo así.
Solo obtuve, un “hola”, seguido de un “chau”.
No hubo beso de despedida, ni un lazo en tu cintura, solo un corte seco y al pecho.

Ahora solo camino, ya no levanto mi mirada, ya no me asomo, estoy débil, estoy enojado (triste). La humanidad es así, lamen tus heridas, y luego arrancan tu mano de un mordiscón, cuando huelen que todas tus defensas están bajas y eres un completo estúpido.
Me guardo en mis libros, me hundo en la música, y duermo, duermo, y…

[Aquí el trazo es otro y el color del lápiz es otro]

Soy un tercero, vi esto, lo leí y lo note incompleto, creo que falto el final o cierre, y es el que me tocó arreglar o completar.
Él duerme, duerme y duerme, pero ya no es su cama, sino en su último traje, su última vestimenta, es de color marrón y acolchada, y está allí, a varios metros bajo tierra.
Y aquí al lado de esto, guardo su lápiz, sus hojas, y esa daga que estaba en la vitrina (rota), ahora pintada de rojo, decorada de espeso rojo.
Te doy mi final, dejo por ti una lágrima en estas hojas, porque estuvimos tanto tiempo juntos.
Te saludo, y espero jamás, encontrar a quien te ha quebrado tanto, tanto.
Aquí lo guardo. Junto a ti. Guardo tu final, te guardo a ti.

E.I.

poesiasoscuras.blogspot.com.ar


Comentarios