La imagen que recorre mi espalda, que se divide hacia mis piernas, erizada la piel, los nervios quiebran, los ojos se hunden y los parpados los cubren, con fuerza aprietas tu mandíbula, crujen los dientes por tanta presión, duelen las sienes, transpiras como nunca antes lo habías hecho, frio, calor.
Tembloroso movimiento de manos, elevándose hacia la cabeza, elevándose hacia el cielo, en el camino, se cruzan con tus lágrimas y las llevan hacia donde ellas vayan.
La fuerza decide abandonarte y dejarte caer, tus piernas se quiebran a la altura de tus rodillas, y allí está el gris y rugoso cemento, esperando por el golpe, esperando por detener tu caída, lastimándote, es el precio.
Caes.
Tus rodillas se destrozan en el cemento, rebotas y tu cuerpo cae completo sobre él, un abrazo apasionado, un beso al frio cemento, tus huesos rotos algunos, cortado desde la frente hasta la punta de los pies.
Allí, tirado, quebrado, desangrándote, y asoma un tímido sol, nadie te ve, nadie te busca.
Cruzan por tu espalda, no te ven, nunca nadie te ha visto.
Preguntas, repicando locamente en tu cabeza, ayudando a que la cordura comience a abandonarte también.

¿Es que todo fue por una simple imagen?, imagen en tu mente, imagen fantasmal, te toco, te destrozo y se ocultó por allí, en algún lugar obscuro de tu mente, para volver, cuando sea necesario, a terminar definitivamente contigo.

Tu cabeza pesa más que tu cuerpo, ya no puedes levantarte de aquí, tus dedos quebrados de nada sirven, tus rotas rodillas solo pueden reposar, y tu boca, solo podrá besar el cemento y beber tu propia sangre.
Sangre que te sabe mal.
El sol comienza a quemar, y no hay nubes que cubran sus rayos, lacerantes rayos. Todo comienza a hervir, la sangre recorriendo el piso parece jugar a los saltos, el dolor, es gigantesco, inmenso, colosal, tanto…que ya ha desaparecido, hasta el dolor te ha abandonado pobre infeliz, tirado allí, hirviéndose, y nadie te ve, nadie ayuda.

Toma tu castigo, y aprécialo, ahora recuerdas que vivías, el dolor te ha despertado de tu letargo, tarde, y más tarde aun para poder trasladar el conocimiento, que como siempre, llega retrasado a todas partes.
Nunca te vieron, nunca fuiste, la promesa del mañana no fue para ti, y tú, jamás serás extrañado, pues nunca fuiste, nunca despertaste, y quien no llega, no puede ser recordado.

E.I.

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